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Martes de letras: “Niño marica” de Óscar Espirita


Hay libros que te saltan a los brazos y te dicen que se van a casa contigo y “Niño marica” de Óscar Espirita es uno de esos: la portada, tan inmaculada con esos dos niños que miran impertinentes y que me han recordado a Charles Rowland y Edwin Paine, los chicos detectives sacados de las páginas del “Sandman” de Gaiman, el tacto, la tipografía y el abrir una página al azar y encontrarte con una frase que describe una infancia, tu infancia, una adolescencia, tu adolescencia.

Los niños maricas empiezan su adolescencia
cuando pueden. Poco importa en realidad la edad
biológica
.

Articulado en torno a esas dos etapas del desarrollo personal, “Niño marica” traza con candidez, que no simplicidad, las pasiones de un niño que no se ajusta a las normas de un juego que le han impuesto. En la primera parte va desgranando deseos y juegos de su imaginación que desembocan en una segunda parte en la que el sexo ya forma parte del desarrollo personal, todo dentro de unas coordenadas que aquél que lo ha vivido reconoce, pero que no excluye a otros que no poseen esas experiencias. Los versos desgranan espacios (patios de colegio, polígonos, camas trocadas en cuevas, vestuarios), reivindican experiencias (el florecer de unos sobacos, los morreos, lo huraño de una adolescencia).

Pude parecerte un erizo
pero no era más que un huevo con espinas
el pajarito seguía dentro
y vuela

Una lectura que deja poso y que hace que se vuelva una y otra vez sobre versos que retornan a tu recuerdo y que, al buscarse entre las páginas color hueso, logra que te tropieces con otros poemas que también te calan.

Resulta inevitable verse reflejado, y posiblemente encuentres trazos de la vida de uno en versos que no tienen nada que ver con lo vivido por Espirita. Y creo que eso es lo que hace grande este poemario y lo hace tan necesario: recurre a los sentimientos de los que han crecido sintiéndose diferentes. Y para sentirse diferente no hace falta ser homosexual, sólo tener sentimientos.

Yo soy un niño marica. Y, gracias al libro de Óscar Espirita, me he reconciliado  con el niño que sigo siendo.

Podéis comprar el libro en la página de Ediciones Hidroavión.

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Martes de letras: “Mataré a vuestros muertos” de Daniel Ausente


Si hace un par de semanas hablaba en el “Martes de Letras” sobre una novela “pulp” ambientada en Madrid con “La escuela nocturna” de Noel Ceballos hoy nos trasladamos a una Barcelona canalla, sucia, llena de drogas y perdedores de la peor calaña bajo la que medra lo peor y en la que la rumba catalana es la banda sonora.

Desde el prólogo descubrimos la existencia de un “algo” oscuro y desagradable que se arrastra en las profundidades de antiguos pasadizos de una ciudad vieja que ha caído en el olvido oculta por la urbe que se ha desarrollado encima. A la luz del día, el panorama que nos pinta el autor no es mucho mejor, una ciudad vencida plagada de personajes lumpén donde la droga, la prostitución y el crimen es el motor económico.

En la novela llama mucho la atención lo trabajado de una estructura a tres niveles: por un lado está la Barcelona más o menos actual, con una pátina de escenario de película de cine quinqui, la ciudad que viven las alimañas (palomas, ratas y cucarachas) y una serie de epístolas de seres más o menos históricos que nos va desvelando la amenaza que se está desarrollando bajo la ciudad y explica el porqué de ciertos personajes que pululan por la historia.

La agilidad con la que se van engarzando acontecimientos, alternándose los tres niveles de estructura, no da tregua y va construyendo una tensión que estalla en un final que aúna todas las tramas expuesta mezclando a los personajes que hemos ido conociendo anteriormente.

La baza con la que juega el autor es uno de los recursos clásicos de las películas de terror, lo de insinuar, más que mostrar, al enemigo, el monstruo que está siempre presente pero que intuimos, no vemos y que se nos presenta como una suerte de primigenio lovecraftiano.

Nos encontramos ante una historia que sabe aprovechar los recursos de la narración para ir anudando una trama potente y divertida que juega con el lector y le lleva a las entrañas corruptas de una ciudad que hace que uno se plantee si su decadencia es producto de la existencia del monstruo o si el primigenio escoge la ciudad como lugar en el que desarrollarse por la podredumbre intrínseca de esa Barcelona.

Para saber más sobre el autor, Daniel Ausente, te recomiendo su Twitter (@absence).

El libro está editado por Prosa Inmortal, una microeditorial que se define “afin a los géneros populares y la literatura farruca” y lo puedes comprar aquí.

 

Martes de letras: “Another” de Yukito Ayatsuji y Hiro Kiyohara


Vuelve a tocar un manga en el “Martes de letras”, en esta ocasión una historia de terror basada en la novela de Yukito Ayatsuji e ilustrada por Hiro Kiyohara. En España la ha editado en cuatro volúmenes la editorial Ivrea.

Aunque he de admitir que también me convenció el hecho de que fuera una serie cerrada de cuatro tomos, lo que más me llamó la atención fue un argumento, cuanto menos, perturbador sobre la alumna de un instituto que había fallecido, cuyos compañeros no fueron capaces de aceptar su muerte y la aparición de su imagen en la foto de graduación de aquél año. Me esperaba una historia de fantasmas y sucesos paranormales de esos que te dejan al borde del escalofrío.

La historia despega con muy buen ritmo, reescribiendo la manida historia del chico nuevo en el colegio. Aquí el colegio maldito no aparece hasta que ya se han presentado los personajes principales de la historia y se han establecido las relaciones entre ambos. Ya desde el principio queda claro que la mayoría de los personajes ocultan algo y los nexos entre ellos son, cuando menos, perturbadores y malsanos, lo que se achaca a una suerte de maldición que planea sobre ellos.

Según va desarrollándose la historia, los silencios y todo lo que ocultan van ganando tal peso que la maldición que ha caído sobre la clase se convierte en el motor de la narración, cuyo único objetivo es acabar de una vez por todas con un problema que se arrastra de generación en generación. Es entonces cuando la historia se estanca, se embrolla sin visos lógicos y llega a un punto muerto que, para lograr avanzar, el guionista se empieza a inventar excusas y a desvelar información que ha ocultado al lector hasta entonces para terminar llegando a una conclusión floja y que deja cierta sensación de engaño.

Es de agradecer el desarrollo de los personajes y la existencia de secundarios que suponen un contrapunto que, si bien no se le puede llamar cómico, sí que aligera la tensión que se va construyendo a lo largo de los cuatro volúmenes de la obra. “Another” también se beneficia del protagonismo de Mei Misaki, una chica misteriosa y reservada pero de indudable carisma y magnetismo, así como de Koichi, que va demostrando su potencial según se va enfrentando a la adversidad y a cosas que no es capaz de comprender.

Mención aparte merece el dibujo, cuyo trazo es de una limpieza luminosa y que se ve reforzado por un tramado y un sombreado que dota de profundidad y textura a las escenas. Además de algunos dibujos aislados que se benefician de una composición claramente tenebrista.

En definitiva, “Another” es una narración que adentra al lector por los caminos explorados por otras historias de terror que yo he conocido por películas como “The Ring” o “The Grudge”, pero que termina con una cierta decepción a causa de la información que omite el autor a lo largo de los cuatro volúmenes.

¿Has leído esta saga? ¿Qué te pareció a ti?

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Martes de letras: “Las meninas” de Santiago García Fernández y Javier Olivares Conde


No es ninguna novedad decir que la novela gráfica vive un gran momento, por no caer en el tópico “está en su apogeo”. Y lo que es indudable es que España aporta valores realmente notables a ese momento y para muestra, la obra de la que nos ocupamos.

Tanto el título como la portada dejan pocas dudas sobre el tema del que va a tratar la obra: una semblanza vital de Diego Velázquez y las ondas que ha producido en el estanque de los siglos, la piedra que lanzó al pintar “Las Meninas”. Digo semblanza vital porque la novela no es una biografía lineal al uso en la que se narra el nacimiento, vida y muerte del gran pintor, sino que con la excusa de otorgarle el rango de nobleza que supone la orden de Santiago, distintos personajes recuerdan distintos episodios de la vida del autor de “La rendición de Breda”.

Al mismo tiempo, todo el relato se ve atravesado de forma transversal por la obsesión del pintor con los espejos, que se ve culminada en el cuadro que da título a la novela, y como esa obsesión se ve replicada, como en el mismo azogue que cautiva a Velázquez, en grandes hitos de la pintura, la literatura y el pensamiento, como son Foucault, Buero Vallejo, Picasso, Goya o Dalí.

La estructura de la obra es una compleja digresión entre diversos momentos temporales de la biografía del artista y de su influencia en autores posteriores, pero que en ningún momento permite que el lector se pierda, más al contrario, le guía de tal forma que puede entender la historia por completo.

El estilo del dibujo es claramente pictórico, trazos que parecen brochazos, edificios delineados con escuadra y cartabón y un color negro que resalta sobre los monócromos fondos cuyo color designan una época de la vida del pintor sevillano. Si algo se puede achacar al dibujo es que hay momentos en que cuesta reconocer a los personajes, cosa que se resuelve, como ocurre tantas veces, con el diálogo.

En conclusión, “Las meninas” es una de esas obras que obliga al lector a trabajar, que reta su inteligencia y que le descubre el entorno de un pintor que ha dejado honda huella en la Cultura.

Martes de letras: “Fortunately, the milk” de Neil Gaiman


Lo primero, me niego a aceptar la absurda traducción del título que se ha hecho al castellano. Llamar a este libro “El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre” no sólo se aleja de manera radical de la propuesta del juego que plantea Gaiman en la versión original sino que, además, es un spoiler en toda regla que ni siquiera va en la contraportada.

En segundo lugar, me declaro fan absoluto del autor, por lo que mi juicio sobre la obra es de todo menos imparcial. Neil Gaiman me lleva cautivando desde principios de los 90 y tanto en cómic como en prosa, siempre ha logrado en mí una sensación a la que yo llamo “jugar en casa”. Con ello me refiero a que, grosso modo, conozco las reglas con las que juega Gaiman y sé qué puedo esperar de la trama.

Centrándome en “Fortunately, the milk“, es uno de esos pequeños libros de Neil Gaiman enfocados al público infantil y que tanto nos gustan a los adultos. Esta vez se ha alejado de los mundos tenebrosos de “Coraline” o de “El libro del cementerio“, para narrar la delirante historia de un padre que va a comprar leche para desayunar.

Viajes en el tiempo, ovnis, dinosaurios inventores, dinosaurios policías, ponis, “fampirros” no tan bien encarados como los de “Crepúsculo”, volcanes a punto de estallar… todo tiene cabida en la excusa de un padre que ha tardado más de la cuenta en llevar el desayuno a casa. No cuesta imaginarse que ese padre es un trasunto del propio Gaiman.

El estilo, más que agil, es vertiginoso: al final se trata de la transcripción de relato oral, incluyendo las interrupciones de los vástagos, que parecen más que acostumbrados a las disgresiones de su progenitor.

Profusamente ilustrado por el trazo de Skottie Young, sus dibujos aportan fuerza a un delirio absolutamente disfrutable y que lleva en más de un momento a la sonora carcajada.