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Criticando el mundo desde 1976

Catholic Star System: efectos especiales


 

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Nadie presta atención a una anciana demente. Y esa es una baza que ella sabe jugar muy bien, la aprovecha y la maneja a su antojo para que nadie le haga caso. Siempre, de una u otra manera, lo ha hecho así y siempre le ha reportado buenos resultados. Sobre todo después de la guerra, cuando las jovencitas del lugar acudían a ella para restituir su virtud, cuando las solteronas recurrían a sus servicios para encontrar marido, cuando las casadas buscaban atar a sus díscolos esposos, cuando aquellos pobres desviados buscaban satisfacer urgencias carnales en el cuartucho de atrás de la zapatería de su esposo, que en paz descanse. Todo por un precio, módico, pero que le permitió a ella y a su familia vivir con una cierta holgura frente a las penalidades del resto y, para qué negarlo, pagó los estudios de sus hijos, al mayor de ellos, incluso la carrera de medicina.

Pero de aquellos tiempos, de aquellos buenos tiempos en blanco y negro, poco quedaba ya. Llegó un momento en el que todo el mundo se volvió escéptico, descreído, y no necesitaba de sus servicios. La virginidad ya no era importante para llegar al matrimonio. Ser soltera dejó de ser un lastre. El remedio a los maridos díscolos pasaba por disolver el santo matrimonio. Hasta aquellos desafortunados desviados ya no necesitaban de la clandestinidad y los escondrijos, hasta podían casarse. Tanto habían cambiado las cosas que la mujer que había sacado adelante a toda su familia pasó de matriarca a estorbo, una molestia que sus hijos se repartían cada cuatro meses. Se resignó a ser aquella carga, asumiendo que era el justo pago por todo lo que ella había tenido que hacer para que su familia no languideciera con la cartilla de racionamiento, para que los niños vistieran de una forma decente y, sobre todo, que no faltara una comida decente en la mesa. No se avergonzaba de nada, pero de algunas cosas no se enorgullecía.

Que su nieta, la única chica, necesitara de aquellos trucos llenos de polvo sí que la hizo sentirse importante, necesaria, útil. Después de décadas en el olvido, sus conocimientos servirían una última vez. Nada de conjuros, filtros o ataduras. Algo mucho más sencillo: dejarla como si nunca la hubieran desflorado, como si no hubiera conocido varón. Y pese a los años de olvido, aunque no lo hubiera hecho desde hacía casi treinta años, sus manos dejaron de temblar en el momento en el que se inmiscuyó entre los tersos muslos de dieciséis primaveras de su nieta con una aguja en ristre. Y fue su mejor trabajo.

No se le ocurrió a ella toda la patraña que montó la niña, pero al oír al confesor de su nuera supo que lo mejor era callar y fingir que había perdido la cabeza. Nadie presta atención a una anciana demente.

De todas formas, lo más raro de todo es que aquella mañana, a primera hora, mientras estaba vigilando la leche para que no hirviera, entró en la cocina un joven muy parecido a su marido, que en paz descanse.

mp3: The Cardigans «Erase/rewind»

Catholic Star System: el actor de reparto


 

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Por más que el confesor de su mujer proclamara que al mundo habíamos venido a sufrir, el dolor se hacía, las más de las veces, intolerable para el hombre de carne y hueso. Puede que el ejemplo de los mártires o del primogénito de dios le sirviera a alguien, pero lo que era a él, que las comparaciones le resultaban odiosas, sólo le alentaban a tomarse otra pastilla o beberse una penúltima copa. Aquél divino asunto hacía mucho que había dejado de ser algo familia para convertirse en un despropósito de calado internacional en el que se habían implicado gobiernos, medios de comunicación y la corporación más poderosa del planeta. Hasta los científicos se frotaban las manos, deseosos de analizar el fruto de aquél embarazo en el que estaban implicados una niña con el himen intacto y un espíritu tal vez santo, sin duda lujurioso. Tras el revuelo de los primeros días, a él se le había dejado de lado; el confesor de su mujer sugirió que sería buena idea que apoyara a su hija en aquél momento tan dificil para un chica de su edad pero desde una posición mucho más discreta.No se lo dijo pero él sabía la razón: un cincuentón con obesidad mórbida, un hombre calvo y barrigón con una nariz bulbosa plagada de venillas púrpuras y mofletes colorados, no daba buena imagen. Su esposa sí, una mujer menuda, una señora piadosa de misa diaria y creyente a pies juntillas de cualquier dogma de fe sí que era una buena imagen para la campaña orquestada en torno al embarazo de su niña.

Buscó a tientas el vaso sobre la mesa, sin poder reprimir cierto escalofrío al notar la superficie dura y húmeda, pesada de hielo y bourbon. El reloj anunciaba que aún no era mediodía, tal vez demasiado pronto, pero en alguna parte del mundo seguro que era la hora propicia para tomarse un copazo. Resignarse era la única opción que le quedaba. Eso y beber cada día hasta olvidarse que iba a ser el abuelo del primer hijo de dios en más de dos mil años. Cuando supo que su hija de dieciséis años estaba preñada se tuvo que contener para no apalizarla hasta que confesara quién era el bastardo que había hecho aquello a su niñita. Pero cuando la niña confesó la paternidad del ser que llevaba en sus entrañas, de lo que le entraron ganas fue de morirse y no saber nada más del mundo ¿Por qué clase de imbecil le había tomado para creerse semejante desatino? Pero en su defensa salió su esposa, hecha un mar de lágrimas ante una noticia más grande de lo que nadie sería jamás capaz de tragar. En pocos momento el confesor de su mujer se presentó en casa. Desde aquél momento tuvo que tragarse su orgullo y bregar con una historia que su cerebro le decía que era una patraña. Por eso le había recluido en aquella jaula de oro, para que nada distorsionara la perfecta imagen del cuento que había tramado aquél curilla con ayuda de toda una pléyade de tipos similares a él.

Su atención se centró en la imagen sin sonido en la televisión. Un revuelo de cámaras y periodistas frente a la puerta de un hospital. Como por resorte se levantó del sillón, con una agilidad prestada por la adrenalina que no había poseído en años, tropezando con la alfombra que amortiguó el sonido de la caída, pero no evitó el lacerante dolor en la cadera.

mp3: Blondie «Heart of glass»

Catholic Star System: la corista


 

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Era la hora; alguien había golpeado la puerta de aquél cuchitril que, airosamente, tildaban de camerino, gritando que faltaban cinco minutos. Se miró en el espejo, se ahuecó el pelo y humedeció los labios, tratando parecer natural bajo tal cantidad de maquillaje y laca que sólo reconocía sus ojos. Se resignó. Se santiguó. Aquella era una de las cosas que le correspondía hacer por ser la madre de la primera virgen embarazada que el mundo había conocido en más de dos mil años. Habitualmente no eran lugares tan cutres como aquella televisión local pero, como solía decir su confesor, dios está en todas partes y estar allí era una de sus responsabilidades. Para con su hija. Para con su fe, aquellas creencias que la habían salvado de consumirse en un hogar del que se había convertido en la chacha.

Pocas preguntas que le hicieran en plató la sorprenderían ya, tenía su guión más que aprendido. Que aquello era una bendición y que su familia se sentía honrada por aquella gracia del altísimo. Claro que era una responsabilidad. Pero la había acogido con regocijo y júbilo. Estaba deseando ver el rostro del hijo de dios en su nieto. La iglesia respaldaba a su hija y se decía que el propio Papa visitaría su ciudad para el bautismo. Claro que le iban a bautizar. No, no estaba segura del nombre que había pensado su hija para su descendencia, pero estaba segura de que todo el mundo lo conocería como el salvador. Claro que su vida había cambiado, nunca nadie había tenido la gracia que había recaído sobre su familia. Era un honor muy grande y lo sentía como una responsabilidad y un gozo. No daba crédito a rumores y habladurías de ese tipo de gente que no conocen el camino del señor, el camino de la fe. Ella y la iglesia sabían que su hija realmente era la madre del nuevo hijo de dios que se iba a hacer carne para redimir todos los pecados que había cometido el hombre. Con su nieto empezaría una nueva era de armonía para todos y paz en el mundo. Dudaba mucho que su hija mantendría el virgo tras el alumbramiento, pero los doctores de la iglesia tampoco se ponía de acuerdo sobre la virginidad de María tras el nacimiento de Jesucristo. En pocos días su hija saldría de cuentas y el mundo entero conocería la gracia del hijo de dios.

Se cuidaría muy mucho de quejarse de los viajes de un lado a otro, del mundo de los hoteles, de las maletas perpetuamente extraviadas en aeropuertos de países que ni siquiera sabía que estuvieran bajo el cielo, de los incrédulos que la insultaban, de los curas que la aleccionaban, del desajuste horario que acumulaba en su cuerpo. De eso no diría una palabra.

Y mientras su rostro aparece en la pantalla de todas las televisiones de aquella ciudad, su teléfono no cesaba de sonar en el bolso olvidado en el camerino.

mp3: Joaquín Sabina «Una canción para la Magdalena»

Catholic Star System


 

Cause virgins don’t have babies
And water isn’t wine
And there’s a holy spirit maybe
But she would never rent a room with walls built by mankind
Mary and Mohammed
Are screaming through the clouds
For you to lay your goddamned arms down
Rip your bigot roots up from the earth and salt the goddamned ground

Jay Brannan «Goddamned»

 

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Dijo aquello porque pensó que sería mejor que una verdad que haría tambalear a su familia, que la derrumbaría ante un hecho imposible de digerir. Esa fue la razón. Lo que no se podía esperar es que las consecuencias pasaran por el revuelo inconcebible en el que se vio inmersa, con su rostro en portada de periódicos y revistas, entrevistas en televisión, reportajes sobre su vida, confesiones de compañeros del colegio que practicamente era incapaz de recordar. Todo un país, un continente, el planeta pendiente de aquella chiquilla de dieciséis años que no había conocido varón pero que había concebido un vástago como cierta mujer hacía más de dos mil años.

El tema se le había escapado de las manos hacía demasiado tiempo. Su secreto estaba a salvo, las dos únicas personas que podía revelar la verdad eran su abuela, una mujer que, en los pocos meses que habían pasado desde que anunció su estado, había pasado de la serenidad de la senectud a la cruel infancia distorsionada por la senilidad, así que cualquier cosa que dijera no sería digna de crédito ¿que había reconstruído el himen a su nieta? ¿cómo? ¿quién hacía esas cosas en el siglo XXI? El otro implicado en descubrir su farsa siempre se cuidaría muy mucho de nunca decir la verdad so pena de verse envuelto en un grave problema legal relacionado con el abuso de menores.

Cuando se destapó su historia, se convirtió en el objetivo de grupos de la más diversa índole: desde fanáticos ultrarreligiosos que la consideraban la madre del nuevo salvador de la humanidad, hasta radicales ateos que anunciaban a los cuatros vientos que aquello era una nueva patraña de una iglesia para perpetuar su sometimiento a una sociedad que, cada día más, le daba la espalda. Y aquella iglesia fue la que la convirtió realmente en la estrella mediática en la que se había convertido, sobre todo tras la prueba ginecológico que promulgó su virtud sin mácula así como su estado de buena esperanza. La convirtieron en un fenómeno de masas a la altura de las estrellas del cine y la televisión, su imagen en camisetas, libros.

Se inventó una historia. Que estaba estudiando. Que apareció una luz envuelta en una aroma de rosas. Que estaba tranquila, feliz y que aquella voz le anunció que iba a concebir al hijo de un dios. Siguió con la historia. La mantuvo sin salirse jamás del guión que había sido capaz de pergeñar. Delante de los focos, delante de los curas, delante de la familia. Jamás reconoció el dolor, la tristeza, la sordidez de sentir a aquel hombre poseyéndola, fecundándola, arrastrando una virginidad que, al cabo del tiempo sería la única mentira a la que aferrarse.

Y ahí estaba: millones de personas pendientes de sus movimientos, de sus gestos y, a la hora de la verdad, se encontraba sola dando a luz. A lo mejor al salvador de la humanidad. Con toda seguridad a su hijo.

mp3: Jay Brannan «Goddamned»

Perspectiva: una bioética prometéica


 

Volviendo a los derroteros del franchute, me he terminado ya «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista», esa suerte de síntesis del pensamiento filosófico de Onfray. Cierto es que la última parte, la dedicada a la política y a la estética decae mucho, muchísimo, dado que el hombre trata de sintetizar tanto sus opiniones que, al final, todo se queda en meras pinceladas sin llegar a concretarse en nada tangible. Pero entre ambas partes aparece la parte de la bioética, todo un trallazo con las perspectivas preponderantes hoy en día. El epíteto de prometéico, nos remite al mito de Prometeo según la wikipedia:

«En la mitología griega, Prometeo (en griego antiguo Προμηθεύς, ‘previsión’, ‘prospección’) es el Titán amigo de los mortales, honrado principalmente por robar el fuego de los dioses en el tallo de una cañaheja, darlo a los humanos para su uso y ser castigado por este motivo

¿Qué es lo que busca el Prometeo mitológico? El bien de la humanidad ¿Busca la bioética actual el bien de la humanidad? Obviando el tema de los beneficios escandalosos de las empresas farmacéuticas, la cruda realidad es que no buscan el bien de la humanidad sino la paliación de los males del ser humanos, algo realmente distinto puesto que adopta una perspectiva desde la muerte, desde el dolor, en vez de mirar a la vida, a la ausencia de ese dolor. Esa perspectiva necrófila proviene, una vez más, de mitos católicos según los cuales la vida es sufrimiento en éste valle de lágrimas y todas esas cosas que les gustan tanto a los sacerdotes (no me estoy refiriendo a jóvenes efebos, no nos desviemos del tema), disgregando de forma traumática el cuerpo físico del cuerpo espiritual. Onfray no niega cierta transcendencia en la esencia del ser humano, a lo que se opone es a desligarla de la esencia tangible del ser. El objeto del modelo corporal impuesto por la teocracia es el cuerpo angélico, libre de mácula el cual, el hombre, como elemento carnal, jamás podrá alcanzar (viene a ser lo que nos pasa en ésta sociedad de la imagen cuando vemos las fotos de las/los top models de proporciones áureas y las extrapolamos a lo que vemos en el espejo cada mañana, no deja de ser lo mismo, pero tangencializando el modelo de perfección en personas concretas) para desligarnos de ese modelo angélico Onfray propone:

«(…) exponer el cuerpo nominalista, ateo, encarnado, mecánico, aun cuando esta mecánica, mucho más sutil de lo que afirman sus adversarios espirituales, merezca una afinación conceptual y teórica. Desmitiquemos la carne, depurémosla de fantasmas, ficciones y otras respresentaciones mágicas. Abandonemos la era del pensamiento primitivo y entremos en una verdadera época de la razón.»

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 175

La bioética en general, con todo lo que ella conlleva de medicina e investigación, en estos momentos está instalada en lo que denomina una «heurística del miedo«, lo cual conlleva una paradoja en la base de éste concepto, puesto que si heurística la definimos como «la capacidad de un sistema para realizar de forma inmediata innovaciones positivas para sus fines» (fuente: Wikipedia), nunca la podremos alcanzar desde la perspectiva ¿De dónde nace ese miedo? De una concepción crística de un cuerpo pecaminoso y condenado al dolor.

«Enseñemos el terror ontológico para producir inmovilidad tecnológica. Resultado: el triunfo del principio de precaución, que marca la victoria del conservadurismo.«

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 175

Propuesta la superación del cuerpo humano, llegando al cuerpo poshumano en una búsqueda de la felicidad, no en la persecución de los cuidados paliativos del dolor, Onfray plantea el medio para llegar a dicho objetivo: las transgénesis. Es decir, el uso de los medios genéticos a nuestro alcance sin pasarlos por la perspectiva de esa heurística del miedo.

«La medicina transgénica (…) frena la omnipotencia de la medicina agonística qie, la mayor parte del tiempo combate el mal con otro mal. Define una medicina distinta, pacífica, que neutraliza la aparición de la negatividad (…)«

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 185

En resumen, Onfray propugna una medicina que nos lleve al bienestar, sí, pero a través de los medios que poseemos hoy en día a nuestro alcance, despojando de la negatividad con la que nos presentan cosas como la genética, la clonación, la transgénesis… Propone una medicina del gozo, y lo ejemplifica en la Viagra, diciendo:

«da a la carne los medios del espíritu, muestra a qué se parece una farmacopea dionisíaca adaptada a la pulsión de vida«

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 188

En conclusión: usemos la medicina y los medios a nuestro alcance para vivir, no para evitar la muerte.

mp3: Tricky «Evolution Revolution Love»

Como la canción de Tom Jones


Buscó el número en la D del teléfono privado, el que casi nunca usaba, sometido a la eterna tiranía del móvil de trabajo en el que siempre estaba localizado.

No solía recurrir demasiado a sus servicios pero, de vez en cuando, la revolución hormonal era demasiado exigente como para poder aliviarla en soledad. En un par de horas ella estaría allí, en aquel piso demasiado grande para una persona sola, tan impersonal como las fotos de una revista de decoración, tan aséptico como un quirófano, tan anónimo que, la gran parte de las veces, no era capaz de reconocerse, de encontrarse en aquél espacio, de localizar ni el mando a distancia de la televisión. Pero en breve llegaría ella, Delilah, como la canción de Tom Jones, no Dalila como la de Sansón. Delilah para llenar, brevemente, aquél espacio.

No era de aquellos que recurrían asiduamente a los servicios de una profesional, no se consideraba un putero, pero llegó un punto en su vida en el que decidió que el contrato mercantil le convenía más que el contrato matrimonial. Para eso tuvo que llegar un momento en el que se dio cuenta de que su vida no era más que una sucesión de ciclos que empezaban con un matrimonio, continuaban con la ruptura y terminaba en el juzgado. Así tres veces. La cuarta vez que se vio metido en el mismo círculo vicioso y viciado, cayó en la cuenta de que, para él, lo mejor era librarse de ataduras.

Fue una primera vez casi tan traumática como la primera vez con una mujer, tan nervioso estaba que no sabía ni cómo actuar. Aunque intentara negarlo, fue obvio, no consiguió una erección lo bastante satisfactoria como para poder llevara cabo la tarea que se había encomendado a sí mismo y a su ego. Cuando fue consciente que aquello era follar, no hacer el amor, su relación con las distintas hetairas que promulgaban su amor en las páginas del periódico. No fueron muchas, pero sí unas cuantas, las que pasaron por aquella cama king size, y siempre quedaba aquella sensación de que no llegaba a ser un hombre construido a la altura de sus deseos, de sus expectativas. A lo mejor no era una satisfacción física, pero sí que lo era emocional: dos cuerpos reconociéndose como animales, reconfortado por la falta de reproches, amparado en la carencia de los compromisos, cimentado en el vil metal.

Y apareció ella, una diosa del lenocinio, con todo un repertorio aprendido de juegos de seducción. Delilah, como la de la canción de Tom Jones. El compromiso fue consigo mismo y eso le valió. Sin palabras de doble sentido, sin las reconvenciones de la salud y la enfermedad, de las alegrías y las tristezas, de la pobreza y la riqueza, desterrada la sentencia del hasta que la muerte os separe.

mp3: Tom Jones «Delilah»

Perspectiva: el pacto erótico


 

Siguiendo con las disquisiciones filosóficas de Michel Onfray, en el libro que me estoy leyendo tras bregar con disquisiciones sobre las relaciones interpersonales que ya traté en el post anterior pasa a hablar de las relaciones desde un plano más «íntimo». Por supuesto, uno no puede dejar de verse reflejado y ver reflejado el mundo que le rodea, en sus palabras, en las ideas que lanza como bombas atómicas contra la conciencia del lector.

En un principio contrapone los conceptos de eros pesado frente al eros liviano. Ambos conceptos parten de la interacción erótica entre dos seres humanos, si bien, en el primer caso, esa interacción se ve lastrada por el peso de una moral judeo cristiana que nos lleva a considerar el sexo como algo sucio y, por extensión, las reacciones físicas, el deseo, la líbido, son denostables y punibles ¿cómo se las castiga? Con la amenaza de distanciamiento de ese dios omnipresente y ausente, de que jamás llegaremos al prometido reino de los cielos. Pero la mala fama del eros en su vertiente hinca sus raíces en un sustrato más profundo: en la perpetuación de un modelo falocéntrico de sociedad en la cual el hombre, para someter a la mujer, crea un reflejo de la corte celestial, convirtiéndose en el «dios» de su casa a la voluntad del cual el resto de entes dependientes debe doblegarse. Eso, sin contar la percepción finalista del acto sexual: se fornica para procrear, cualquier otra finalidad, mucho más, la búsqueda del placer por el placer (viva MacNamara) no es más que pecado.

El eros liviano, por su parte, propone una interacción entre dos personas que se aceptan a sí mismos sin los inconvenientes de verse sometidos a una situación de dominación, de preponderancia del uno sobre el otro. Una relación entre iguales en la que el contrato hedonista se transforma en pacto erótico. Claro, que esto no es tan fácil como se puede plantear a primera vista. Dado que nos vemos inmersos en una sociedad que, pese a considerarse laica, lo único que ha hecho ha sido quitar a dios de la ecuación para reproducir los modelos éticos judeo cristianos prácticamente al pie de la letra, la búsqueda del placer, las relaciones sexuales, se ven desde una perspectiva que las distorsiona. Para rematarlo, en el saco metemos al amor y ahí ya sí que la liamos del todo. Dice en un momento dado:

«Construirse como máquina célibe en la relación de pareja permite evitar en lo posible la entropía consustancial con las disposiciones fusionales. Para evitar el esquema nada, todo, nada que caracteriza a menudo las historias fracasadas, mal, poco o nada construidas, vividas día a día, impuestas por lo cotidiano, vacilantes, la configuración nada, más, mucho me parece preferible.»

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 130

Ambos dispositivos parten del mismo punto: nada, es decir, dos personas que no se conocen previamente, se encuentran y empiezan a formar un pacto erótico entre ellas. Ese pacto, en el primer caso, convierte a una de las partes en todo para la otra, cosa que no tiene por qué ser, necesariamente, bidireccional, y cuando entra en juego la entropía propia de los seres humanos ese todo se transforma en un lastre que, en la mayoría de los casos se convierte de nuevo en nada e, incluso, menos que nada. La típica historia de A conoce a B, se enamoran hasta las trancas, se casan, son felices hasta que A siente que B molesta o a B le parece que la relación con A no funciona, y terminan separándose o divorciándose o lo que sea, con lo que vuelven a convertirse en dos extraños el uno para el otro, sus caminos divergen. En el caso del dispositivo nada, más, mucho, según Onfray, nos encontramos lo siguiente:

«[…] parte del mismo lugar: se encuentran dos seres que no saben aún que existen, y luego construyen sobre el principio del eros liviano. A partir de ese momento se elabora día a día una acción positiva que define el más: más ser, más expansión, más regocijo, más serenidad adquirida. Cuando ésta serie de más permite alcanzar una suma real, aparece el mucho y califica la relación rica, compleja, elaborada según el modo nominalista.»

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 130

Me encanta eso de «el modo nominalista» pues concreta mucho a lo que es la otra persona, despojándola de los finalismos utilitarios de la relación más «romántica», en otras palabras, propone una separación de la idea romántica de las relaciones, con todo el sedimento que las novelas rosas se han encargado de dejar en nuestro inconsciente colectivo, para proponer unas relaciones libres de cargas más allá de las que seamos capaces de acarrear, lo que supone que no nos veremos en la tesitura de tener que cargar con compromisos que nos veremos obligados a dejar de lado ante la imposibilidad de llevarlos adelante.

¿Qué pasa con la reproducción? Qué gran pregunta, que Onfray solventa así:

«La posibilidad fisiológica de concebir un hijo no obliga a pasar al acto, así como el hecho de poder matar no instituye de ningún modo el deber de cometer un homicidio»

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 131

Sí que es un poco exagerado, pero es real como la vida misma, la posibilidad de tener hijos no significa, necesariamente que nos tengamos que reproducir. Además, no podemos dejar de tener en cuenta el hecho de que la crianza de un hijo no es lo mismo que la educación que, de antemano, según el filósofo:

«Freud, no obstante, ya nos previno: se haga lo que se haga, la educación es siempre fallida.»

Y deja un adorable recadito al padre del psiconálisis:

«Una mirada a la biografía de su hija Anna le da toda la razón»

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 133

(La hija del vienés debía tener un complejo de Electra que no se lo debía saltar un gitano y, mientras su padre demonizaba la homosexualidad y calificaba a la mujer como «un hombre sin pene», hay claros indicios de que su descendiente era lesbiana)

Volviendo al tema que nos atañe (que como empiece con Freud no paro) no creo que Onfray denoste el tener descendencia, sino que hay que tener claro las responsabilidades que conlleva: criar no es educar (Amén)

En resumen, detrás de un instinto animal que todos poseemos, existe una razón erótica que sublima la energía salvaje que suponen las relaciones carnales para transformarlas en un juego erótico entre dos iguales.

mp3: Foo Fighters «Times like these»

Perspectiva: el contrato hedonista


 

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Hay pocos filósofos que me gusten tanto como Michel Onfray, tal vez sea porque es de los pocos a los que realmente entiendo. Tal vez sea porque sea el primero que me encuentro que me plantea que todo lo que he aprendido hasta ahora de pensamiento filosófico es sólo una de las caras de la historia, posiblemente la más aburrida y la más distante del ser humano en sí. Después de su «Tratado de ateología», con el que me reí como nunca con un ensayo (esas pullas a Pablo de Tarso hacen que te mondes de risa sí o sí, mientras grita a los cuatro vientos que toda la moral actual está basada en la «pulsión de muerte», la negación de la vida y la creencia en quimeras y cuentos) ahora estoy atacando «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista», seguramente más árido pero, al mismo tiempo, más completo al aglutinar no sólo la metafísica de su pensamiento como hace en el primero, sino también su perspectiva sobre ética, erótica, política, estética y epistemología.

Divagando en la parte de ética, en la que propugnaba la constitución del Yo como elemento moral básico, dejando de lado las pejiguerías enraizadas en una moral judeocristiana de la que todos, en mayor o menor medida, somos deudores, cuando me encontré con la siguiente afirmación:

«[…], la etología da cuenta de esa falta de ética: cada cual evoluciona en un territorio reducido hacia su determinismo de macho dominante, de hembra dominada, de integrante de la horda o miembro de un grupo más extenso que otro. El reino de la tribu contra el de lo humano. La construcción de un cerebro ético constituye el primer grado hacia una revolución política digna de ese nombre.»

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 106

Al principio me ha dejado un poco noqueado, dadas las circunstancias actuales no me veo como ninguno de los elementos mencionados por el filósofo: ni soy macho dominante, ni hembra dominada ni, mucho menos, integrante de la horda. Hasta que he caído en la cuenta de que se refiere a falta, a carencia de ética, no a una posición ética del Yo ante la vida. Así más adelante, he encontrado una magnífica descripción de las relaciones sociales actuales, tildando a los elementos anteriores de delincuentes relacionales, personas que no son ni responsables ni culpables, que dependen de una serie de disposiciones existenciales que hacen de ellos incapaces de sostener cualquier tipo de compromiso ético. A éste tipo de compromiso lo denomina contrato hedonista. Dice al respecto:

«Pues el contrato funda la relación ética. Somos seres humanos, y como tales, dotados del poder de comunicación. A través del lenguaje en primer lugar, sin duda, pero también por medio de miles de otros signos comparables a la emisión de un mensaje, a su decodificación, recepción y comprensión por un tercero. La comunicación no verbal, gestual, las mímicas del rostro, las posturas del cuerpo, el tono de la voz, las inflexiones, el ritmo y la inflexión de la palabra, la sonrisa, transmiten la naturaleza de una relación. En el grado cero de la ética se halla la situación.«

Vamos, que antes de tener una relación con otra persona, antes de aceptar el contrato hedonista con otro, nos enfrentamos a la parafernalia de un lenguaje verbal y gestual que, en mi opinión, crea una «primera impresión» que va a condicionar los pasos posteriores de la relación en el plano ético. Continúa Onfray:

«Primer grado: la presciencia del deseo del otro. ¿Qué desea? ¿Qué me dice? ¿Cuál es su voluntad?»

A partir de la primera impresión, tenemos que inferir aquello que busca el otro, la persona con la que vamos a firmar el contrato… yo, hasta ahora, no tengo poderes telepáticos, la verdad.

«De ahí surge el cuidado necesario. Informarse del proyecto del tercero ante el cual me encuentro. Luego aclararle mi proyecto. Siempre a través de signos; el lenguaje, entre otros Ese juego de perpetuo de vida y vuelta entre las partes interesadas permite la escritura de un contrato. No hay moral fuera de esta lógica sinalgmática La relación ética puede darse sobre la información intercambiada.»

Al final se hace necesario acumular información con la que poder hacerse una imagen de los objetivos del otro. Desde mi punto de vista, evidentemente no por las palabras, gran parte del proyecto de gente que conozco consiste en medrar a costa de todo aquél que se cruce en su camino. Eso plantea el problema de no poder mantener el contrato con la otra persona, menos aún cuando te enfrentas a todo un grupo. ¿Qué dice Onfray al respecto?:

«En el caso del delincuente relacional, en cuanto ha quedado integrada la información, y en caso de amenaza contra la tranquilidad existencial la solución exige una reacción adecuada: la evitación

Con otras palabras, pasar de ellos para mantener la tranquilidad existencial de uno mismo. Aún añade:

«El hedonismo se define de modo positivo por la búsqueda del placer, sin duda, pero también de modo negativo, como evitación de las situaciones de displacer. Los psiquismos deteriorados corrompen lo que tocan. Salvo deseo de automutilación -ética contractual-, la expulsión permite restaurar la paz mental y la serenidad psíquica.»

Leches, de «psiquismos deteriorados» podría hacer un listado prolijo hasta el exceso. Y además, como la sabiduría popular indica: Dios los cría y ellos se juntan. Es obvio que un psiquismo deteriorado no es capaz de percibir el deterioro del prójimo, como tampoco es consciente de lo que puede suponer para su propia psique: renuncia a la propia personalidad, incapacidad de tomar decisiones, comunión con el papel asignado dentro de la comunidad sin llegar a plantearse en momento alguno, las capacidades propias para desempeñar otro rol. Onfray nos da su beneplácito para evitar a éstos elementos que pueden llevarnos al displacer (que gran término!) y nos presenta unas pautas para cuando no es posible dicho distanciamiento (vamos, el momento en el que me encuentro, que no me queda más remedio que bregar con un manojo de psiquismos deteriorados que yo llamo «personalidades tóxicas»)

«En algunos casos, el distanciamiento no es posible, porque se trata de personas con las que, por múltiples razones, estamos obligados a permanecer en contacto. Queda, pues, la solución ética, la buena distancia, lo que denominé La construcción de uno mismo la Eumetría. Ni demasiado cerca, ni demasiado lejos. Ni distanciamiento radical y definitivo, ni proximidad que expone al peligro. No exponerse, no entregarse, no confiarse, guardar los secretos, practicar la distancia, ejercer la discrección, mantener la cortesía, la buena educación y el arte de las relaciones fluidas pero distantes. ¿El objetivo? Evitar poner en peligro el núcleo de la identidad.»

Michel Onfray «La fuerza de existir. Manifiesto hedonista» Ed.Anagrama (2008) p. 109 y siguientes

No puedo estar más de acuerdo con su postura, sin embargo me conozco lo suficiente como para no ser capaz de mantenerla de entrada. Mi capacidad de descubrir personalidades tóxicas a priori es nula y, cuando lo descubro, siempre es demasiado tarde, lo que les da a los psiquismos deteriorados una ventaja sobre la relación, ya que para cuando se trata de llegar a la relación distante, tienen argumentos que tratan de usar como armas arrojadizas. Aunque claro, también es gracioso observar la incapacidad de estas personalidades de distanciarse del elemento que les produce suspicacia, siendo capaces de hacerlo únicamente, cuando se encuentran respaldadas por el grupo mentado anteriormente.

En definitiva, aplicando la lógica hedonista expuesta, me dedicaré a seguir tratando de evitar el displacer.

mp3: Skunk Anansie «Hedonism (Just because you feel good)»

Prohibido girar


uturn

No quiero estar de vuelta. Significa haber llegado a alguna parte y yo quiero creer que aún me queda mucho camino.

No quiero estar de vuelta. Quiero seguir siendo inocente aunque me lleve las ostias que me llevo y que sé que me seguiré llevando. Ya estoy intuyendo la próxima mano que se está levantando y estoy esperando el golpe.

No quiero estar de vuelta. Porque me gusta que me sorprendan, que lo inesperado y lo que no está planificado y lo imprevisible tengan algo que decir en unos días que, de lo contrario, se verían abocados al tedio.

No quiero estar de vuelta. Prefiero que el camino me lleve donde tenga que llegar.

mp3: Tori Amos «Don’t look back in anger (Live «Bootleg» version – Manchester)

En el coño del mar


 

Tus pechos me pinchan mientras me quemo en tu vientre.
Follando y tosiendo, follando y tosiendo gloria.
Mordiendo tus piernas hacia el túnel de tus nalgas,
vislumbro el esfinter virgen del Espíritu Santo.

Del Espíritu Santo.
En el coño del mar.

Javier Corcobado «En el coño del mar»

pies

Quería marcharse. Destino incógnito. Pero deseaba huir con tal fuerza que le dolía en el pecho. Lo único que poseía era una maleta de cartón atada con una cuerda, un abrigo raído y esas ganas que te dan la vuelta y te convierten en lo contrario a un pelele del destino. Conversaba con el murmullo del viento que se colaba por los recovecos de aquella estación de autobuses pero no tenía capacidad de decirle nada que no supiera de antemano. Aquél autobús podía ser tan bueno como cualquier otro, por eso no de dignó en mirar el destino y cuando llegó vio una gaviota planeando. «Hay un vertedero cerca» pensó. Y lo que había era el mar. Un mar bravio con un olor fuerte a algas podridas en una ciudad que parecía la hija bastarda de una fábrica abandonada. Sus pasos se dirigieron de forma instintiva hacia la playa, un arenero gris bajo un cielo cubierto de nube del tornasolado color de la lefa. Abandonó los zapatos. El abrigo mustio que había heredado. La maleta justo en la orilla.

Permitió al mar lamerle los pies.

mp3: Javier Corcobado «En el coño del mar»