Archivo de la categoría: aquella vez que fuimos nunca

Partes meteorológicos


Sinceramente
ya que las palabras huyen
fugitivas
presurosas
entre el verbo y el adjetivo,
rindo cuentas a las nubes,
al viento pasajero
que una vez besó mis labios
y mesó cabellos ajenos
eso es, mesó cabellos ajenos,
a la lluvia traicionera
que una vez
y dos, y tres…
he dicho, una vez
quiso venderme al peor postor.

Los anticiclones
que alargaron los estios
ahora huyen
a dos voces
te esquivan

Dorados rayos de sol
que aquella vez
me devolvieron lo que había
perdido.

Reten éstas palabras en tu memoria
recuérdalas
apúntalas
rezalas cada noche
alguna vez podrás
necesitarlas.

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Sibilina demo(nio)cracia


Todos los fríos de los días de cuchillos
y las cucarachas con corbata y toga
que pierden el tiempo
en la vivisección de desayunos
que se prolongan hasta la hora de la cena.

Lo único que nos hace iguales
es la parca,
terminamos por creernos que
la democracia es para los ilusos
la democracia es para los que la fe
pasa por los cuentos de hadas
la democracia es para los que puedan
pagarla como a un amor eterno
de esos de anuncios por palabras.

Nos jactamos de ser invulnerables.
y por las noches volvemos a ser los niños
con las rodillas de arañazos
y aventuras,
tapándonos la cabeza
para que no nos vean nuestros miedos.

Se nos amontonan las consignas en la boca,
los símbolos en las fotografías.

Impertinente, la realidad
se sirve otro copazo de ginebra.
Habla de tiempos pasados
que no fueron mejores
que no fueron peores
pero que se acodaban
en la barandilla de la ignorancia.

Deseo y hielo


Placer de nausea ajena,
me he acostumbrado
a masticar tornillos,
a impostar una religión,
un delirio,
una fábula
con la que vengarme
de la fingida repugnancia
de un deseo que te da la vuelta.

deseo y hielo poema

Me he convertido en fanático
de desnudar la carne
para vestir santos
y protegerlos del hielo
de un vacío.

Con la maldita costumbre
de hacer malabares
con cristales rotos,
marcapasos,
granadas de mano.

Canibal taciturno


Sala de espera. Ocho de la mañana.
La privada opulencia de los desamparados
convierte tu lecho
en el placer de un faquir.

Honradez es lo único que te pidió
mirándote a los ojos.

Verbigracia de su sortilegio
aprendiste a hacerte más pequeño
más ajeno
más delirante
hasta que olvidaste reconocerte
en el filo de los espejos.

Honradez fue lo único
sobre lo que construiste tus adioses.

La noche te desveló en la cama vacía, recuperando tus antiguas manías de perderte en salas de espera.

La noche te desveló en la cama vacía,
recuperando tus antiguas manías
de perderte en salas de espera.

https://antoniofse.tumblr.com/post/158658672180/canibal-taciturno-un-poema-en-el

 

Inquietudes


[…] diez años antes de este ahora sin edad,
aun vive el monstruo, aún no hay paz.
Donde solíamos gritar, Love of lesbian

Donde nos acostumbramos a ganar
porque no encontramos fecha
de adolescencia a esta caducidad,
los libros iniciáticos
se confunden con revistas
de moral distraída.

Los lazos que nos unieron.

Las palabras con las que inventamos conjuros.

poemaEsos juegos de manos
con los que cosimos
el roto de tu camisa.

El monstruo de la cama
paso a compartir nuestro lecho,
le hicimos un hueco en las horas
en las que nos sentimos
abandonados por el olvido
(ya sabemos lo que pasa
en tiempo de guerra…)

Acto de contr(a|d)icción


Con estas decepciones
construiré los eslabones
de la cadena.

Y será fuerte y robusta.

Perdón y olvido para la bilis
y los desplantes propios y ajenos,
aliño de malas caras
en espejos opacos
donde distorsionar
la falta de vitamina B12.

Con tu doble vara mide mi sonrisa mide mi mueca de asco

Con tu doble vara
mide mi sonrisa
mide mi mueca de asco
valora mi nausea
en la justa medida
en que te sientas capaz
de aceptar la inmadurez
como una forma de conveniencia.

Esperar puede ser fuente de infaustos contratiempos

Esperar puede ser fuente
de infaustos contratiempos
contra los que los muros
se partan el alma
y yo me desolle los puños.

Con estas decepciones
que el mundo desvela
en la balanza vencen
a los gestos vanos
y los labios cortados,
los abrazos que se olvidan.

Una cadena que me atará
a tu infortunio.

Piedra, papel, tijera


Con férreas reglas estipuladas
por años de inocencia impostada,
la piedra gana a la tijera
en una lucha de dos contra sí mismo,
de uno contra el rival.

La tijera gana al papel
y a su cohorte de tiranías
en las que nos reflejamos.

El papel gana a la piedra
en la defensa inútil
de despertarse siempre solo.

Ícaro


¿Dónde aprendiste a volar?
Con el alma salpicando tu camiseta
y los días apartándose a tu paso.

Habrás tardado una semana,
tal vez cierta dosis de eternidad
¿Cómo aprendiste a volar?

Dile a cualquiera
cuánto duele aterrizar,
muestra a cualquiera
las cicatrices de las espuelas,
hazte el fuerte donde las entrañas
te hacen ser débil,
finge la sonrisa
y con gesto de actor
dile a cualquiera
cómo se podría evitar el silencio
que suda en las paredes
y en los cronómetros arbitrarios.

¿Cómo aprendiste a volar?
Con la curiosidad genocida
de gatos sigilosos.

Podrás mostrarte indefenso
o fingir todo lo contrario
¿Dónde aprendiste a volar?

Reproches de domingo


Voy a ser capaz de reseguir con el dedo
las sombras del pasado que trascienden el tiempo.

Kafka en la orilla, Haruki Murakami

Con un sadismo ajeno,
despellejo los errores propios,
los desbasto,
enterrándolos en el sempiterno rincón
en el que fermenta
el desorden mental,
la paranoia,
la codicia.

Si se abre el plano,
los días de septiembre
van desgranando
un tumor
de bombas de mano,
besos fríos,
calmos reproches.

Otra perspectiva para la abulia
innata de los domingos
más alejados del cielo,
cierto desapego a la indiferencia
con la que una vez me batí el cobre.

Las sombras
trocan en obsesiones reiteradas,
dibujando un alma
sobre la pared del descrédito.

La mala fortuna,
simiente de los errores propios,
de los ajenos,
teje con paciencia
el sudario de los desengaños.

Estados cardinales


Viviendo del orgullo
que no te alimenta,
restallando la lengua
contra el cielo del paladar,
con la cantidad de brújulas
con las que perderse
te guías precisamente
por la que piensa que el norte
no es más que un estado emocional.

estados cardinales cita 1

Embriagado de espejismos,
barruntas calles entre brumas
al tacto de las manos enguantadas.

Escudado en una esquina
me esperas mirándome como
al hombre desesperado
que espera desentrañar
la respuesta en los filos
que no en la venganza
(no hiere quien quiere
sino quien pide permiso)

estados cardinales cita 2

Enredados en la neutralidad
de los sinónimos
deambulamos por las alturas.