Remembranzas culinarias


 

Que la comida nos trae recuerdos no es nada nuevo, que se lo digan a Proust y a sus madalenas. Esto viene a colación de que estoy metido en la cocina preparando un curry y he recordado la primera vez que lo probé. Yo debía tener 23 o 24 años y estaba en plena efervescencia de liberación homosexual, vamos, lo que viene a llamarse la fase puta que viene tras la salida del armario.

Estaba por aquellos entonces en una relación un tanto extraña con un tío que me sacaba catorce años y me parecía el tipo más interesante que he conocido nunca (lo siento por las parejas que he tenido después: ninguno ha superado ese listón): era mayor que yo, tenía una vida MUY interesante, amigos con los que tener conversaciones que retaban intelectualmente, gente con la que podía hablar de cocina y acto seguido debatir sobre María Zambrano, me llevaba a cenar a sitios donde ni se me hubiera ocurrido ir, visitábamos calas que nunca he vuelto a pisar… Volviendo al curry, éste chico, bueno, hombre, tenía un novio que vivía en Los Angeles (casi nada) y llevaban una relación abierta. Vamos, que se ponían los cuernos mutuamente con el conocimiento y el consentimiento del otro. La cosa es que el novio fue de visita a Santander y me invitaron a cenar a su casa porque iban a preparar curry. Ésa fue la primera vez que lo probé y, en honor a la verdad, me encantó.

Después han venido otros currys y otros hombres. Buenos, malos, mejores o peores. Pero ninguno igual.

mp3: George Michael “Outside”

Autosuficiencia


Un interludio antes de seguir con Catholic Star System

Veamos lo que el diccionario nos dice al respecto de éste término:

autosuficiencia.

(De auto- y suficiencia).

1. f. Estado o condición de quien se basta a sí mismo.

2. f. suficiencia (‖ presunción).

Fuente: www.rae.es

Parece que no queda excesivamente claro, ya se sabe que lo que es la RAE es bastante parca en explicaciones. Vamos a ver si se explica mejor con el adjetivo:

autosuficiente.

1. adj. Que se basta a sí mismo.

2. adj. suficiente (‖ que habla o actúa con suficiencia).

Fuente: www.rae.es

Vaya caso, estos se explican igual que un libro cerrado. Tomando como base eso de “Que se basta a sí mismo” podemos inducir que, referido a una persona, se refiere a alguien capaz de subsistir por sus propios medios, sin ayuda de terceros. Evidentemente, en un entorno social como el que nos movemos hoy en día eso es prácticamente imposible. La intervención de otros congéneres muchas veces es inevitable, la mayorías de las ocasiones es imprescindible, necesaria, no siempre agradecida. Así, somos entes sociales, nos movemos dentro de lo que es ésta sociedad requiriendo de la cooperación y la interacción de los otros. En cierta forma, la autosuficiencia pura, es una falacia en sí misma.

Ahora bien, la realidad no es tan plana como la pintamos, ni mucho menos, más al contrario, esta conformada por múltiples facetas, en algunas de las cuales sí que podemos encajar la autosuficiencia.

Volviendo a la reveladora definición de la RAE, la segunda acepción propone una concepción negativa al equiparar suficiencia con presunción.

presunción.

(Del lat. praesumptĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de presumir.

2. f. Der. Hecho que la ley tiene por cierto sin necesidad de que sea probado.

Fuente: www.rae.es

Todo queda mucho más claro, dónde va a parar: si eres suficiente, eres presuntuoso y, por ende, presumido. Y todos sabemos cómo acabo cierta rata que se compró un lazo y terminó durmiendo con su enemigo (para quien no esté familiarizado con la referencia al folklore infantil, puede enterarse aquí)

A nivel personal (nadie es un buen juez de sí mismo, lo sé) me considero bastante autosuficiente, vamos, que soy de los que se sacan las castañas del fuego. A veces me cuesta. Y a veces me cuesta hasta pedir ayuda, uno es así de cabezón y orgulloso. Pero no me jacto de ello. Espera. Estoy escribiendo una entrada al respecto. Sí que estoy siendo presuntuoso. En fin, yo no tengo la culpa de ser tan sexy.

mp3: Boy hits car “This song for you”

Catholic Star System: pareja cómica


 

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Ambas llevan el mismo traje de chaqueta, corte perfecto, color inmaculado, firmado por un gran diseñador convencido para la causa, pero no parecen el mismo. El tinte, del mismo número, no resalta los mechones de una de la misma forma que a la otra a pesar de todos los intentos de las estilistas contratadas para peinarlas igual. Mientras una anda airosa sobre tacones que darían vértigo a un drag-queen, la otra mantener un precario equilibrio que evite que se dé de bruces contra el suelo y haga el más espantoso de los ridículos. Han tratado convertirlas en las perfectas apóstoles de la buena nueva y han logrado transformarlas en las dos caras de una misma moneda. No es que una sea peor que la otra, pero ésta derrocha glamour y saber estar donde la otra se siente como un pez fuera del agua. Aunque las dos saben exactamente lo que tienen que decir cuando tienen un micrófono, una grabadora, una cámara delante.

– Eres afortunada de ser la abuela del hijo del señor- sonríe mostrando una perfecta y refulgente hilera de dientes.
– Muchas gracias… y gracias por apoyarnos en ésta causa. Dice mucho de tí- su sonrisa no le llega a los ojos.

Llevan varios días sin separarse la una de la otra. Su confesor le dijo que sería buena idea que la acompañara como portavoz de la próxima llegada y desde entonces parecen gemelas, siempre vestidas, peinadas y maquilladas igual. A veces los periodistas dudan de quien es la verdadera abuela y quien es la rutilante estrella que les da apoyo.

– Gracias a vosotros por haberme acogido de tan buen grado, me siento como si formara parte de una gran familia- aunque si no fuera por mí toda ésta historia no tendría ni la mitad de eco mediático que tiene, porque sí, tenéis una virgen preñada pero si yo no estuviera aquí ninguno de esos periodistas de segunda fila os harían el menor caso. Y esos periodistas son los que llegan a la gente y la gente lo que quieren son gente glamourosa como yo, no payasetes arribistas que no saben ni cómo comportarse en público.
– Pero si no fuera por ti…- lo tranquilos que estaríamos, que hay que fastidiarse con la famosilla ésta, que no ha hecho nada y no hace más que chupar cámara y hacer declaraciones como si la realmente embarazada fuera ella. Que ya me he dado cuenta yo de que nos mira por encima del hombro, que no estamos a su nivel. Puede que yo no tenga tanto dinero y tanta educación como ella, pero yo nunca me he rebajado ante nadie y una es una mujer decente, que no sé yo si ella lo será porque me acuerdo de haber visto en la televisión cada cosa sobre ésta. –… habría gente que no escucharía la buena nueva.

El cumplido la halaga, sabe que es cierto. Desde que ella se ha unido son la comidilla de todos los programas de televisión y muchos otros conocidos aristócratas y artistas se han unido a su causa. Ella sabe que es la verdadera estrella y que la gente les sigue porque ella participa, sino de qué Harmani se iba preocupar por vestirlas a ambas. Ni en ese programa del sábado por la noche les dedicarían cuatro horas de entrevista. Estaban cambiando el mundo, la fe de la gente, pero ella sabía que era realmente ella la que lo estaba provocando. La otra es capaz de leer en su cara lo que está pensando y la reconcome por dentro que se esté convirtiendo en protagonista por encima de su propia hija, pero sabe que el tiempo pone las cosas en su lugar y que cuando nazca SU nieto el equilibrio se volverá a restablecer. Armada de paciencia cristiana se dispone a esperar a interpretar su abuela del nuevo hijo del altísimo.

-Nena, espera un momento que se te ha salido un mechón del moño- le arregla con pericia el peinado. Esta no sabe ni peinarse, de verdad que si no es por esto de qué me iba a juntar con una ordinaria como la aquí presente que no sabe estar ni se ha visto en una como esta en su vida. Es que no tiene ni idea de cómo llevar el traje y mira que es difícil llevarlo mal con lo maravilloso que es.
– Ay, gracias, que no me había dado ni cuenta, con este viento…- si me vuelve a tocar no sé si seré capaz de comportarme. Que el padre de mi nieto me perdone, pero ésta mujer es mala, sólo está aquí para hacerse publicidad, que me conozco a las de su calaña, que siempre están intentando salir en televisión y es lo que quiere ésta, que se le ve a la legua.

Ambas se miran, se miden y se sonríen. Para volver la cara en cuanto pasa el tiempo prudencial establecido por las convenciones sociales.

mp3: Nudozurdo “El hijo de dios”

Catholic Star System: guest starring


 

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Las luces del estudio no la deslumbran: ella ha visto la luz de la virgen y ningún resplandor se puede igualar a ese. Antes de que se encienda la roja lamparilla de la cámara ella ya ha arreglado la chaqueta de su Chanel, se ha atusado ligeramente el cardado del cabello y humedecido levemente los labios, más que sentarse, se ha colocado en la silla en el ángulo más favorecedor posible. Es consciente de que su imagen ya no es la de aquella musa de los grandes diseñadores de los años 60, pero todavía es capaz de transmitir la misma seguridad, la misma determinación. Y es lo que le ha convertido en uno de los apóstoles de la nueva revelación, de la buena nueva. Se siente honrada del papel que juega en ésta historia y así se lo hace saber a la presentadora que la mira con la cara de pasmo propia de las adictas al botox, la cual no hace más que preguntarla sobre su opinión sobre la llegada del segundo hijo de dios. No viene a salvar al mundo, indica, viene a salvar a la humanidad. Una frase típica, tópica, que los curas no dejan de utilizar. Atrás quedan las fiestas de alta alcurnia en las que ella era la estrella invitada, ahora reconoce, con forzada humildad que está al servicio del que está por venir y que eso la satisface plenamente en todos los ámbitos de su vida. No echa de menos, para nada, esos vulgares y superficiales encuentros con arribistas, pobretones de rancio abolengo, modelos con callos en las rodillas, proxenetas con un Jaguar en la puerta y demás fauna con la que se tenía que relacionar en las situaciones más variopintas, desde la presentación de una colección de joyas a la inauguración de los locales VIP que patrocinaban sus hijos. No podía negar que la condescendencia con la que sus vástagos se tomaban el nuevo giro que había tomado su vida, la molestaba de una forma indefinida, pero no podía dejar que aquello se interpusiera en su papel de portavoz de la gran noticia que supone la llegada del nuevo hijo de dios.

mp3: Melody Gardot «Quiet fire»