Ojos de ti


No hace falta
repetir las excusas de la inmediatez,
del deseo apresurado
que apenas se encuentra
en la punta de los dedos.

No hace falta.

No.

En serio,
no es necesario
seguir bebiendo de tu sed
y llevar mis ojos llenos de ti.
Mis ojos vacíos.
Llenos.
Ojos.
De ti.

Nunca he creído
en el después
porque nunca se sabe
qué demonios pasa
tras el colorín colorado.

¿Quién iba a creer
que, por una vez,
rezaba con la fe
de quien está
al borde de un precipicio?

Fe.
Y naufragios.
Náufrago de mi mismo.
Condenado a llamarme
Viernes
cuando me quito la careta
de Robinson.

Mis ojos llenos de ti.
Vagando entre rostros.
Ojos vacíos.
Llenos.
Ojos de ti.

Ahora se pudre la fruta
y en cada hachazo
me desnudo un poco más.
Sólo un poco.
Más.

Fe y naufragios.
Ojos de ti.
Sentimiento esterilizado
que perdí en la mudanza.

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