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“Las cazadoras de hongos” de Neil Gaiman


Actualizado 3 de junio con las ilustraciones de Chris Riddell

Podéis leer el original aquí.

Este es un poema original de Neil Gaiman que escribió para un evento poético llamado “El universo en verso” organizado por  BrainPickings y que leyó su esposa Amanda Palmer en dicho evento.

La ciencia, como sabes, mi pequeña, es el estudio
de la naturaleza y del comportamiento del universo.
Se basa en observación, experimentación y medición
y la formulación de leyes que describen los hechos revelados.

Antaño decían que los hombres ya venían preparados con cerebros
diseñados para seguir a la carrera a bestias de carne,
para adentrarse a ciegas en lo desconocido
y encontrar el camino de vuelta a casa cuando se perdían
con un antílope herido acarreado entre ellos.

O, en malos días de caza, nada.

Las mujeres, que no necesitaron correr detrás de la presa,
tenían un cerebro que se fijaba en hitos y hacía caminos entre ellos
a la izquiera del arbusto de espinos y a través de los derrubios
y busca en el tronco del árbol medio caído
porque a veces hay hongos.

Antes del basto de pedernal o las herramientas de sílex del carnicero,
la primera de todas las herramientas fue un cabestrillo para el bebé
para mantener nuestras manos libres
y algo para acarrear las bayas y los hongos,
las raices y las buenas hojas, las semillas y caracoles.
Entonces el pilón de pedernal para quebrar, para aplastar, para moler o romper.

Y había veces que los hombres cazaban bestias
en lo profundo del bosque,
y nunca volvían.

Algunas setas te matarán,
mientras otras te mostrarán a los dioses
y algunas mitigarán el hambre en nuestros estómagos. Identifica.

Otras nos matarán si crudas las comemos,
nos matarán de nuevo si una vez las cocinamos,
pero si las cocemos en agua de arroyo y ese agua desechamos
y las volvemos a cocer y el agua volvemos a desechar,
sólo entonces las podemos comer con seguridad. Observa.

Observa el nacimiento de los vástagos, mide el crecimiento de vientres y la forma de los pechos
y mediante la experiencia descubre cómo traer con seguridad bebés al mundo.

Obsérvalo todo.

Y las cazadoras de hongos caminan los caminos que caminan
y observan el mundo y ven lo que observan.
Y algunas prosperarán y se relamerán,
mientras otras se aferrarán a sus estómagos y expirarán.

Así se harán las leyes y se dictará lo que es seguro. Formula.

Las herramientas que hacemos para construir nuestras vidas:
nuestas ropas, nuestra comida, nuestro camino al hogar…
todas esas cosas se basan en observación,
en experimientación, en medición, en verdad.

Y la ciencia, recuerda, es el estudio
de la naturaleza y el comportamiento del universo,
basado en la observación, experimentación y medición
y la formulación de leyes que describan esos hechos.

La carrera continúa. Una primigenia científica
dibujó bestias sobre las paredes de las cuevas
para enseñar a sus hijos, ahora alimentados de champiñones
y de bayas, qué sería seguro cazar.

Los hombres siguen corriendo detrás de las bestias.

Las científicas caminan más despacio, sobre la cima de la colina
y hacia el borde del agua, pasando el lugar de las margas rojas.
Cargan con sus bebés en los cabestrillos que han hecho,

liberando sus manos para recolectar hongos.

Y aquí podéis escuchar la lectura original.

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Martes de letras: “Fortunately, the milk” de Neil Gaiman


Lo primero, me niego a aceptar la absurda traducción del título que se ha hecho al castellano. Llamar a este libro “El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre” no sólo se aleja de manera radical de la propuesta del juego que plantea Gaiman en la versión original sino que, además, es un spoiler en toda regla que ni siquiera va en la contraportada.

En segundo lugar, me declaro fan absoluto del autor, por lo que mi juicio sobre la obra es de todo menos imparcial. Neil Gaiman me lleva cautivando desde principios de los 90 y tanto en cómic como en prosa, siempre ha logrado en mí una sensación a la que yo llamo “jugar en casa”. Con ello me refiero a que, grosso modo, conozco las reglas con las que juega Gaiman y sé qué puedo esperar de la trama.

Centrándome en “Fortunately, the milk“, es uno de esos pequeños libros de Neil Gaiman enfocados al público infantil y que tanto nos gustan a los adultos. Esta vez se ha alejado de los mundos tenebrosos de “Coraline” o de “El libro del cementerio“, para narrar la delirante historia de un padre que va a comprar leche para desayunar.

Viajes en el tiempo, ovnis, dinosaurios inventores, dinosaurios policías, ponis, “fampirros” no tan bien encarados como los de “Crepúsculo”, volcanes a punto de estallar… todo tiene cabida en la excusa de un padre que ha tardado más de la cuenta en llevar el desayuno a casa. No cuesta imaginarse que ese padre es un trasunto del propio Gaiman.

El estilo, más que agil, es vertiginoso: al final se trata de la transcripción de relato oral, incluyendo las interrupciones de los vástagos, que parecen más que acostumbrados a las disgresiones de su progenitor.

Profusamente ilustrado por el trazo de Skottie Young, sus dibujos aportan fuerza a un delirio absolutamente disfrutable y que lleva en más de un momento a la sonora carcajada.