Archivo de la categoría: el sueño ingravido de las ballenas


                                                                  Sabe que le resulta necesario
                                                                  aprender a vivir en otra edad,
                                                                  en otro amor,
                                                                  en otro tiempo. 

                                                                  Tiempo de habitaciones separadas.
                                                                  Habitaciones separadas, L.G. Montero

…hemos llegado a un tiempo
de ciudades distintas
y camas individuales.

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Más sencillo


Por supuesto
que hubiera sido más sencillo
echarte de menos
cuando te hubieras ido
que cuando estaba entre tus brazos,
cuando respirara el ausencia
que cuando sentía tu colonia;
hubiera sido más fácil,
desde luego.

Pero no habría tenido mérito alguno.

Porque la certeza de la orfandad
tiñe los cristales
con el vaho del frío
que hace afuera,
porque la certidumbre de tu partida
servía para agriar
esos momentos dulces
que bebíamos tibios
y agitados, que no revueltos,
haciéndonos los fuertes
entre las sábanas.

Qué le voy a hacer.

Nunca me gustaron
los finales felices
ni las salidas de emergencia,
y los atajos sólo me sirven
si el camino es más tortuoso.

Hubiera sido más sencillo
echarte de menos tras tu partida,
que echarte de más
cuando aún estabas entre mis piernas;
hubiera sido más fácil
más lógico
más normal
pero no habría valido la pena.

Siempre y todavía


Acaba la noche
con una elipsis
de puntos suspensivos
antes de que despiertes a mi lado.

Siempre,
ojalá esto pasara siempre,
la elipsis
y el despertar.

Pero todavía duermes,
aún no has vuelto
al mundo de la vigilia.

Me desperezo
y tu rostro
se difumina con la media luz.

Siempre que despierte
esperaré encontrarte a mi lado,
aunque no estés,
aunque todavía sigas dormido.

La blancura anónima de las sábanas,
refugio que encontré
entre tus brazos
para mirar la mañana
con otros ojos.

Siempre despertaré a tu lado,
en realidad,
espero hacerlo.

Last time I woke up in Hiroshima


Conoces las costuras de mi alma
vista desde afuera
y el sabor a herrumbre
de mis mañanas de resaca,
la parábola de mi brazo
para dar un calada al cigarro.

Estas lo suficientemente lejos
para tener perspectiva,
pero no es lo suficientemente cerca
para que yo no te eche de menos.

He aprendido a llamar a tu fantasma
por su nombre de pila,
a invocarte y maldecirte,
y a esperar tu voz
desde la infinita distancia
de la línea telefónica.

Me temo que ya es tarde
para volver al punto de partida,
pero me da igual,
aparece en todos los mapas.

Despiértame
cuando pueda llorar contigo,
pero no por ti,
nunca por ti.

El exilio de los viernes


Me he desterrado de los viernes
y de tus ojos,
sin embargo nunca una ausencia
se me había parecido tanto,
tanto, al recuerdo.

Con el paso de los años
las heridas
son ahora rendijas
en vez de profundos pozos
en los que vivir tu exilio.

A fuerza de odiarte tanto,
tanto, he atravesado la línea
del cariño.

He querido abrazarte
y encuentro mis brazos vacíos.

Pero el tiempo
no significa olvido,
sino heridas menos profundas,
apenas arañazos.

He querido besarte
y no he hallado tus labios.

Me he desterrado de los viernes
que van de enero a diciembre,
pero no por eso
me siento más vacío.

Preferiría haberte odiado
con el exceso de la lujuria
que amarte
en presente simple,
pero a veces
no es posible aguantar tanto,
tanto, silencio.

La soledad del corredor de fondo


Me he acostumbrado
a la autosuficiencia normativa
que habita en tus ojos
para terminar tomando las riendas
de mis noches,
que tensas y relajas
para conducirme entre tus piernas,
acostumbradas a recorrer
burdeles y lupanares,
y calles solitarias
en las que el deseo
es moneda de cambio.

Me he acostumbrado
a las palabras gélidas
de tu ausencia,
a la distancia grosera y vasta
que, más que hacerme daño,
me ha inmunizado
contra el delirio.

Relajada la presión
entre mis sienes,
una vez que he corrido
hacia el precipicio de todos los apeaderos,
a todas luces
insuficientes para una maratón,
he llegado al recuerdo
con los párpados pesados
del cansancio,
pero también con la certeza
de que he elegido el camino
adecuado.

Conclusión (Haiku)


Los chicos guapos
mienten
cuando dicen la verdad.

De la lujuria como excusa


…tus largas piernas
atrapándome contra el asiento de atrás
de tu coche,
acatando las estrictas normas
de la lujuria.

La próxima vez
-si es que la hay
recuérdame
como ésta noche.

Con la espalda bañada de luna.

Con el alma náufraga.

Y tus labios en mi piel.

O mejor aún,
olvídame,
que el que juega al escondite
con el deseo
siempre se encuentra
con el desengaño.

Autocomplacencia


Me ves respirar
dormido
en la cama,
cuando sales del cuarto
y tus pies
te parecen
lo más real a lo que puedes asirte.

Sólo piensas en ti mismo.

Me ves respirar
mientras abandonas el cuarto
buscando retazos
de la noche anterior
con los que construirte
un recuerdo a medida.

Sólo piensas en ti mismo.

Me ves hundirme,
dormido,
en la cama,
buscas un salvavidas
que te arranque
del pecho
éste error.

Sólo piensas en ti mismo.

Y no sé reprocharte lo egoísta que eres.

Me ves hundirme
respirando en la cama
mientras la habitación queda lejos
y la mañana
hiere tus pupilas
con su amarga calidez.

Sólo piensas en ti mismo.

Y aún no sé cómo odiarte.

Despertar prematuro


Tan cansado de caminar
descalzo
sobre los cristales rotos,
como un mártir
de estampita
de tienda de baratillo,
que a veces
-sólo a veces-
me arrepiento
de haber tenido que tallar mis días
con buril y cincel.

Tan hastiado
de mirar tras el cristal
que me arrepiento
de haber olvidado cómo se respira.

Y ahora qué.

Otra vez el sueño
de un despertar prematuro.

Qué le voy a hacer
si no encuentro excusas
y no estoy seguro
de porqué amanece tan temprano,
de porqué puedo seguir solicitando
asilo,
acogiéndome a sagrado.

En fin.

No puedes intentar humillarme,
tan aburrido estoy
de tus contradicciones
que el alma ya no me duele.

El alma ya no me duele.