Archivo de la categoría: aquella vez que fuimos nunca

Canibal taciturno


Sala de espera. Ocho de la mañana.
La privada opulencia de los desamparados
convierte tu lecho
en el placer de un faquir.

Honradez es lo único que te pidió
mirándote a los ojos.

Verbigracia de su sortilegio
aprendiste a hacerte más pequeño
más ajeno
más delirante
hasta que olvidaste reconocerte
en el filo de los espejos.

Honradez fue lo único
sobre lo que construiste tus adioses.

La noche te desveló en la cama vacía, recuperando tus antiguas manías de perderte en salas de espera.

La noche te desveló en la cama vacía,
recuperando tus antiguas manías
de perderte en salas de espera.

https://antoniofse.tumblr.com/post/158658672180/canibal-taciturno-un-poema-en-el

 

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Inquietudes


[…] diez años antes de este ahora sin edad,
aun vive el monstruo, aún no hay paz.
Donde solíamos gritar, Love of lesbian

Donde nos acostumbramos a ganar
porque no encontramos fecha
de adolescencia a esta caducidad,
los libros iniciáticos
se confunden con revistas
de moral distraída.

Los lazos que nos unieron.

Las palabras con las que inventamos conjuros.

poemaEsos juegos de manos
con los que cosimos
el roto de tu camisa.

El monstruo de la cama
paso a compartir nuestro lecho,
le hicimos un hueco en las horas
en las que nos sentimos
abandonados por el olvido
(ya sabemos lo que pasa
en tiempo de guerra…)

Acto de contr(a|d)icción


Con estas decepciones
construiré los eslabones
de la cadena.

Y será fuerte y robusta.

Perdón y olvido para la bilis
y los desplantes propios y ajenos,
aliño de malas caras
en espejos opacos
donde distorsionar
la falta de vitamina B12.

Con tu doble vara mide mi sonrisa mide mi mueca de asco

Con tu doble vara
mide mi sonrisa
mide mi mueca de asco
valora mi nausea
en la justa medida
en que te sientas capaz
de aceptar la inmadurez
como una forma de conveniencia.

Esperar puede ser fuente de infaustos contratiempos

Esperar puede ser fuente
de infaustos contratiempos
contra los que los muros
se partan el alma
y yo me desolle los puños.

Con estas decepciones
que el mundo desvela
en la balanza vencen
a los gestos vanos
y los labios cortados,
los abrazos que se olvidan.

Una cadena que me atará
a tu infortunio.

Piedra, papel, tijera


Con férreas reglas estipuladas
por años de inocencia impostada,
la piedra gana a la tijera
en una lucha de dos contra sí mismo,
de uno contra el rival.

La tijera gana al papel
y a su cohorte de tiranías
en las que nos reflejamos.

El papel gana a la piedra
en la defensa inútil
de despertarse siempre solo.

Ícaro


¿Dónde aprendiste a volar?
Con el alma salpicando tu camiseta
y los días apartándose a tu paso.

Habrás tardado una semana,
tal vez cierta dosis de eternidad
¿Cómo aprendiste a volar?

Dile a cualquiera
cuánto duele aterrizar,
muestra a cualquiera
las cicatrices de las espuelas,
hazte el fuerte donde las entrañas
te hacen ser débil,
finge la sonrisa
y con gesto de actor
dile a cualquiera
cómo se podría evitar el silencio
que suda en las paredes
y en los cronómetros arbitrarios.

¿Cómo aprendiste a volar?
Con la curiosidad genocida
de gatos sigilosos.

Podrás mostrarte indefenso
o fingir todo lo contrario
¿Dónde aprendiste a volar?

Reproches de domingo


Voy a ser capaz de reseguir con el dedo
las sombras del pasado que trascienden el tiempo.

Kafka en la orilla, Haruki Murakami

Con un sadismo ajeno,
despellejo los errores propios,
los desbasto,
enterrándolos en el sempiterno rincón
en el que fermenta
el desorden mental,
la paranoia,
la codicia.

Si se abre el plano,
los días de septiembre
van desgranando
un tumor
de bombas de mano,
besos fríos,
calmos reproches.

Otra perspectiva para la abulia
innata de los domingos
más alejados del cielo,
cierto desapego a la indiferencia
con la que una vez me batí el cobre.

Las sombras
trocan en obsesiones reiteradas,
dibujando un alma
sobre la pared del descrédito.

La mala fortuna,
simiente de los errores propios,
de los ajenos,
teje con paciencia
el sudario de los desengaños.

Estados cardinales


Viviendo del orgullo
que no te alimenta,
restallando la lengua
contra el cielo del paladar,
con la cantidad de brújulas
con las que perderse
te guías precisamente
por la que piensa que el norte
no es más que un estado emocional.

estados cardinales cita 1

Embriagado de espejismos,
barruntas calles entre brumas
al tacto de las manos enguantadas.

Escudado en una esquina
me esperas mirándome como
al hombre desesperado
que espera desentrañar
la respuesta en los filos
que no en la venganza
(no hiere quien quiere
sino quien pide permiso)

estados cardinales cita 2

Enredados en la neutralidad
de los sinónimos
deambulamos por las alturas.

 

Balón prisionero


La tarde se va cosiendo de cristales rotos
esperando su oportunidad
agazapada en trampas vestidas de tergal.

La tarde te acaricia la cabeza con ansias de sol y de salitre

La tarde te acaricia la cabeza
con ansias de sol y de salitre
antes de que el repudio
te arañe con orfandad de hojas secas.

Imagina una infancia
de patio de colegio
y rodillas arañadas.

Imagina una infancia medida con onzas de chocolate

Imagina una infancia
medida
con onzas de chocolate.

Imagina una infancia
de chicles de fresa ácida
y sesiones vespertinas ante una tele en blanco y negro.

Esa misma tarde,
madre y prostituta
de las libertades mezquinas,
vestida de patios de colegio.

Prolegómenos


Para poder empezar,
para caldear el ambiente,
podríamos considerar la posibilidad
(que no la certeza)
de diversas teorías sobre lo terrenal
y lo deshumano,
diseccionando los mensajes ocultos
en los gemidos ortofónicos
de las películas porno

figurarnos la canalización de la batalla entre el espacio y el tiempo

para desbrozar las fugaces
intimidades anónimas
entre dos desconocidos
y figurarnos la banalización
de la batalla entre el espacio
y el tiempo,
de manera que podamos concluir

no podemos dejar de darnos la razón como el más incierto de los presentes

que no podemos dejar
de darnos la razón
como el más incierto de los presentes.