Archivo de la categoría: critica

Martes de letras: “Niño marica” de Óscar Espirita


Hay libros que te saltan a los brazos y te dicen que se van a casa contigo y “Niño marica” de Óscar Espirita es uno de esos: la portada, tan inmaculada con esos dos niños que miran impertinentes y que me han recordado a Charles Rowland y Edwin Paine, los chicos detectives sacados de las páginas del “Sandman” de Gaiman, el tacto, la tipografía y el abrir una página al azar y encontrarte con una frase que describe una infancia, tu infancia, una adolescencia, tu adolescencia.

Los niños maricas empiezan su adolescencia
cuando pueden. Poco importa en realidad la edad
biológica
.

Articulado en torno a esas dos etapas del desarrollo personal, “Niño marica” traza con candidez, que no simplicidad, las pasiones de un niño que no se ajusta a las normas de un juego que le han impuesto. En la primera parte va desgranando deseos y juegos de su imaginación que desembocan en una segunda parte en la que el sexo ya forma parte del desarrollo personal, todo dentro de unas coordenadas que aquél que lo ha vivido reconoce, pero que no excluye a otros que no poseen esas experiencias. Los versos desgranan espacios (patios de colegio, polígonos, camas trocadas en cuevas, vestuarios), reivindican experiencias (el florecer de unos sobacos, los morreos, lo huraño de una adolescencia).

Pude parecerte un erizo
pero no era más que un huevo con espinas
el pajarito seguía dentro
y vuela

Una lectura que deja poso y que hace que se vuelva una y otra vez sobre versos que retornan a tu recuerdo y que, al buscarse entre las páginas color hueso, logra que te tropieces con otros poemas que también te calan.

Resulta inevitable verse reflejado, y posiblemente encuentres trazos de la vida de uno en versos que no tienen nada que ver con lo vivido por Espirita. Y creo que eso es lo que hace grande este poemario y lo hace tan necesario: recurre a los sentimientos de los que han crecido sintiéndose diferentes. Y para sentirse diferente no hace falta ser homosexual, sólo tener sentimientos.

Yo soy un niño marica. Y, gracias al libro de Óscar Espirita, me he reconciliado  con el niño que sigo siendo.

Podéis comprar el libro en la página de Ediciones Hidroavión.

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Martes de letras: “Mataré a vuestros muertos” de Daniel Ausente


Si hace un par de semanas hablaba en el “Martes de Letras” sobre una novela “pulp” ambientada en Madrid con “La escuela nocturna” de Noel Ceballos hoy nos trasladamos a una Barcelona canalla, sucia, llena de drogas y perdedores de la peor calaña bajo la que medra lo peor y en la que la rumba catalana es la banda sonora.

Desde el prólogo descubrimos la existencia de un “algo” oscuro y desagradable que se arrastra en las profundidades de antiguos pasadizos de una ciudad vieja que ha caído en el olvido oculta por la urbe que se ha desarrollado encima. A la luz del día, el panorama que nos pinta el autor no es mucho mejor, una ciudad vencida plagada de personajes lumpén donde la droga, la prostitución y el crimen es el motor económico.

En la novela llama mucho la atención lo trabajado de una estructura a tres niveles: por un lado está la Barcelona más o menos actual, con una pátina de escenario de película de cine quinqui, la ciudad que viven las alimañas (palomas, ratas y cucarachas) y una serie de epístolas de seres más o menos históricos que nos va desvelando la amenaza que se está desarrollando bajo la ciudad y explica el porqué de ciertos personajes que pululan por la historia.

La agilidad con la que se van engarzando acontecimientos, alternándose los tres niveles de estructura, no da tregua y va construyendo una tensión que estalla en un final que aúna todas las tramas expuesta mezclando a los personajes que hemos ido conociendo anteriormente.

La baza con la que juega el autor es uno de los recursos clásicos de las películas de terror, lo de insinuar, más que mostrar, al enemigo, el monstruo que está siempre presente pero que intuimos, no vemos y que se nos presenta como una suerte de primigenio lovecraftiano.

Nos encontramos ante una historia que sabe aprovechar los recursos de la narración para ir anudando una trama potente y divertida que juega con el lector y le lleva a las entrañas corruptas de una ciudad que hace que uno se plantee si su decadencia es producto de la existencia del monstruo o si el primigenio escoge la ciudad como lugar en el que desarrollarse por la podredumbre intrínseca de esa Barcelona.

Para saber más sobre el autor, Daniel Ausente, te recomiendo su Twitter (@absence).

El libro está editado por Prosa Inmortal, una microeditorial que se define “afin a los géneros populares y la literatura farruca” y lo puedes comprar aquí.

 

Martes de letras: “Another” de Yukito Ayatsuji y Hiro Kiyohara


Vuelve a tocar un manga en el “Martes de letras”, en esta ocasión una historia de terror basada en la novela de Yukito Ayatsuji e ilustrada por Hiro Kiyohara. En España la ha editado en cuatro volúmenes la editorial Ivrea.

Aunque he de admitir que también me convenció el hecho de que fuera una serie cerrada de cuatro tomos, lo que más me llamó la atención fue un argumento, cuanto menos, perturbador sobre la alumna de un instituto que había fallecido, cuyos compañeros no fueron capaces de aceptar su muerte y la aparición de su imagen en la foto de graduación de aquél año. Me esperaba una historia de fantasmas y sucesos paranormales de esos que te dejan al borde del escalofrío.

La historia despega con muy buen ritmo, reescribiendo la manida historia del chico nuevo en el colegio. Aquí el colegio maldito no aparece hasta que ya se han presentado los personajes principales de la historia y se han establecido las relaciones entre ambos. Ya desde el principio queda claro que la mayoría de los personajes ocultan algo y los nexos entre ellos son, cuando menos, perturbadores y malsanos, lo que se achaca a una suerte de maldición que planea sobre ellos.

Según va desarrollándose la historia, los silencios y todo lo que ocultan van ganando tal peso que la maldición que ha caído sobre la clase se convierte en el motor de la narración, cuyo único objetivo es acabar de una vez por todas con un problema que se arrastra de generación en generación. Es entonces cuando la historia se estanca, se embrolla sin visos lógicos y llega a un punto muerto que, para lograr avanzar, el guionista se empieza a inventar excusas y a desvelar información que ha ocultado al lector hasta entonces para terminar llegando a una conclusión floja y que deja cierta sensación de engaño.

Es de agradecer el desarrollo de los personajes y la existencia de secundarios que suponen un contrapunto que, si bien no se le puede llamar cómico, sí que aligera la tensión que se va construyendo a lo largo de los cuatro volúmenes de la obra. “Another” también se beneficia del protagonismo de Mei Misaki, una chica misteriosa y reservada pero de indudable carisma y magnetismo, así como de Koichi, que va demostrando su potencial según se va enfrentando a la adversidad y a cosas que no es capaz de comprender.

Mención aparte merece el dibujo, cuyo trazo es de una limpieza luminosa y que se ve reforzado por un tramado y un sombreado que dota de profundidad y textura a las escenas. Además de algunos dibujos aislados que se benefician de una composición claramente tenebrista.

En definitiva, “Another” es una narración que adentra al lector por los caminos explorados por otras historias de terror que yo he conocido por películas como “The Ring” o “The Grudge”, pero que termina con una cierta decepción a causa de la información que omite el autor a lo largo de los cuatro volúmenes.

¿Has leído esta saga? ¿Qué te pareció a ti?

Puedes dejar aquí tu comentario y, si te ha gustado el artículo, no dudes en compartirlo.

Martes de letras: “La escuela nocturna” de Noel Ceballos


Tanto el refrán como el doctor Frank-n-furter dicen que no hay que juzgar un libro por su portada. Pero en este caso no pude evitar rendirme a una portada que se inspiraba en el arte de Alphonse Mucha con un punto mangaka y a un formato que me remitía directamente a aquellas novelitas que se cambiaban en los quioscos (mucho antes de que supiéramos lo que significaba el término pulp ya existía Marcial Lafuente Estefanía y Corín Tellado). Por no mencionar la frase “Aventuras esotéricas en el Madrid de 1912” y tres palabras: Apocalipsis, Anarquismo, Chotis. Sólo faltaba una parpusa de chulapo para conquistarme aún más.

La historia comienza por todo lo alto, presentando a uno de los protagonistas en la escena de un cruento crimen que parece perpetrado por una secta que trata de sembrar el terror por toda Europa. A partir de ese momento la narración se lanza por una montaña rusa de puro divertimento en la que aparece la mafia, sectas de diversos pelajes, matrimonios con tendencias sadomasoquistas, artistas con ínfulas de trascendencia y “[…] vagos, parásitos, aristócratas decadentes, cocatrices, toreros, libertinos […]“. Por aparecer, los personajes se llegan a cruzar con un etílico Ramón Gómez de la Serna. Eso es lo que hace tan extremadamente divertida esta novela, ese juego cómplice con un lector que trata de averiguar qué hay de verdad y que hay de ficción en escenarios y personajes.

Así, uno se encuentra barruntando sobre los distintos cafés en los que se juntaba la bohemia y la intelectualidad, los lavaderos del Manzanares (algo que nos cuesta imaginar a los que habitamos este Madrid en el siglo XXI) o los intereses urbanísticos (que hasta no hace mucho aún persistían) sobre el parque de la Cornisa. Situaciones rocambolescas que se alternan con hechos y lugares históricos, socarronería y triángulos amorosos, son ingredientes con los que el lector no puede por menos que disfrutar.

Los personajes no dejan de ser esbozos (el periodista, la actriz, el investigador de lo paranormal) pero eso propicia que la historia avance continuamente y es eso lo que favorece un desarrollo ágil y divertido, a veces tan vertiginoso que tienes que volver alguna página para atrás para comprender qué es lo que está ocurriendo realmente o quién es el personaje al que se están refiriendo. En definitiva, se trata de una novela de entretenimiento puro de las que invita a jugar al lector.

Si te gustan las historias con buena ambientación, un punto de surrealismo y fantasía, esta obra es para ti. ¿La has leído? ¡Te agradecería que compartieras tu opinión en un comentario!

Para saber más sobre el autor, Noel Ceballos, te recomiendo su Twitter (@noelburgundy) y su blog.

Y si quieres comprarlo, puedes hacerlo en la página de @mmorilibros por tan sólo 10€ siguiendo este enlace.

Martes de letras: “Nijigahara Holograph” de Inio Asano


Me gusta mucho curiosear las novedades que se publican en el sector del Manga. Es una cultura que me llama poderosamente la atención (lo llamo “cultura” porque no se trata sólo de cómics, películas y series, si no que además desarrolla una gran cantidad de merchandising y los más devotos de algunas series crean todo un universo en torno a las mismas) porque percibo que sus autores tienen menos complejos a la hora de desarrollar argumentos que en Occidente podríamos considerar delirantes en exceso. Añadir que mi conocimiento sobre este mundo es más bien reducido, sólo soy un curioso sobre la materia.

Recientemente, a las procelosas aguas del mercado español se han lanzado dos editoriales centradas en éste tipo de cómic: Ediciones Tomodomo (de la que hablaré en otra ocasión porque me tiene rendido de amor con lo que está publicando) y la que edita el volumen que nos ocupa Milkyway Ediciones, con una edición realmente cuidada y doble sobrecubierta.

Me decidí por este volumen porque la sinopsis parecía remitir a una atractiva historia de terror:

Entre los niños del pueblo se propaga un escalofriante rumor: una criatura misteriosa acecha en el túnel que hay detrás de la escuela. Cuando el cuerpo sin vida de la madre de Arie es encontrado a la entrada del túnel, la leyenda parece confirmarse. Con el fin de apaciguar la ira de la bestia, los niños deciden ofrecer en sacrificio a la desafortunada chica, quien parece ser la causa de la maldición.

Sin embargo, el único terror que hay en la historia es el que sienten los niños por la existencia del supuesto monstruo. No es una historia de terror, es una historia de miedos, de los miedos de los distintos personajes, de sus reacciones para evitar enfrentarse a una vida marcada por un hecho del pasado.

Con una narrativa fragmentada, el avance de la historia se beneficia de la construcción caleidoscópica que supone las distintas perspectivas de los múltiples narradores, haciendo cómplice al lector de los problemas de los niños y guiándole hacia los traumas que arrastran en la edad adulta.

Es una historia de miedos, pero también es una historia de violencia. Hay crueldad, y mucha. Se dice que los niños son crueles, pero en la obra de Asano todos los personajes caminan bajo el influjo de la atrocidad, tanto en la infancia como en la edad adulta. Las razones para tal ferocidad, en ocasiones rayana en el sadismo, varían de unos a otros y es interesante ver los motivos de cada uno de ellos. La tensión derivada de esa crueldad conduce a momentos de una violencia dolorosa, incómoda, cruda.

Da la sensación que es el karma, lo que hace avanzar una historia en la que nadie es bueno del todo y todos los personajes dependen de un pasado que les ha marcado de tal forma que lo que hicieron en su momento se les devuelve amplificado en el presente.

En cuanto al dibujo, el profundo trabajo de los personajes los convierte en fácilmente reconocibles tanto en su infancia como en su época adulta. El trazo es limpio y lo que más llama la atención es la riqueza de los fondos que logran enmarcar en espacios a veces amplios la claustrofobia de la existencia de cada uno de los personajes.

Se trata, en fin, de una obra adulta de las que dejan un poso largo. Pese a que la historia engancha, hay momentos en los que resulta difícil de seguir sobre todo por la dificultad para empatizar con personajes y situaciones que parecen lejanas y que se resienten de una buscada introspección.

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Martes de letras: “Las meninas” de Santiago García Fernández y Javier Olivares Conde


No es ninguna novedad decir que la novela gráfica vive un gran momento, por no caer en el tópico “está en su apogeo”. Y lo que es indudable es que España aporta valores realmente notables a ese momento y para muestra, la obra de la que nos ocupamos.

Tanto el título como la portada dejan pocas dudas sobre el tema del que va a tratar la obra: una semblanza vital de Diego Velázquez y las ondas que ha producido en el estanque de los siglos, la piedra que lanzó al pintar “Las Meninas”. Digo semblanza vital porque la novela no es una biografía lineal al uso en la que se narra el nacimiento, vida y muerte del gran pintor, sino que con la excusa de otorgarle el rango de nobleza que supone la orden de Santiago, distintos personajes recuerdan distintos episodios de la vida del autor de “La rendición de Breda”.

Al mismo tiempo, todo el relato se ve atravesado de forma transversal por la obsesión del pintor con los espejos, que se ve culminada en el cuadro que da título a la novela, y como esa obsesión se ve replicada, como en el mismo azogue que cautiva a Velázquez, en grandes hitos de la pintura, la literatura y el pensamiento, como son Foucault, Buero Vallejo, Picasso, Goya o Dalí.

La estructura de la obra es una compleja digresión entre diversos momentos temporales de la biografía del artista y de su influencia en autores posteriores, pero que en ningún momento permite que el lector se pierda, más al contrario, le guía de tal forma que puede entender la historia por completo.

El estilo del dibujo es claramente pictórico, trazos que parecen brochazos, edificios delineados con escuadra y cartabón y un color negro que resalta sobre los monócromos fondos cuyo color designan una época de la vida del pintor sevillano. Si algo se puede achacar al dibujo es que hay momentos en que cuesta reconocer a los personajes, cosa que se resuelve, como ocurre tantas veces, con el diálogo.

En conclusión, “Las meninas” es una de esas obras que obliga al lector a trabajar, que reta su inteligencia y que le descubre el entorno de un pintor que ha dejado honda huella en la Cultura.

Martes de letras: “Fortunately, the milk” de Neil Gaiman


Lo primero, me niego a aceptar la absurda traducción del título que se ha hecho al castellano. Llamar a este libro “El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre” no sólo se aleja de manera radical de la propuesta del juego que plantea Gaiman en la versión original sino que, además, es un spoiler en toda regla que ni siquiera va en la contraportada.

En segundo lugar, me declaro fan absoluto del autor, por lo que mi juicio sobre la obra es de todo menos imparcial. Neil Gaiman me lleva cautivando desde principios de los 90 y tanto en cómic como en prosa, siempre ha logrado en mí una sensación a la que yo llamo “jugar en casa”. Con ello me refiero a que, grosso modo, conozco las reglas con las que juega Gaiman y sé qué puedo esperar de la trama.

Centrándome en “Fortunately, the milk“, es uno de esos pequeños libros de Neil Gaiman enfocados al público infantil y que tanto nos gustan a los adultos. Esta vez se ha alejado de los mundos tenebrosos de “Coraline” o de “El libro del cementerio“, para narrar la delirante historia de un padre que va a comprar leche para desayunar.

Viajes en el tiempo, ovnis, dinosaurios inventores, dinosaurios policías, ponis, “fampirros” no tan bien encarados como los de “Crepúsculo”, volcanes a punto de estallar… todo tiene cabida en la excusa de un padre que ha tardado más de la cuenta en llevar el desayuno a casa. No cuesta imaginarse que ese padre es un trasunto del propio Gaiman.

El estilo, más que agil, es vertiginoso: al final se trata de la transcripción de relato oral, incluyendo las interrupciones de los vástagos, que parecen más que acostumbrados a las disgresiones de su progenitor.

Profusamente ilustrado por el trazo de Skottie Young, sus dibujos aportan fuerza a un delirio absolutamente disfrutable y que lleva en más de un momento a la sonora carcajada.

Expertos en todología


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Muy poca gente es capaz de evitarlo: cuando alguien te cuenta que está leyendo el best-seller del momento, no importa cuál sea o que lo hayamos leído o no, todos nos vemos capaces de dar nuestra opinión. ¿Y en qué la basamos? Nuestras opiniones sobre “Cincuenta sombras de Grey” y en la forma que está escrito parece que nos llegan por inspiración divina, cuando lo cierto es que proceden de distintas fuentes de las redes sociales. No necesitamos leer los artículos completos o sesudos ensayos y críticas al respecto, nos basta con leer los titulares y las entradillas para convertirnos en críticos expertos sobre el tema.

¿Que ha habido “edredoning” en el último reality show de Telecinco? ¿O que la hija de una tonadillera de conocido bigote ha decidido cambiarse de sexo? Podríamos ver el vídeo correspondiente o leer un artículo al respecto pero eso nos llevaría demasiado tiempo. Sólo con revisar Twitter y Facebook y entrar en un par de artículos es suficiente para formarnos una opinión y pontificar sobre el tema. Y ya que hablamos de pontificar, no hemos oído una homilía completa del actual Papa, mucho menos leer alguno de sus artículos, pero hemos revisado los suficientes tuits suyos retuiteados por gente a la que seguimos en Twitter como para poder decir que su posición sobre desigualdad y justicia social es tremendamente progresista.

Nunca había sido tan fácil como ahora fingir que sabemos sobre tantas cosas como ahora sin saber nada en absoluto. Cogemos temas, piezas relevantes que se repiten Facebook, Twitter o newsletters y las regurgitamos. En lugar de ver “Mad men” o el final de liga o un debate político, nos dedicamos a leer el timeline de alguien que lo tuitee en directo o a leer el resumen al día siguiente. Nuestro canon cultural se está viendo limitado a aquello que obtiene más clicks.

Ahora mismo lo que sufrimos es la constante presión de saber de todo en todo momento, a menos que queramos quedar como analfabetos culturales. De esta forma podremos sobrevivir a una conversación de ascensor, una reunión de negocios o una fiesta, de manera que podemos publicar, tuitear, comentar o whatsapear como si hubiéramos visto, leído, mirado y escuchado. Lo que importa la mayoría de las veces no es que hayamos consumido el producto de primera mano, sino que sepamos que existe y desde la opinión que nos hemos formado al respecto, ser capaces de que nuestro interlocutor se involucre. Estamos llegando a conformar un pastiche de pseudoconocimiento que no deja de ser un nuevo modelo de todología.

No es que mintamos cuando demos la razón a un colega sobre lo que comenta respecto a una película o un libro que ni hemos visto, ni leído, ni siquiera revisado la crítica. Hay grandes posibilidades que nuestro interlocutor simplemente repita las mordaces observaciones de alguien en su timeline o en su muro. Gran parte de las interrelaciones conversacionales se construyen a partir de unos cuantos datos extraídos de la revisión diaria de las aplicaciones de nuestros teléfonos móviles. Al fin y al cabo, a nadie le gusta quedar como la persona que no está al corriente de la temporada de “Juego de tronos” al ritmo de emisión de Estados Unidos, menos aún de la serie coreana de la que toda la gente entendida habla sin parar.

Cuando quiera que cualquiera en cualquier lugar menciona cualquier cosa, nosotros debemos fingir conocer el tema. Incluso parecer expertos. Los datos se han convertido en nuestra moneda de cambio. Y hablando de moneda, el ejemplo perfecto sería la Bitcoin, algo de lo que no dejamos de hablar pero que parece que nadie llega a comprender del todo.

Es comprensible que una de las partes, o ambas, en una conversación pueden tener una idea somera sobre el tema que están tratando. Todos estamos muy ocupados, más que ninguna generación hasta ahora. Y como nos pasamos el día mirando nuestros teléfonos y nuestras pantallas, mandando mensajes y tuiteando sobre lo ocupados que estamos, ya no tenemos demasiado tiempo para consumir información de primera mano. En lugar de eso, confiamos en la gente a la que “seguimos” o en nuestros “amigos” o eso es lo que creemos.

¿Quién decide qué debemos saber, qué opiniones debemos tener en cuenta, qué ideas podemos reciclar como propias? Parece ser que los algoritmos puesto que tanto Google, como Facebook o Twitter y el resto del complejo de redes sociales post-industriales confían en estas herramientas matemáticas para saber qué estamos leyendo, viendo y comprando.

Hemos externalizado nuestras opiniones en este bucle de datos que nos permitirá mantener las apariencias en una cena en la mientras parece que se está hablando de “El Gran Hotel Budapest” lo que realmente se hace es comparar las fuentes de redes sociales, mientras nadie reconoce que está completamente perdido en la conversación. En lugar de eso asentiremos mientras decimos “He escuchado algo” o “Me suena un montón”, lo que normalmente quiere ser una declaración sobre nuestro absoluto desconocimiento del tema en cuestión.

Ahora la información está en todas partes, nos someten a un constante flujo que está en nuestras manos, en nuestros bolsillos, en nuestros portátiles, nuestros coches, hasta en la nube. El flujo de datos no puede controlarse. Fluye en nuestras vidas como una marea creciente de palabras, hechos, bromas, chascarrillos, GIFs, cotilleos y comentarios que amenazan con ahogarnos. Tal vez el temor a ahogarnos es lo que está detrás de nuestra insistencia de que hemos visto, hemos leído, hemos sabido. Es una manera poco convincente de considerarnos a flote.

Así nos encontramos braceando desesperados, haciendo observaciones sobre memes de cultura pop, porque admitir que nos hemos quedado atrás, que no sabemos de lo que se está hablando, de que no tenemos nada que decir sobre cada tema que aparece en nuestra pantalla, es estar muerto.

Traducción y adaptación del artículo original de Karl Taro Greenfeld “Faking cultural literacy” para New York Times

Palabras que aún no acepta la RAE: Gentrificación


Dentro de los términos y los conceptos también existe la moda. Hace años fue la “globalización”, durante meses vivimos pendientes de la “prima de riesgo” y recientemente sufrimos el “twerking” o el “selfie”.

Gentrificación” es otro de estos nuevos términos que aparecen en nuestras vidas y que no sabemos exactamente qué quieren decir pero los utilizamos de todas maneras. Debemos prestarle atención, máxime cuando es una cuestión que afecta directamente a los espacios en los que habitamos y que se deriva de la especulación, una de esas razones que nos ha metido en el jardín de la crisis.

Tómese un espacio urbano ya desarrollado, cuanto más céntrico mejor y del que las instituciones públicas se olviden, condenándolo a un progresivo deterioro y una inevitable degradación. En muchas ocasiones, estos espacios son habitados por gente de edad avanzada en edificios con indudables carencias (ascensores, eficiencia energética,…) El descalabro en el valor del espacio se ve acompañado por la falta de pequeños negocios que puedan competir con los grandes gigantes que están instalados en los centros urbanos, junto con la aparición de “dudosa calaña” ¿Conocéis la calle Desengaño en Madrid? Pues es perfecto ejemplo de lo que estamos hablando. Pero la gentrificación afecta a todo el barrio de Malasaña, como antes ocurrió en Chueca o en el Born en Barcelona. Así se obtiene la degradación de un espacio céntrico en el que especular para sacar el máximo beneficio.

https://www.flickr.com/photos/jafsegal/2304968114/
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Una vez el espacio está degradado, con el consecuente malestar vecinal, los gobiernos (especialmente en épocas electorales) tienden a buscar soluciones con las que tratan de embaucar a sus potenciales electores. Así, de la mano de distintas empresas privadas buscan soluciones para poner de nuevo en valor el barrio.

En líneas generales, el primer paso suele ser la reactivación del comercio, pero no el tradicional, de pequeñas tiendas de consumo diario, sino de locales que aporten cierto grado de exclusividad y valor añadido. Los locales dedicados a la hostelería más tradicional, van perdiendo peso, frente a espacios de cuidado diseño y propuestas vanguardistas. Los renovados locales atraen a gente de fuera del barrio que empiezan a desarrollar vida en el mismo. A lo mejor a Paca, la vecina del 4º con su pensión de jubilada, no le interesan las nuevas zapatillas All Stars ni le apetece tomar un gin-tonic premium con frutas del bosque y tónica de azahar. Pero el emprendedor que sigue las tendencias no dudará en desplazarse al centro para conseguir esa exclusividad. Así cazan al mercado objetivo. Y una vez se atrae a esa gente al barrio (la que tiene dinero, a la que las empresas pueden exprimir y que ya están enganchadas a lo exclusivo que les da la zona) llega el momento de echar a la gente que no resulta tan rentable. Lo que quieren vender es una nueva forma de vida en la que se habita y se consume en el mismo espacio y, si no puedes consumir en dicho espacio, tal vez Paca la del 4º tenga que plantearse que no debe de vivir ahí.

Tampoco es baladí el hecho que las viviendas de estos espacios son muy diferentes a las que se construyen en la actualidad, especialmente en el tamaño, a veces superior a los 100 m2, y en su distribución. ¿Para qué quiere Paca una casa tan grande para ella sola? ¿Y la gente joven que es objetivo de los especuladores? Esos no conocen ni lo que es semejante área. Así que gran parte de los edificios que se han ido quedando vacíos, previa venia del ayuntamiento de turno, son remodelados buscando un modelo más “acorde con las necesidades de los individuos que van a ocuparlos” y de espacio más reducido. Es decir, se aumenta el número de viviendas existentes y se reduce la superficie de las mismas, rentabilizando de forma óptima el espacio.

https://www.flickr.com/photos/jafsegal/4373690544/in/set-72157621905134894
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De esta manera se aúnan servicios de alto valor, con cierto halo de exclusividad, con espacios residenciales a los que se les transfieren dichas características (aunque los paneles de pladur ni sean de alto valor ni demasiado exclusivos).

En conclusión, se fuerza el desarrollo de un nuevo tejido urbano en el que no tienen cabida ni los comercios tradicionales ni la población envejecida en aras de una ocupación más intensiva del espacio. Eso es lo que se llama gentrificación. Próximamente en todas sus pantallas.

Coda: Paca la del 4º se ha ido a vivir con su hijo, su nuera y sus dos nietos al apartamento en la Manga del Mar Menor que ganó cuando participó hace veintiocho años en el “Un, dos, tres”. Todos con la pensión de ella. Pero eso es una historia que contaremos en otra ocasión.

Del insulto como argumento político


insulto.

(Del b. lat. insultus).
1. m. Acción y efecto de insultar.
2. m. desus. Acometimiento o asalto repentino y violento.
3. m. desus. accidente (‖ indisposición repentina que priva de sentido o de movimiento).

insultar.
(Del lat. insultāre, saltar contra, ofender).
1. tr. Ofender a alguien provocándolo e irritándolo con palabras o acciones.
2. tr. desus. Dicho de una enfermedad: Atacar, acometer.
3. prnl. Cuba. encolerizarse.
4. prnl. p. us. Sufrir una indisposición repentina que prive de sentido o de movimiento.

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Es bien sabido que para ser político no es requisito haber estudiado, que no se exige un mínimo de preparación previa alguna. Por no tocar el tema de los idiomas, especialmente el inglés. También se sabe que para ser político no es necesario haber trabajado nunca, pudiendo llegar a ser ministro, como es el caso de Fátima Báñez. Pero no sólo me refiero a la empresa privada. Es que si, por casualidad, aprueban la oposición que les de una plaza en algún organismo público, piden la excedencia y no trabajan ni un sólo día en aquel puesto para el cual (es una suposición) han tenido que estudiar hasta que han terminado con los codos pelados (la broma de las rodillas se me ha pasado por la mente, pero he preferido dejarla de lado).

Pues bien, llegan a su puesto de responsabilidad política porque su partido ha logrado la mayoría suficiente como para gobernar (es un decir, es bien sabido que el sistema electoral español, gracias a la ley D’Hont y el cociente Droop, es de todo menos justo y proporcional. Por no mencionar la alergia de los partidos “mayoritarios” a las listas abiertas) y es la hora de llevar a la práctica las promesas que les han llevado a su privilegiada nueva posición. Y ahí, los políticos, independientemente de su género sexual, son como los hombres: PROMETER HASTA METER Y UNA VEZ METIDO… os hacéis cargo ¿no? Empiezan escudándose en las excusas más peregrinas, en el “yo no quería, pero UE/FMI/Merkel/Conferencia episcopal me ha obligado”, “la herencia recibida” y el argumento estrella de todos los gobiernos “y el anterior más”.

INTERNET: EL ENEMIGO DEL POLÍTICO FALTÓN

Hasta hace relativamente poco las excusas eran relativamente útiles: la gente no tenía más acceso a la información que a través de la radio, la televisión y la prensa, era unidireccional. El españolito recibía la información y ahí se quedaba. Se podía cabrear más o menos, lo podía compartir con sus amigos, familia y compañeros de trabajo, pero no pasaba de la pataleta que se contaba a una serie de personas sin ninguna relevancia para el que estaba en el poder. Pero he aquí que eso cambió y llegó… INTERNET.

Seamos sinceros, la llegada de internet (mediados de los 90) y su generalización no supuso más cambio que un incremento descomunal de la información a la que el personal nos veíamos expuestos. No es hasta que se desarrolla el aspecto más social de la red (lo que llaman redes sociales o web 2.0) que la gente deja de ser el receptor pasivo de la información que recibe a convertirse en generador de la información. Hasta la llegada de Facebook o Twitter. Y entonces es cuando los políticos vieron que la población se desmadraba. Y les da miedo: antes podían soltar alegremente cualquier comentario jacarandoso que dejara al descubierto su incapacidad de gobernar o su desprecio por sus electores y, sobre todo, por el resto de la población del país: la repercusión de esos comentarios no iba más allá de unas cuantas pataletas sin importancia; desde que internet entró en nuestras vidas, sus argumentos y ocurrencias se difunden a tal velocidad que un error puede ser la chanza de la semana, poniendo a sus protagonistas en la picota.

Los ejemplos son múltiples y sangrantes. El más delirante es la explicación de lo que es una “indemnización en diferido”

Hasta hace poco tiempo, un dislate de esta envergadura se hubiera convertido en una mera anécdota. Pero hoy se comparte en las redes sociales, se hace chanza de todo ello a una velocidad inusitada. Vamos a conceder a ésta persona el beneficio de la duda y la vamos a considerar una persona inteligente: Está claro que ni ella misma se cree unas excusas que, pese a llevar por escrito, es incapaz de mantenerlas sin tartamudear y trabarse. Sabe que está faltando a la verdad y, al empecinarse en mantener su falacia, sus declaraciones se convierten en un insulto para la inteligencia del común de los mortales.

Aunque no es el único momento de insultos de ésta política, cuyos votantes son “los que pagan la hipoteca“. Afirmación que se volvió en su contra a través de Twitter con un hashtag justificado pero de cierto mal gusto (por más que lo comparta, creo que somos lo suficientemente educados como para poder evitar caer en la zafiedad)

Sus amplios conocimientos de historia la llevan a comparar esto:


(via @JaimeAlekos)

con esto otro:

porque “Se violenta el voto”. Claro. El problema es que la población, se ha cansado de argumentaciones, mentiras, despilfarro y corrupción y quieren recuperar el “demos” de la “democracia”, no meter una papel en una caja de plástico barato una vez cada cuatro años. Y eso atemoriza a los violadores de la democracia.

Esta señora es una de los que se han erigido en gurús del insulto como argumento político. Porque también podemos revisar los insultos de Arias Cañete: sugiriendo “duchas de agua fría para ahorrar energía” mientras comemos “yogures caducados“. O Martínez Pujalte indicando que los afectados por las hipotecas quieren la dación en pago “para poder comprarse otra vivienda“. Y claro, también está Alicia Sánchez-Camacho, que ante el descubrimiento de que se le triplicó el suelo se justifica diciendo “Hago lo mismo que han hecho otros presidentes del PP“. Sí, es una pena que la tradición entre los presidentes peperos no fuera emigrar…

Tampoco es despreciable el insulto y la falta de educación de Bárcenas que, estando en el ojo del huracán por haber hecho con dinero propio, ajeno, declarado, negro, legal e ilegal, todo aquello que le ha venido en gana, regaló a los periodistas (por ende, a toda la ciudadanía) una castiza peineta.

No sé si llamarlo insulto, pero lo que está claro es el desprecio que siente el presidente del Gobierno hacia la gente de su país. En un principio pensé que se trataba de la agudización de los múltiples complejos de los que ha hecho gala durante todos los años que ha estado en la oposición, pero no, lo que le ocurre al señor Rajoy es que se cree por encima del resto de los mortales y por eso hace declaraciones vía televisión de plasma a unos periodistas que están en la habitación de al lado. Sí, televisión de plasma, el enemigo de la política y culpable de la crisis económica (esas declaraciones también podemos considerarlas como un insulto).

ABORTO= ANALFABETISMO+TERRORISMO+FRACASO

Con la reciente modificación de la ley del aborto (esa que nos devuelve a los años 80) nos hemos encontrado con joyas del insulto que valen su peso en oro. Sin entrar en el hecho de que es un insulto a los derechos de las mujeres (jaleadas además por hombres y por sacerdotes) ciertas “políticas” también se han apuntado a la moda de defender las ideas mediante el insulto, como es el caso de Beatriz Escudero, una mujer que compara el embrión humano con el de los calamares. Si eso no fuera suficiente, la buena señora desarrolla una ecuación que pone en relación el nivel educacional de la mujer con la probabilidad de que aborte. Todo lo cual se basa en estadísticas que no cita. No vaya a ser que la realidad le rebata un (insultante) argumento. Es lo que viene a denominarse comunmente “hacer un Toni Cantó”. Al hilo de éste tema, los políticos, en concreto el pío Jorge Fernández Díaz no tardó en comparar el aborto con el terrorismo. Imagino que no es que quisiera insultar la inteligencia de la opinión pública sino que quería llevar a su terreno un tema que no compete al ministerio de Interior. A todo esto, me viene a la mente ¿por qué el aborto es competencia del Ministro de Justicia si, en realidad, es un tema de salud? Bueno, eso supondría que caería en manos de Ana Mato, que no sé qué es peor. Volviendo al tema del aborto, insultan a las mujeres llamándolas analfabetas y terroristas. Y Soraya Saenz de Santamaría, en lugar de mantener el perfil bajo, lo remacha diciendo que el aborto es un fracaso. Ahí lo llevas.

Y LOS CACHORROS QUE VIENEN DETRÁS

Nuevas (de)generaciones de políticos se están apuntando a ésta moda. Gente que estaba calentando el banquillo de las piscifactorias políticas (Nuevas Generaciones o Juventudes Socialistas) y que nadie conocía más allá de los implicados en políticas juveniles en el ayuntamiento/comunidad en la que viven. Suelen ser esos que aparecen con cara de apailados detrás del lider de turno cuando este hace un mitin en la ciudad de turno. Ahí nos encontramos a Beatriz Jurado afirmando que PSOE e IU “solo quieren jóvenes borregos” mientras el PP quiere jóvenes que trabajan. Ahí nos encontramos con el problema de la “movilidad exterior” que tan bien explicó la verborréica y devota de la Virgen del Rocio, Fátima Báñez: los jóvenes en España se están viendo obligados a emigrar. Los que se quedan es por que tienen un enchufe en el PP como es el caso de Carromero que cobra 50.000€ al mes por hacer no se sabe exactamente qué ni con qué mérito (más allá de conducir el coche en el que murió Osvaldo Payá), el de Juan Carlos Caballero cobrando 45.000€ por ser guapo o el de Miss Baleares 2009. Y como Beatriz Jurado no se queda a gusto con lo de (el silencio de) los borregos y envalentonada porque sus estulticias tuvieran un altavoz, no se sonroja en afirmar que Bañez es el hada madrina de los jóvenes. Somos más de 6 millones de personas deseando que lo demuestre.

MENCIÓN ESPECIAL: Juan José Pérez Macián

Este energúmeno se explayó en un artículo contra el 15-M en términos vergonzantes:

Híbridos de hiena y rata. Sí, os digo a vosotros: ¿Se os ha tragado la tierra?. ¿Os han comido los gusanos?. ¿Dónde estáis?. ¿Debajo de qué piedras os escondéis ahora?. ¿Por qué no se os ven ahora las rastras?. ¿No sabéis dónde está la calle de Ferraz?. ¿Ni la dirección de la Junta de Andalucía?. ¿Por qué no se os ve ahora con perros y flautas ante las sedes socialistas?. ¿No tenéis nada que decir a los de CCOO y UGT?. ¿No?. ¿No habéis sido capaces de autoorganizaros en tantos días que han transcurrido ya desde que la Juez Alaya desenredó el repugnante escándalo de los ERES de Andalucía?. ¿Habéis perdido todos el smartphone?. ¿Os habéis quedado sin whatshapp?. ¿Os lo ha desactivado el PSOE?. ¿O es que os parecen pocos millones de euros los 50 robados de las arcas públicas andaluzas a parados y necesitados?. ¿Que un sindicalista andaluz se haya embolsado cuatro millones y medio de euros a costa de los parados, ya no merece vuestra protesta airada y alimentada de insultos y agresiones con ese estilazo que os caracteriza cuando incendiais la calle Génova?. ¿O es que éstos chorizos de la izquierda sí os representan?.

No sólo no se ha retractado de sus palabras, es que su partido ni siquiera le ha amonestado. De dimitir no hablemos, por favor.