Turistas


Aprendieron a buscar direcciones a tientas,
empeñando los días
por billetes que no llevaban a ningún sitio.

Las sirenas les saludaban a su paso.

Tras la máscara, los ojos vacíos,
tras la máscara, días truncados
por un espejismo de libertad
(cómo se les llena la boca
con esa palabra)
que hace de lastre en su maleta.

Las polillas persiguen su llama de vencedores.

Las fronteras de su pasaporte
muestran el daño
que han hecho millares
de soterradas guerras civiles
de alquitrán y mareas muertas.

Llenaron sus cantimploras en las aguas del Léteo.

Desnudan su pecho a base de golpes,
poner la otra mejilla
para abandonarse al tranquilo
desasosiego de las horas moribundas
y al origami de los derechos ajenos.

Las musas denunciaron el acoso de sus pasos.

Cualquier otra parte es un destino
como otro cualquiera.
En su tarjeta de embarque
una base petrolífera en medio del mar
es solo una escala.

Son indignos de las venganzas de un dios.

Escupen con la pleitesía del tirano,
la bilis es su elixir para la tragedia,
deslustran con divisas
lo que atesoran los ortodoxos,
se alojan en castillos de aire.

El minotauro les enseñará que no se llaman Teseo.

mp3: Radiohead «The tourist»

Con aroma a sardinas


sardinas

Mamá trabajaba en un merendero cerca de la playa. Conoció a mi padre cuando le sirvió un plato de sardinas asadas. Nunca se habían visto hasta entonces. Entre las dunas él disfruto de su olor de la leña donde asaban las sardinas. Ella del olor a colonia fina de señorito de ciudad con un recoveco de sudor fresco. Nunca se volvieron a ver desde entonces.

mp3: Patrick Wolf “Magpie”

Interior. Frío de 1808


interior

Un viaje de dos euros
a la crueldad,
más allá de la ingratitud
patrocinada por las lacras
simultáneas del honor y la gloria
que se va haciendo fuerte
entre los débiles de ánimo,
de los mohines de hastío
en el rostro de maniquíes
con ojos lúgubres
suspendidos en un desatino
y último aliento
cuando se amontonan las venganzas
en rincones inhóspitos,
de las dignidades soterradas
de nazarenos de alquiler
que vengan noches ajenas
en lupanares anónimos
con la furia comedida
de aquellos que tienen miedo
a los payasos,
de las culpabilidades al peso
que lastran los trastabilleos,
de las singularidades
que castran patrones
repetitivos de conductas
inmorales,
de los favores concedidos
con un cañón besándote
las sienes
el cielo de la boca.

mp3: Nina Simone “Blue Prelude”

Cómo apagar un conato de incendio


comoapagarunincendio

Siempre le ha gustado verla imitando a Audrey Hepburn con los leggins ajustados, el jersey de cuello alto, todo en un sobrio negro, mientras fuma, ausente, apoyada en la barandilla del balcón. A contraluz, parece dibujada a carboncillo. Siempre que no está la recuerda así, acodada y ausente, fumando uno de esos cigarros largos que solo compra ella. En su recuerdo a veces lleva el pelo suelto, las mas de las veces en una coleta alta, tan tensa que parece estirar sus facciones.

Ella se postrerna a su lado, con cierta cualidad felina, y huele a limón. Siempre le acompaña ese aroma con una nota cítrica, especialmente por las mañanas, sobre todo entre sus piernas. Acaricia la parte exterior de su muslo con ternura, él ni se solivianta, pero es capaz de rememorar exactamente la palidez de su mano, la longitud de los dedos y la curva que hace su muñeca al tentar cualquier parte de su cuerpo. Levemente, ella posa la cabeza en su hombro, el aroma a espliego de su champú se mezcla con ese toque ácido que siempre tiene, inunda sus fosas nasales. Él se da cuenta de que se está mordisqueando el labio inferior, con su lengua nota cierto escozor aliviado por la saliva y el ligero abultamiento de la inflamación producida por la succión de los besos con los que se han estado entreteniendo mientras haraganeaban entre el caos de sábanas y mantas.

Ella mueve la cabeza, tratando de alcanzar su boca, su campo de visión se opaca y se centra en lo que su madre llama el pico de viuda, el nacimiento del pelo. No puede ver nada más mientras nota el leve aleteo de los labios de ella sobre los suyos. Trata de apartarse a tiempo, pero el inequívoco estruendo de la televisión le indica que no ha sido lo suficiente ágil. Estrella el mando de la consola contra la mesa.
-¡Joder! ¡Que estaba a punto de pasarme el puto juego!

mp3: Ruidoblanco “Última versión de ti”

Incertidumbres


 

incertidumbres

Al principio fue la incertidumbre,
un agujero negro
en medio del pecho,
al final de todas las direcciones
de ésta vetusta brújula.

Poco a poco los traspiés,
las corazonadas fallidas,
los chantajes del confesor,
las preguntas retóricas
que siempre callamos.

Sin aviso previo
o justificación alguna,
atrapado en la narcolepsia cinética,
el cielo cambia, del color
de una herida que escuece,
aquél que se pinta en los exilios.

La valentía es un arma
de doble filo,
una amenaza para los cobardes,
para los bravos, una carga.

Esto puede ser
el preludio de un insomnio
                         tres remordimientos
                                cuatrocientos golpes.

mp3: Eric Satie “Gymnopedie nº1”

La vida hasta aquí


 

Este es el poema que da título al último de los poemarios que considero terminados. Ahora mismo tengo dos empantanados, lo cuál es mucho más de lo que he logrado en un tiempo.

lavidahastaaqui

Ya que por las venas
me laten bostezos,
que en los tictacs
de los relojes
se pelean los instantes,
que en los mapas
se oxidan las chinchetas
de los lugares clavados
donde te olvidé,
creo que he decidido regresar
como vuelve el viento
como vuelve el rumor de las olas
empapados los pies de horas
que he despilfarrado alguna vez.

En los espejos busco mi mirada,
encuentro puntos suspensivos,
me revuelco en la apatía
de un tormento prestado,
trato de no preguntarme
por recuerdos que me laceran
como un muñeco vudú.

Es fácil sentir compasión
por uno mismo,
lo complicado es mantener
las ganas de arder en el infierno.

No me han pedido opinión,
la comparto de forma gratuita:
mejor escupir
que ahogarme en mi bilis.

mp3: Nosoträsh “Puta conciencia”

Anatomía del desastre


 

anatomiadeldesastre

El dictador bendijo los alimentos
(murmuraba entre dientes)
(susurraba herrumbre)
las horas crujían en un suspiro.

Se llenaron de polvo todas las buenas intenciones,
se agusanaron,
se apolillaron
(se dice que prefirieron exiliarse)
(se comenta que fueron fusiladas una noche de noviembre)

Dijo otra vez los amenes y los parabienes
con los que adormilar conciencias,
sortilegios y juegos de manos
con los que justifica la mierda
que esconde bajo la alfombra
(la prestidigitación siempre ha sido
un arte menor)

Las hojas secas del otoño
desnudaron a las modelos famélicas,
hambrientas de oropeles,
codiciosas de martas cibelinas
para cubrir sus hambres.

La gorra de plato del dictador
las medallas
los galones sustraídos
al honor y a la gloria
deslumbraron a la audiencia
justo antes de que España
marcara un nuevo gol

(respiró aliviado)

(su resoplo de alivio
calló el gemido
de los muertos en el armario)

mp3: Nacho Vegas “Un desastre manifiesto”

Egolatría deslustrada (o tengo un ego que no me cabe en esta bocaza que tengo)


Dedicado a Lady S. (and you know why)

bocazas

“Y yo…”

“Pues a mí…”

“Es que mi…”

“Yo…”

Debe ser lo bueno de ser un travelo que hace la calle: tienes tantas experiencias en tu vida que eres capaz de extrapolar cualquier historia, cualquier anécdota, cualquier relato a alguna relacionada con la vida lumpen que has vivido.

“Y yo…”

“Pues a mí…”

“Es que mi…”

“Yo…”

No hace falta que escuche lo que tiene que decir su interlocutor, en cuanto encuentra un hueco (o no, también sirve callarle interrumpiendo) lanza su preparada diatriba sobre cualquier tema que se prepare la noche antes.

“Y yo…”

“Pues a mí…”

“Es que mi…”

“Yo…”

La lumi con la que comparte esquina, la mira con perplejidad: acabar de llegar de Rusia y no entender castellano no es obstáculo para quedarse sorprendida ante un torrente de palabras acompañadas de una hiperbólica gesticulación con la que hacerse entender.

“Y yo…”

“Pues a mí…”

“Es que mi…”

“Yo…”

Una vez estuvo trabajando a las órdenes de un proxeneta, un rufián del tres al cuarto, al que llamaban “Media leche” porque salía escaldado cada vez que se metía en alguna rencilla por una esquina en la que colocar a sus protegidas.

“Y yo…”

“Pues a mí…”

“Es que mi…”

“Yo…”

La que mejor lo sobrellevaba, la que lo aguantaba sin decir ni mu, era una madre sorda con la que compartía la destartalada habitación de un quinto interior sin ascensor.

“Y yo…”

“Pues a mí…”

“Es que mi…”

“Yo…”

mp3: Michel Teló “Ai se eu te pego”

La balada de los hipócritas


 

aceofspades

Llegarán tahúres que vendaran los ojos a los iracundos.
 
Dirán que eso está mal,
dirán que no está nada bien.
 
Que todo lo hacen
en beneficio de las familias
que viven bajo el puente,
allá a lo lejos,
donde el horizonte juega a los dados
con las nieblas;
porque las de aquí se cobijan
bajo esqueletos de paraguas,
pero eso no está tan mal.
 
Si los niños tienen sed,
que esperen a la lluvia
atraída por el brujo navajo,
seguirán diciendo que es lo correcto.
 
Dirán que ellos no han inventado nada,
que solo se trata de destruir
lo que no llena sus bolsillos,
capitalizando su hipocresía
de ratas con traje
en el asiento de atrás de su limusina
que eso es lo que está bien.
 
Conflicto.
 
El de sus intereses
contra los de los demás
(los tahúres siempre llevan ases en las mangas)

mp3: Joaquín Sabina y Viceversa “La balada de Tolito”

Beeee beeee


 

sheep

Ya que nos venden a los lobos,
los pastores que tanto porfiaron
con su llegada,
el degolladero sigue
sin ser una opción
y escapar no tiene viso alguno
de llegar a cualquier parte.
 
Si esto fuera una película del oeste,
nos creeríamos capaces
de vender caro nuestro pellejo
impostando un rostro impenetrable
tras el que esconder
nuestro interior de perro de porcelana.
 
Las puertas al campo
son giratorias para los rabadanes
que solo pisan las alfombras
rojas de nuestras vergüenzas,
les damos las gracias por el fuego
les damos las gracias por el sol y la luna,
balamos de agradecimiento
cargando con nuestros yugos.
 
Desde este lado de la verja
deberíamos ser capaces
de escandalizarnos
por su incestuoso encamamiento,
pero es mejor aplaudir a los focos,
sonreír ante la cámara,
arrancarnos la piel
por otros cinco minutos de fama.

mp3: Extremoduro “Sucede”

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