Perspectiva: el pacto erótico


 

Siguiendo con las disquisiciones filosóficas de Michel Onfray, en el libro que me estoy leyendo tras bregar con disquisiciones sobre las relaciones interpersonales que ya traté en el post anterior pasa a hablar de las relaciones desde un plano más “íntimo”. Por supuesto, uno no puede dejar de verse reflejado y ver reflejado el mundo que le rodea, en sus palabras, en las ideas que lanza como bombas atómicas contra la conciencia del lector.

En un principio contrapone los conceptos de eros pesado frente al eros liviano. Ambos conceptos parten de la interacción erótica entre dos seres humanos, si bien, en el primer caso, esa interacción se ve lastrada por el peso de una moral judeo cristiana que nos lleva a considerar el sexo como algo sucio y, por extensión, las reacciones físicas, el deseo, la líbido, son denostables y punibles ¿cómo se las castiga? Con la amenaza de distanciamiento de ese dios omnipresente y ausente, de que jamás llegaremos al prometido reino de los cielos. Pero la mala fama del eros en su vertiente hinca sus raíces en un sustrato más profundo: en la perpetuación de un modelo falocéntrico de sociedad en la cual el hombre, para someter a la mujer, crea un reflejo de la corte celestial, convirtiéndose en el “dios” de su casa a la voluntad del cual el resto de entes dependientes debe doblegarse. Eso, sin contar la percepción finalista del acto sexual: se fornica para procrear, cualquier otra finalidad, mucho más, la búsqueda del placer por el placer (viva MacNamara) no es más que pecado.

El eros liviano, por su parte, propone una interacción entre dos personas que se aceptan a sí mismos sin los inconvenientes de verse sometidos a una situación de dominación, de preponderancia del uno sobre el otro. Una relación entre iguales en la que el contrato hedonista se transforma en pacto erótico. Claro, que esto no es tan fácil como se puede plantear a primera vista. Dado que nos vemos inmersos en una sociedad que, pese a considerarse laica, lo único que ha hecho ha sido quitar a dios de la ecuación para reproducir los modelos éticos judeo cristianos prácticamente al pie de la letra, la búsqueda del placer, las relaciones sexuales, se ven desde una perspectiva que las distorsiona. Para rematarlo, en el saco metemos al amor y ahí ya sí que la liamos del todo. Dice en un momento dado:

“Construirse como máquina célibe en la relación de pareja permite evitar en lo posible la entropía consustancial con las disposiciones fusionales. Para evitar el esquema nada, todo, nada que caracteriza a menudo las historias fracasadas, mal, poco o nada construidas, vividas día a día, impuestas por lo cotidiano, vacilantes, la configuración nada, más, mucho me parece preferible.”

Michel Onfray “La fuerza de existir. Manifiesto hedonista” Ed.Anagrama (2008) p. 130

Ambos dispositivos parten del mismo punto: nada, es decir, dos personas que no se conocen previamente, se encuentran y empiezan a formar un pacto erótico entre ellas. Ese pacto, en el primer caso, convierte a una de las partes en todo para la otra, cosa que no tiene por qué ser, necesariamente, bidireccional, y cuando entra en juego la entropía propia de los seres humanos ese todo se transforma en un lastre que, en la mayoría de los casos se convierte de nuevo en nada e, incluso, menos que nada. La típica historia de A conoce a B, se enamoran hasta las trancas, se casan, son felices hasta que A siente que B molesta o a B le parece que la relación con A no funciona, y terminan separándose o divorciándose o lo que sea, con lo que vuelven a convertirse en dos extraños el uno para el otro, sus caminos divergen. En el caso del dispositivo nada, más, mucho, según Onfray, nos encontramos lo siguiente:

“[…] parte del mismo lugar: se encuentran dos seres que no saben aún que existen, y luego construyen sobre el principio del eros liviano. A partir de ese momento se elabora día a día una acción positiva que define el más: más ser, más expansión, más regocijo, más serenidad adquirida. Cuando ésta serie de más permite alcanzar una suma real, aparece el mucho y califica la relación rica, compleja, elaborada según el modo nominalista.”

Michel Onfray “La fuerza de existir. Manifiesto hedonista” Ed.Anagrama (2008) p. 130

Me encanta eso de “el modo nominalista” pues concreta mucho a lo que es la otra persona, despojándola de los finalismos utilitarios de la relación más “romántica”, en otras palabras, propone una separación de la idea romántica de las relaciones, con todo el sedimento que las novelas rosas se han encargado de dejar en nuestro inconsciente colectivo, para proponer unas relaciones libres de cargas más allá de las que seamos capaces de acarrear, lo que supone que no nos veremos en la tesitura de tener que cargar con compromisos que nos veremos obligados a dejar de lado ante la imposibilidad de llevarlos adelante.

¿Qué pasa con la reproducción? Qué gran pregunta, que Onfray solventa así:

“La posibilidad fisiológica de concebir un hijo no obliga a pasar al acto, así como el hecho de poder matar no instituye de ningún modo el deber de cometer un homicidio”

Michel Onfray “La fuerza de existir. Manifiesto hedonista” Ed.Anagrama (2008) p. 131

Sí que es un poco exagerado, pero es real como la vida misma, la posibilidad de tener hijos no significa, necesariamente que nos tengamos que reproducir. Además, no podemos dejar de tener en cuenta el hecho de que la crianza de un hijo no es lo mismo que la educación que, de antemano, según el filósofo:

“Freud, no obstante, ya nos previno: se haga lo que se haga, la educación es siempre fallida.”

Y deja un adorable recadito al padre del psiconálisis:

Una mirada a la biografía de su hija Anna le da toda la razón”

Michel Onfray “La fuerza de existir. Manifiesto hedonista” Ed.Anagrama (2008) p. 133

(La hija del vienés debía tener un complejo de Electra que no se lo debía saltar un gitano y, mientras su padre demonizaba la homosexualidad y calificaba a la mujer como “un hombre sin pene”, hay claros indicios de que su descendiente era lesbiana)

Volviendo al tema que nos atañe (que como empiece con Freud no paro) no creo que Onfray denoste el tener descendencia, sino que hay que tener claro las responsabilidades que conlleva: criar no es educar (Amén)

En resumen, detrás de un instinto animal que todos poseemos, existe una razón erótica que sublima la energía salvaje que suponen las relaciones carnales para transformarlas en un juego erótico entre dos iguales.

mp3: Foo Fighters “Times like these”

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Perspectiva: el contrato hedonista


 

20080711132048-antidepresivo

 

Hay pocos filósofos que me gusten tanto como Michel Onfray, tal vez sea porque es de los pocos a los que realmente entiendo. Tal vez sea porque sea el primero que me encuentro que me plantea que todo lo que he aprendido hasta ahora de pensamiento filosófico es sólo una de las caras de la historia, posiblemente la más aburrida y la más distante del ser humano en sí. Después de su “Tratado de ateología”, con el que me reí como nunca con un ensayo (esas pullas a Pablo de Tarso hacen que te mondes de risa sí o sí, mientras grita a los cuatro vientos que toda la moral actual está basada en la “pulsión de muerte”, la negación de la vida y la creencia en quimeras y cuentos) ahora estoy atacando “La fuerza de existir. Manifiesto hedonista”, seguramente más árido pero, al mismo tiempo, más completo al aglutinar no sólo la metafísica de su pensamiento como hace en el primero, sino también su perspectiva sobre ética, erótica, política, estética y epistemología.

Divagando en la parte de ética, en la que propugnaba la constitución del Yo como elemento moral básico, dejando de lado las pejiguerías enraizadas en una moral judeocristiana de la que todos, en mayor o menor medida, somos deudores, cuando me encontré con la siguiente afirmación:

“[…], la etología da cuenta de esa falta de ética: cada cual evoluciona en un territorio reducido hacia su determinismo de macho dominante, de hembra dominada, de integrante de la horda o miembro de un grupo más extenso que otro. El reino de la tribu contra el de lo humano. La construcción de un cerebro ético constituye el primer grado hacia una revolución política digna de ese nombre.”

Michel Onfray “La fuerza de existir. Manifiesto hedonista” Ed.Anagrama (2008) p. 106

Al principio me ha dejado un poco noqueado, dadas las circunstancias actuales no me veo como ninguno de los elementos mencionados por el filósofo: ni soy macho dominante, ni hembra dominada ni, mucho menos, integrante de la horda. Hasta que he caído en la cuenta de que se refiere a falta, a carencia de ética, no a una posición ética del Yo ante la vida. Así más adelante, he encontrado una magnífica descripción de las relaciones sociales actuales, tildando a los elementos anteriores de delincuentes relacionales, personas que no son ni responsables ni culpables, que dependen de una serie de disposiciones existenciales que hacen de ellos incapaces de sostener cualquier tipo de compromiso ético. A éste tipo de compromiso lo denomina contrato hedonista. Dice al respecto:

“Pues el contrato funda la relación ética. Somos seres humanos, y como tales, dotados del poder de comunicación. A través del lenguaje en primer lugar, sin duda, pero también por medio de miles de otros signos comparables a la emisión de un mensaje, a su decodificación, recepción y comprensión por un tercero. La comunicación no verbal, gestual, las mímicas del rostro, las posturas del cuerpo, el tono de la voz, las inflexiones, el ritmo y la inflexión de la palabra, la sonrisa, transmiten la naturaleza de una relación. En el grado cero de la ética se halla la situación.

Vamos, que antes de tener una relación con otra persona, antes de aceptar el contrato hedonista con otro, nos enfrentamos a la parafernalia de un lenguaje verbal y gestual que, en mi opinión, crea una “primera impresión” que va a condicionar los pasos posteriores de la relación en el plano ético. Continúa Onfray:

“Primer grado: la presciencia del deseo del otro. ¿Qué desea? ¿Qué me dice? ¿Cuál es su voluntad?”

A partir de la primera impresión, tenemos que inferir aquello que busca el otro, la persona con la que vamos a firmar el contrato… yo, hasta ahora, no tengo poderes telepáticos, la verdad.

“De ahí surge el cuidado necesario. Informarse del proyecto del tercero ante el cual me encuentro. Luego aclararle mi proyecto. Siempre a través de signos; el lenguaje, entre otros Ese juego de perpetuo de vida y vuelta entre las partes interesadas permite la escritura de un contrato. No hay moral fuera de esta lógica sinalgmática La relación ética puede darse sobre la información intercambiada.”

Al final se hace necesario acumular información con la que poder hacerse una imagen de los objetivos del otro. Desde mi punto de vista, evidentemente no por las palabras, gran parte del proyecto de gente que conozco consiste en medrar a costa de todo aquél que se cruce en su camino. Eso plantea el problema de no poder mantener el contrato con la otra persona, menos aún cuando te enfrentas a todo un grupo. ¿Qué dice Onfray al respecto?:

“En el caso del delincuente relacional, en cuanto ha quedado integrada la información, y en caso de amenaza contra la tranquilidad existencial la solución exige una reacción adecuada: la evitación.”

Con otras palabras, pasar de ellos para mantener la tranquilidad existencial de uno mismo. Aún añade:

“El hedonismo se define de modo positivo por la búsqueda del placer, sin duda, pero también de modo negativo, como evitación de las situaciones de displacer. Los psiquismos deteriorados corrompen lo que tocan. Salvo deseo de automutilación -ética contractual-, la expulsión permite restaurar la paz mental y la serenidad psíquica.”

Leches, de “psiquismos deteriorados” podría hacer un listado prolijo hasta el exceso. Y además, como la sabiduría popular indica: Dios los cría y ellos se juntan. Es obvio que un psiquismo deteriorado no es capaz de percibir el deterioro del prójimo, como tampoco es consciente de lo que puede suponer para su propia psique: renuncia a la propia personalidad, incapacidad de tomar decisiones, comunión con el papel asignado dentro de la comunidad sin llegar a plantearse en momento alguno, las capacidades propias para desempeñar otro rol. Onfray nos da su beneplácito para evitar a éstos elementos que pueden llevarnos al displacer (que gran término!) y nos presenta unas pautas para cuando no es posible dicho distanciamiento (vamos, el momento en el que me encuentro, que no me queda más remedio que bregar con un manojo de psiquismos deteriorados que yo llamo “personalidades tóxicas”)

“En algunos casos, el distanciamiento no es posible, porque se trata de personas con las que, por múltiples razones, estamos obligados a permanecer en contacto. Queda, pues, la solución ética, la buena distancia, lo que denominé La construcción de uno mismo la Eumetría. Ni demasiado cerca, ni demasiado lejos. Ni distanciamiento radical y definitivo, ni proximidad que expone al peligro. No exponerse, no entregarse, no confiarse, guardar los secretos, practicar la distancia, ejercer la discrección, mantener la cortesía, la buena educación y el arte de las relaciones fluidas pero distantes. ¿El objetivo? Evitar poner en peligro el núcleo de la identidad.”

Michel Onfray “La fuerza de existir. Manifiesto hedonista” Ed.Anagrama (2008) p. 109 y siguientes

No puedo estar más de acuerdo con su postura, sin embargo me conozco lo suficiente como para no ser capaz de mantenerla de entrada. Mi capacidad de descubrir personalidades tóxicas a priori es nula y, cuando lo descubro, siempre es demasiado tarde, lo que les da a los psiquismos deteriorados una ventaja sobre la relación, ya que para cuando se trata de llegar a la relación distante, tienen argumentos que tratan de usar como armas arrojadizas. Aunque claro, también es gracioso observar la incapacidad de estas personalidades de distanciarse del elemento que les produce suspicacia, siendo capaces de hacerlo únicamente, cuando se encuentran respaldadas por el grupo mentado anteriormente.

En definitiva, aplicando la lógica hedonista expuesta, me dedicaré a seguir tratando de evitar el displacer.

mp3: Skunk Anansie “Hedonism (Just because you feel good)”

Prohibido girar


uturn

No quiero estar de vuelta. Significa haber llegado a alguna parte y yo quiero creer que aún me queda mucho camino.

No quiero estar de vuelta. Quiero seguir siendo inocente aunque me lleve las ostias que me llevo y que sé que me seguiré llevando. Ya estoy intuyendo la próxima mano que se está levantando y estoy esperando el golpe.

No quiero estar de vuelta. Porque me gusta que me sorprendan, que lo inesperado y lo que no está planificado y lo imprevisible tengan algo que decir en unos días que, de lo contrario, se verían abocados al tedio.

No quiero estar de vuelta. Prefiero que el camino me lleve donde tenga que llegar.

mp3: Tori Amos “Don’t look back in anger (Live “Bootleg” version – Manchester)

En el coño del mar


 

Tus pechos me pinchan mientras me quemo en tu vientre.
Follando y tosiendo, follando y tosiendo gloria.
Mordiendo tus piernas hacia el túnel de tus nalgas,
vislumbro el esfinter virgen del Espíritu Santo.

Del Espíritu Santo.
En el coño del mar.

Javier Corcobado “En el coño del mar”

pies

Quería marcharse. Destino incógnito. Pero deseaba huir con tal fuerza que le dolía en el pecho. Lo único que poseía era una maleta de cartón atada con una cuerda, un abrigo raído y esas ganas que te dan la vuelta y te convierten en lo contrario a un pelele del destino. Conversaba con el murmullo del viento que se colaba por los recovecos de aquella estación de autobuses pero no tenía capacidad de decirle nada que no supiera de antemano. Aquél autobús podía ser tan bueno como cualquier otro, por eso no de dignó en mirar el destino y cuando llegó vio una gaviota planeando. “Hay un vertedero cerca” pensó. Y lo que había era el mar. Un mar bravio con un olor fuerte a algas podridas en una ciudad que parecía la hija bastarda de una fábrica abandonada. Sus pasos se dirigieron de forma instintiva hacia la playa, un arenero gris bajo un cielo cubierto de nube del tornasolado color de la lefa. Abandonó los zapatos. El abrigo mustio que había heredado. La maleta justo en la orilla.

Permitió al mar lamerle los pies.

mp3: Javier Corcobado “En el coño del mar”

De profesión, meretriz


meretriz

Podía jactarse de haberse llevado la virginidad de tres generaciones de hombres de aquella comarca. Pero nunca lo hizo, aunque todos supieran quien era ella. Cuando se encontró a aquél chaval en su dormitorio, temblando como una hoja, supo que también se encargaría de una cuarta generación.

mp3: Joaquin Sabina “Una canción para la Magdalena”

El lado vacío de la cama


breakfast

La sombra de su sudor aun estaba en la almohada, no debía hacer mucho que se había marchado, pero lo cierto es que lo único que quedaba era aquella sombra. El único rastro de que no había sido una alucinación producida por una noche de alcohol y tabaco, de humo. Se dio media vuelta en la cama, acurrucándose, haciéndose un ovillo, sujetándose el vientre en un intento de contener el vacío que amenazaba su cuerpo con otro big bang. El vacío de saberse usado y haber usado a otra persona. El vacío que deja otro cuerpo sobre la cama. Desde hace un tiempo trata de encontrar a aquél capaz de ocupar el vacío que dejo el primero, como un juego de bloques para niños. Nunca nadie es capaz de llenar todo el espacio. Siempre queda un resquicio por el que entra el vacío, se cuela como una corriente de aire derribando a su paso todo aquello que, con esfuerzo, ha ido construyendo, las barreras, las defensas de una soledad tan desolada como un yermo páramo. La sálobre mancha del calor de otro cuerpo y otra muesca en el cabezal de la cama, el mismo ritual que se repite hasta el hastío.

Inspira. Profundamente. Esperando encontrar el aroma del sudor del otro aún flotando en el aire y descubriendo el persistente olor de un café recién hecho. Se levanta, confuso en la batalla por llegar al territorio de la vigilia para encontrarle en la cocina.

-¿Para qué te has levantado? Te iba a llevar el desayuno a la cama.

mp3: Dover “The morning after”

Septiembre


 

Después de todo tu tienes tu vida
y yo simplemente estoy viviendo,
vuelve la ropa de temporada
aún no he decidido tu regalo de cumpleaños.

Algora “Septiembre”

Septiembre nos alcanzó con la palabra verano en la boca, con la costumbre del estío aún en nuestros huesos, con la típica escena del marido que vuelve a casa antes de la hora, sorprendiéndonos en los brazos de otra estación, cuando esperábamos que nos encontrara en flagrante adulterio.

Antes de que fuéramos capaces de reaccionar, el armario se pobló de jerseys, colores depresivos y hojas secas que hacía unos días se encontraban desterrados en algún rincón en el que esperábamos que durmieran el sueño de los justos, aconsejados por una envidiosa primavera que hace ya tiempo nos ha abandonado.

Conoce los rincones de la casa, de nuestras idas y nuestras venidas, así que Septiembre toma posesión de sus dominios sin disculparse ni quitarse los zapatos. Se siente cómodo volviendo al lugar al que pertenece.

Y en tu corazón. Al fondo a la derecha. Sabes que le echabas de menos.

mp3: God Help the Girl “Funny little frog”

Una historia de Gran Vía


 

granvia

El grito le sorprendió en medio de Gran Vía, su nombre pronunciado con un punto de excitación e histeria con el claro objetivo de llamar su atención.

El grito le sorprendió en medio de Gran Vía, su nombre pronunciado de una forma que hacia años que no oía tras el termino “señorito” que tanto le recordaba a las películas de Gracita Morales pero que no le hacía ninguna gracia ni cuando era mas joven ni pasado tanto tiempo después de la última vez que se dirigieron a él en aquellos términos.

El grito le sorprendió en medio de Gran Vía, procedía de una mujer de mediana edad, de incierto atractivo y que en su juventud debía haber sido bella o, al menos, podía haberlo sido, pero que ahora parecía haber cruzado el mundo a pie desde el pasado para llegar a aquella calle, a aquel momento en el que le llamaba con un destello de reconocimiento en los ojos. Era evidente que le conocía, que sabía exactamente quién era y aunque lo negara no sabría engañarla porque le conocía. Pero él no era capaz de ubicarla en el tiempo y el espacio. Esa extraña e incómoda sensación de saber que conoces a alguien pero no sabes de qué ni desde cuando.

El grito le sorprendió en medio de Gran Vía, tanto que no fue capaz de hacer caso al instinto que le azuzaba a ignorarlo y giró sobre sus talones para enfrentar la mirada de aquella mujer a la que el peso del tiempo encorbaba la espalda y las varices tatuaban unas piernas embotadas.
-El señorito no se acuerda de mi ¿verdad?- su acento dulce y rumboso, procedente del otro lado del atlántico parecía querer remover algo en su memoria.
-Me va a perdonar, la verdad es que creo que no la conozco- respondió intentando ganar tiempo, mientras su cerebro funcionaba a toda velocidad intentando ubicarla, sin éxito, en el espacio temporal correspondiente.
-Han pasado tantos, tantísimos años, mi niño…- respondió ella con la melancolía solidificándose en su cuerpo, un aura de pretéritos que les rodeó a ambos alejándolos del bullicio de aquella atestada calle en hora punta.

El grito le sorprendió en medio de Gran Vía, y cuando fue capaz de reconocerla pronunció su nombre como un sortilegio con el que conjurar horas, minutos y años.
-¿Francisca?- titubeó, aunque sabía que era ella, Francisca, Paca, la bella, la mujer que estuvo trabajando en casa de sus padres cuando él apenas había descubierto que las mujeres eran capaces de darle la vuelta a un hombre con un sólo gesto de su mano. Cuando Francisca era una mujer de medidas rotundas y alegría a flor de piel. Una piel que aprendió primero a desear y después a explorar. El primer territorio que conquistó con su lengua y que durante tanto tiempo había formado parte de sus fantasías nocturnas para después ser parte de su día a día. Se sentía conmocionado al enfrentarse a aquella mirada que pertenecía a un cuerpo que ya no reconocía, que había olvidado, que no se correspondía a lo que la memoria de las noches solitarias había sublimado.
-Pues claro que soy Francisca, mi niño. Hay que ver que ya te has convertido en todo un hombre.
Desde la última vez que la vio habían pasado más de quince años, desde el final de una adolescencia que, como todas, fue turbulenta.

El grito le sorprendió en medio de Gran Vía, resumiendo en apenas unos minutos toda una vida sin ella. Un matrimonio. Un divorcio. Dos niños que casi no podía ver por culpa de los vericuetos legales que el abogado y novio de su ex mujer parecía haber diseñado a su antojo. Una soledad mal compartida consigo mismo y con otros solitarios vencidos por el peso de una vida que parecía no haberlos elegido. Cuando las tardes las pasaba con los pechos de Francisca entre las manos creía que el mundo estaba ahí para que él cogiera lo que deseara. Ahora aquellos senos los adivinaba mucho menos tersos y rotundos y el mundo le había dado la espalda. Los años son injustos con todos y con ellos dos no había hecho excepción alguna. Y ahora se encontraban frente a frente, años después de la última vez que sintieron la piel de la una contra la del otro, media vida desde que los padres de él los descubrieron y ella pasó a formar parte del mundo en el que no sabes si las cosas son reales o sólo son producto de la imaginación.

El grito le sorprendió en medio de Gran Vía, dejándole fuera de combate, tanto que no reaccionó cuando Francisca le dijo que venía de trabajar, que vivía cerca y que, si quería podía acompañarla. Tampoco reaccionó al bajar la calle con ella al lado, torcer en un callejón, girar a la izquierda en la farmacia, al subir las destartaladas escaleras de un edificio que, como ella, debía haber conocido tiempos mejores. Tampoco reaccionó cuando ella empezó a desvestirle buscando en sus ojos el resquicio de aquél adolescente al que había querido como a un hijo y como a un hombre.

mp3: Air “How does it makes you feel? (edit)”

Time machine


 

Ahora, rodeado de toda la ropa de mi armario acumulada durante más de dos años, me ha dado por pensar que un armario es como una especie de máquina del tiempo en la que vamos amontonando más que ropa, menos que experiencias, recuerdos. La chaqueta que llevaba la primera vez que le vi. La sudadera que le regalé y luego me apropié. Esa camiseta que me encantaba pero que ya está para el arrastre. Los polos que compré para vestir más formal para ir a la oficina y que luego quedaron relegados por las camisetas y finalmente por las camisas (cómo odio plancharlas, pero qué bien quedan). Las primeras Vans que tuve, que me hacían un poco de daño, porque eran un ocho y medio. La sudadera que me puse la primera noche que salí por el ambiente en Madrid.

Son sólo trozos de tela, pero muchos tienen aroma a valor sentimental.

Algo más que melancolía. Algo menos que tristeza. Saudade. Supongo que estoy un poco más mustio de lo que quiero reconocer.

mp3: Lady GaGa “Fashion”

Asepsia sentimental


 

asepsia 

Por mas que lo intenta, todas las mañanas se despierta solo en su cama. Da igual lo que haya ocurrido la noche anterior, las estrategias para encontrar compañía y sentirse menos abandonado, integrado en algo que no pueda controlar, dejarse llevar por los instintos que, en mayor o menor medida, todos tenemos.

Como todos los días desde hace una temporada más que larga, se levanta y se encamina a la cocina a preparar el café, ignora su reflejo en el espejo camino de la ducha y comienza el ritual de su aseo con el agua a tal presión que lacera su cuerpo en un intento no de despejarse sino de sentirse algo más vivo, sacudirse la sensación de muñeco de trapo en manos de un desalmado infante. La cafeína le reconforta, el tabaco se convierte en parte del ritual y no deja de preguntarse qué es lo que le pasa para que su cama cada mañana se encuentre vacía, parecida a una balsa después de un naufragio. Resignado a no encontrar una respuesta, comienza una rutina que le permita no pensar, transformarse en un autómata que toma posesión de su cuerpo y hace todo lo que tiene que hacer: trabaja, bebe, come, ríe y llora, se enfada, habla y oye. Pero no siente, no se permite a sí mismo sentir, caminando siempre con un corazón anestesiado.

En algunos momentos aparecen destellos de momentos pasados en los que no era así, en los que aún se permitía ser una persona en el más amplio sentido de la palabra, cuando todavía era capaz de que las emociones se desataran como agua tras abrir las compuertas de una presa, violentas, inconscientes, sin pararse a sopesar qué es lo que pasará después, tratando de evitar que le hieran de nuevo.

Ahora la coraza y el hermetismo le han transformado en un aséptico sentimental. A salvo de todo. De todos. Menos de sí mismo.

mp3: Sheryl Crow “My favourite mistake”

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