Martes de letras: "Las Meninas" de Santiago García Fernandez y Javier Olivares Conde

Martes de letras: “Las meninas” de Santiago García Fernández y Javier Olivares Conde


No es ninguna novedad decir que la novela gráfica vive un gran momento, por no caer en el tópico “está en su apogeo”. Y lo que es indudable es que España aporta valores realmente notables a ese momento y para muestra, la obra de la que nos ocupamos.

Tanto el título como la portada dejan pocas dudas sobre el tema del que va a tratar la obra: una semblanza vital de Diego Velázquez y las ondas que ha producido en el estanque de los siglos, la piedra que lanzó al pintar “Las Meninas”. Digo semblanza vital porque la novela no es una biografía lineal al uso en la que se narra el nacimiento, vida y muerte del gran pintor, sino que con la excusa de otorgarle el rango de nobleza que supone la orden de Santiago, distintos personajes recuerdan distintos episodios de la vida del autor de “La rendición de Breda”.

Al mismo tiempo, todo el relato se ve atravesado de forma transversal por la obsesión del pintor con los espejos, que se ve culminada en el cuadro que da título a la novela, y como esa obsesión se ve replicada, como en el mismo azogue que cautiva a Velázquez, en grandes hitos de la pintura, la literatura y el pensamiento, como son Foucault, Buero Vallejo, Picasso, Goya o Dalí.

La estructura de la obra es una compleja digresión entre diversos momentos temporales de la biografía del artista y de su influencia en autores posteriores, pero que en ningún momento permite que el lector se pierda, más al contrario, le guía de tal forma que puede entender la historia por completo.

El estilo del dibujo es claramente pictórico, trazos que parecen brochazos, edificios delineados con escuadra y cartabón y un color negro que resalta sobre los monócromos fondos cuyo color designan una época de la vida del pintor sevillano. Si algo se puede achacar al dibujo es que hay momentos en que cuesta reconocer a los personajes, cosa que se resuelve, como ocurre tantas veces, con el diálogo.

En conclusión, “Las meninas” es una de esas obras que obliga al lector a trabajar, que reta su inteligencia y que le descubre el entorno de un pintor que ha dejado honda huella en la Cultura.

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