Breve historia del capitalismo


Les permitimos
que privatizaran el sol.

No nos importó demasiado
que lo hicieran con el llanto
o la melancolía,
la morriña
o la tristeza de los domingos.

Un día, sin darnos cuenta, nos
privatizaron la sonrisa,
la risa
y la carcajada.

Y las caricias a deshoras.

Y los fugaces besos furtivos,
esos que no sabes si son besos
o un avance de lo que vendrá.

Después nos privatizaron el amor.

Y nos convirtieron en suicidas.

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