Archivo de la categoría: aquella vez que fuimos nunca

Venas de las ciudades


Harakiris en ciernes
sobre días que empiezan
en el mismo punto
de las intermitencias
del espacio
del tiempo
de los ejes cartesianos.

Las mañanas se quedan cortas
para esperar
la arrebatada sinceridad de las alcantarillas.

Las tardes dibujan arabescos
apostando
contra el escarnio de los caminos.

Venas de la ciudad.

Mi reflejo en ventanas opacas
desdiciendo
las maldiciones de los humos
fugitivos.

Me cansan las sillas
y ser el errante
de los desfiladeros.

La cualidad opaca
de sentirme en el banquillo
de los acusados
calienta mis pies
frente a las inclemencias
de éste viaje.

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Tormento


Este tormento
de días deshilados
y recuerdos de verano,
ropajes con los que cubrir
las vergüenzas
propias y ajenas
del hombre del saco.

Mientras él dice
que tiene ganas de diciembre
me consuelo con interiores
de invernadero.

Criterios


Enquistados bajo la piel
como una mala costumbre
reciclo tus gestos
en un centro de formación
de atonía.

Será imposible burlar
la fiebre de los colores,
queda cierta esperanza
para las bombas atómicas
con las que amenazar
el desamparo.

El acento de tu voz.

El tercio menguante
de los relojes que nos contemplan.

La estabilidad
sobre la que derruir
las costumbres.

Patrones para cortar
las almas
de los que desaprendimos
a ser incómodos.

Partes meteorológicos


Sinceramente
ya que las palabras huyen
fugitivas
presurosas
entre el verbo y el adjetivo,
rindo cuentas a las nubes,
al viento pasajero
que una vez besó mis labios
y mesó cabellos ajenos
eso es, mesó cabellos ajenos,
a la lluvia traicionera
que una vez
y dos, y tres…
he dicho, una vez
quiso venderme al peor postor.

Los anticiclones
que alargaron los estios
ahora huyen
a dos voces
te esquivan

Dorados rayos de sol
que aquella vez
me devolvieron lo que había
perdido.

Reten éstas palabras en tu memoria
recuérdalas
apúntalas
rezalas cada noche
alguna vez podrás
necesitarlas.

Sibilina demo(nio)cracia


Todos los fríos de los días de cuchillos
y las cucarachas con corbata y toga
que pierden el tiempo
en la vivisección de desayunos
que se prolongan hasta la hora de la cena.

Lo único que nos hace iguales
es la parca,
terminamos por creernos que
la democracia es para los ilusos
la democracia es para los que la fe
pasa por los cuentos de hadas
la democracia es para los que puedan
pagarla como a un amor eterno
de esos de anuncios por palabras.

Nos jactamos de ser invulnerables.
y por las noches volvemos a ser los niños
con las rodillas de arañazos
y aventuras,
tapándonos la cabeza
para que no nos vean nuestros miedos.

Se nos amontonan las consignas en la boca,
los símbolos en las fotografías.

Impertinente, la realidad
se sirve otro copazo de ginebra.
Habla de tiempos pasados
que no fueron mejores
que no fueron peores
pero que se acodaban
en la barandilla de la ignorancia.

Deseo y hielo


Placer de nausea ajena,
me he acostumbrado
a masticar tornillos,
a impostar una religión,
un delirio,
una fábula
con la que vengarme
de la fingida repugnancia
de un deseo que te da la vuelta.

deseo y hielo poema

Me he convertido en fanático
de desnudar la carne
para vestir santos
y protegerlos del hielo
de un vacío.

Con la maldita costumbre
de hacer malabares
con cristales rotos,
marcapasos,
granadas de mano.

Canibal taciturno


Sala de espera. Ocho de la mañana.
La privada opulencia de los desamparados
convierte tu lecho
en el placer de un faquir.

Honradez es lo único que te pidió
mirándote a los ojos.

Verbigracia de su sortilegio
aprendiste a hacerte más pequeño
más ajeno
más delirante
hasta que olvidaste reconocerte
en el filo de los espejos.

Honradez fue lo único
sobre lo que construiste tus adioses.

La noche te desveló en la cama vacía, recuperando tus antiguas manías de perderte en salas de espera.

La noche te desveló en la cama vacía,
recuperando tus antiguas manías
de perderte en salas de espera.

https://antoniofse.tumblr.com/post/158658672180/canibal-taciturno-un-poema-en-el

 

Inquietudes


[…] diez años antes de este ahora sin edad,
aun vive el monstruo, aún no hay paz.
Donde solíamos gritar, Love of lesbian

Donde nos acostumbramos a ganar
porque no encontramos fecha
de adolescencia a esta caducidad,
los libros iniciáticos
se confunden con revistas
de moral distraída.

Los lazos que nos unieron.

Las palabras con las que inventamos conjuros.

poemaEsos juegos de manos
con los que cosimos
el roto de tu camisa.

El monstruo de la cama
paso a compartir nuestro lecho,
le hicimos un hueco en las horas
en las que nos sentimos
abandonados por el olvido
(ya sabemos lo que pasa
en tiempo de guerra…)

Acto de contr(a|d)icción


Con estas decepciones
construiré los eslabones
de la cadena.

Y será fuerte y robusta.

Perdón y olvido para la bilis
y los desplantes propios y ajenos,
aliño de malas caras
en espejos opacos
donde distorsionar
la falta de vitamina B12.

Con tu doble vara mide mi sonrisa mide mi mueca de asco

Con tu doble vara
mide mi sonrisa
mide mi mueca de asco
valora mi nausea
en la justa medida
en que te sientas capaz
de aceptar la inmadurez
como una forma de conveniencia.

Esperar puede ser fuente de infaustos contratiempos

Esperar puede ser fuente
de infaustos contratiempos
contra los que los muros
se partan el alma
y yo me desolle los puños.

Con estas decepciones
que el mundo desvela
en la balanza vencen
a los gestos vanos
y los labios cortados,
los abrazos que se olvidan.

Una cadena que me atará
a tu infortunio.

Piedra, papel, tijera


Con férreas reglas estipuladas
por años de inocencia impostada,
la piedra gana a la tijera
en una lucha de dos contra sí mismo,
de uno contra el rival.

La tijera gana al papel
y a su cohorte de tiranías
en las que nos reflejamos.

El papel gana a la piedra
en la defensa inútil
de despertarse siempre solo.