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Criticando el mundo desde 1976

Un desastre manifiesto


 

Él era de los que, meticulosamente, etiquetaban, organizaban, categorizaban y trazaba con tiralíneas los caminos de su vida. Para ella el caos era la extensión de sí misma, una forma de expresión.

Pero el día que, en el supermercado, ambos se abalanzaron hacia el último sobre de Tang (sabor tropical) durante la fracción de segundo que sus dedos se rozaron por primera vez, supieron que terminarían con una hipoteca a nombre de los dos.

mp3: Nacho Vegas “Un desastre manifiesto”

Sálvate


 

lemat 

Se adelantan los vientos de la primavera
huele a romero y a humedad,
la bayoneta cruzada en la espalda
con la vieja manía
de construir castillos en el aire.

Cruzando calles a ciegas,
el loco del tarot no despegará
                                      los labios.

Habiendo perdido la costumbre
de batallar contra pesos pluma,
se hace cuesta arriba
la tradición de inmolarte.

Sálvate de los tiempos de bruma.

Sálvate de la cordura traidora.

Sálvate de la insidiosa morriña.

Ajustando cuentas con el destino
trazado en la palma de la mano,
arena de reloj
llenando los bolsillos.

Pudiendo ser tu propio adversario
te convertiste en tu esclavo.

Se adelantan los vientos de la primavera.
No osan pasar más allá del zaguán.

mp3: Moloko “Come on”

El orgullo del Tercer Mundo (o África empieza en los Pirineos)


 

Esta entrada no es la que tenía planeada colgar hoy, pero lo que he sufrido ayer merece que me desahogue un poco.

Se supone que vivimos en un país desarrollado, que pertenecemos a la Unión Europea (éste semestre, incluso, somos el país que la preside). Pues bien, con tanto desarrollo como el que tenemos, resulta que cuando hay una helada y cae una nevada, el país desarrollado se colapsa y vuelve a la edad de piedra, o de hielo, como prefiráis.

Así, un viaje de cuatro horas y medias se transforma en una odisea: mi tren destino a la Villa y Corte tenía que salir a 19:20 pero se retrasó hasta las 19:50 ¿Por qué? Sin explicación alguna, porque para qué le vas explicar nada a los sufridos clientes y viajeros. Que se joroben. Al menos ese era el careto de todo el personal del tren. Las estaciones se sucedían con más o menos normalidad. Y a las 23:00 se llegó a Valladolid donde, en teoría, había cambio de tren. Algo anunciado en la web de Renfe desde dos días antes. Sabiéndolo de antemano te plantéas que ya tendrán el nuevo tren preparado, que lo pondrán en el andén de enfrente y cambiarás de vía tan feliz sin más contratiempo… Craso error: el nuevo tren no estaba listo y nos dijeron que tardaría 45 minutos que se alargaron hasta casi la hora y media y lo pusieron en otro anden al que, para acceder, había que subir una pasarela de escaleras empinadas lo que, con los maletones que llevaba la gente lo convertía en una proeza digna de unos cuantos cantares de gesta. Al final el tren se puso en marcha llegando a su destino a las 2:00. En fin. Resignación. No va a haber metro así que habrá que soltarle la tela a esos majos señores que conducen coches y se hacen llamar Servicio Público: los taxistas. Lo que no se esperaba nadie es que el tren anterior todavía andaba esperando taxis y que estos aparecían con una frecuencia de uno cada cinco minutos. La cola de doscientas personas en la estación de Chamartín era de proporciones épicas. Así, a la intemperie hubo que esperar más de dos horas hasta que un simpático taxista (esto va sin coña, era majo de verdad) apareció para llevarme hasta mi casa. Hasta que apareció, un grupo de intrépidas damiselas se enfrentaron a los seguratas de Chamartín para pasar dentro de la estación y resguardarse del frío. La actitud de estos no es que fuera lamentable, es que fue tan delirante (uno de ellos llegó a decir “A mí no se me quejen y prendan fuego a la estación que es lo que tienen que hacer”) que llamaron a las fuerzas del estado que, como no tenían nada mejor que hacer, se presentaron en la estación. Hasta seis zetas y una furgoneta se presentaron en el lugar de los hechos. Poco más y nos piden que nos disolvamos por reunión ilícita. Y para más recochineo, a las 4:15 sale un policía con voz engolada que anuncia que van a abrir la estación para que los que quieran puedan entrar a resguardarse del frío pero que no se hacían responsables del lugar en la cola para los taxis. Qué gracioso. La estación de Chamartín abre sus puertas a las 4:30.

Al final, a las 4:35 logré llegar a casa. Sólo tardé 9 horas en llegar a mi destino.

Y digo yo ¿qué pasa en el norte de Europa cuando ocurren éste tipo de cosas? ¿No nos pueden enseñar nada a los pobres españolitos?

mp3: Snow “Informer”

La señorona


 

Al fondo del bar, humo y luces tenues. Tan dramático es para ella el no ser capaz de desprenderse de aquellos modales empañados de naftalina como que le quede como un saco cualquier modelito de “haute couture” cortado a medida. Sus formas de señorona de sesenta años contradice una edad biológica que no llega al tercio de siglo. Harta de la imposibilidad de verse favorecida de forma alguna por los modelitos acordes con los años que pone en su carné de identidad ha optado por el luto como base de su fondo de armario. El negro de moda entre los góticos, aquél que siempre se considera que combina bien con cualquier cosa, el que se cree que hace la silueta más estilizada, en su caso se transforma en un borrón en tu visión periférica. De pronto un manchurrón negro llena el espacio, mientras un aroma de flores marchitas toma posesión del ambiente transformando al resto de los presentes en estatuas convidadas a su prematura decrepitud.

Dicen que perdió la razón como una Penélope de Serrat. Que por eso habla en voz alta consigo misma con un tono que hiere el tímpano de todo aquél que están en un radio más o menos próximo a su influencia. El tema casi siempre es ella misma en una suerte de monólogo autobiográfico con el que templa los días para darles la forma que mejor se adapte a su incapacidad de que alguien se interese por su incesante charloteo. Aquellos que, por desconocimiento o audacia, han tratado de interesarse por lo que dice, por sus historias, sus anécdotas o sus necias opiniones, generalmente no sacan nada en claro más que desquiciadas disquisiciones sobre la vida que dan lugar a comentarios jocoso. Especialmente cuando, con un auditorio que la presta atención, trata de hacerse más intelectual de lo que es.

Al fondo del bar puedes llegar a escuchar perlas que persisten en tu memoria dado el asombro que te producen como aquello de “Una vez me he fumado un porro de manzanilla y casi me muero”, esas opiniones políticas dignas de usarse como muletilla en cualquier conversación del tipo “Hay que distinguir entre dos izquierdas: la buena y la mala”, los impagables momentos literarios “Me gusta mucho Monterroso, nunca me he terminado de leer su historia sobre el dinosaurio, pero lo sigo mucho” o “Pocoyo es demasiado intelectual para mí”, sin olvidar sus conocimientos histórico-electricistas “Me he quedado sin luz en casa: se ha caído la gleba”

Cerca de la cirrosis, la dejamos en el fondo del bar, humo y luces tenues, mientras ojea el Venca como quien revisa el Vogue.

mp3: Lostprophets “It’s not the end of the world but I can see it from here”

Fachada


 

21122009 

Los planos existenciales por los que me muevo son prolijos en personajes curiosos, personajillos y cabareteras de medio pelo con pretensiones de algo mas que una vida opaca y anodina.

Mirad a aquel, por ejemplo, el que se cree el hombre perfecto: inteligente, divertido, atractivo… Todas las cualidades que adornan a los usuarios de Varon Dandy, Brummel o Agua Brava. Pero nadie es un buen juez de si mismo y la objetividad se distorsiona ante el espejo en el que nos miramos. La realidad sí que es imparcial y, de la misma forma que él ve la brizna en el ojo ajeno, los demás ven la viga que hay en el suyo. Pero mientras se encarga de señalar la brizna en los otros, tratando de librarse de toda mácula, los demás, los que son objeto de su inquina y su malevolencia disfrazada de humorismo heredero de la rancia tradición arevalista (o, para el caso, de Marianico el Corto) callan y otorgan, no por evitar la confrontación, no por darle la razón (que a veces tiene, aunque la pierda dadas sus formas) sino por la apatía que les invade ante tamaño despropósito de personaje. No pueden por menos que compadecer el esfuerzo,  consciente o inconsciente, que tiene que hacer para mantener una fachada que cuando accidentalmente se resquebraja muestra, en toda su opacidad, la mediocridad y zafiedad que lubrica sus engranajes.

Depende de la luz del ascua a la que acerque su sardina, pero todos los rostros que presenta, sonríen al interlocutor de turno, le regalan el oído con lo que cree que son las mejores palabras (aunque la mayor parte de las veces son términos rimbombantes cuyo significado desconoce y que, pocas veces, son las apropiadas para la ocasión) mientras espera el momento propicio en el que poder hundir el puñal en la espalda de la persona que tiene delante. El problema al que se enfrenta cuando trata de zaherir a alguien es la incapacidad de usar las habilidades sociales con cierta mesura, lo que se traduce en montar tanto estropicio como un elefante en una cacharrería cuando la discreción sería mucho más apropiada. No obstante, sus denodados esfuerzos por resaltar mas allá de los humos y las sombras de los bares le convierten en el máximo exponente de lo que no debiera ser nadie en su sano juicio. Afortunadamente, la experiencia, el paso del tiempo, pone a cada uno en su lugar y te dota de las armas y los escudos con los que evitar que las inquinas ajenas te afecten como lo hacen los mosquitos.

mp3: Black Eyed Peas (ft. Macy Gray): Request line

Remembranzas culinarias


 

Que la comida nos trae recuerdos no es nada nuevo, que se lo digan a Proust y a sus madalenas. Esto viene a colación de que estoy metido en la cocina preparando un curry y he recordado la primera vez que lo probé. Yo debía tener 23 o 24 años y estaba en plena efervescencia de liberación homosexual, vamos, lo que viene a llamarse la fase puta que viene tras la salida del armario.

Estaba por aquellos entonces en una relación un tanto extraña con un tío que me sacaba catorce años y me parecía el tipo más interesante que he conocido nunca (lo siento por las parejas que he tenido después: ninguno ha superado ese listón): era mayor que yo, tenía una vida MUY interesante, amigos con los que tener conversaciones que retaban intelectualmente, gente con la que podía hablar de cocina y acto seguido debatir sobre María Zambrano, me llevaba a cenar a sitios donde ni se me hubiera ocurrido ir, visitábamos calas que nunca he vuelto a pisar… Volviendo al curry, éste chico, bueno, hombre, tenía un novio que vivía en Los Angeles (casi nada) y llevaban una relación abierta. Vamos, que se ponían los cuernos mutuamente con el conocimiento y el consentimiento del otro. La cosa es que el novio fue de visita a Santander y me invitaron a cenar a su casa porque iban a preparar curry. Ésa fue la primera vez que lo probé y, en honor a la verdad, me encantó.

Después han venido otros currys y otros hombres. Buenos, malos, mejores o peores. Pero ninguno igual.

mp3: George Michael “Outside”

Autosuficiencia


Un interludio antes de seguir con Catholic Star System

Veamos lo que el diccionario nos dice al respecto de éste término:

autosuficiencia.

(De auto- y suficiencia).

1. f. Estado o condición de quien se basta a sí mismo.

2. f. suficiencia (‖ presunción).

Fuente: www.rae.es

Parece que no queda excesivamente claro, ya se sabe que lo que es la RAE es bastante parca en explicaciones. Vamos a ver si se explica mejor con el adjetivo:

autosuficiente.

1. adj. Que se basta a sí mismo.

2. adj. suficiente (‖ que habla o actúa con suficiencia).

Fuente: www.rae.es

Vaya caso, estos se explican igual que un libro cerrado. Tomando como base eso de “Que se basta a sí mismo” podemos inducir que, referido a una persona, se refiere a alguien capaz de subsistir por sus propios medios, sin ayuda de terceros. Evidentemente, en un entorno social como el que nos movemos hoy en día eso es prácticamente imposible. La intervención de otros congéneres muchas veces es inevitable, la mayorías de las ocasiones es imprescindible, necesaria, no siempre agradecida. Así, somos entes sociales, nos movemos dentro de lo que es ésta sociedad requiriendo de la cooperación y la interacción de los otros. En cierta forma, la autosuficiencia pura, es una falacia en sí misma.

Ahora bien, la realidad no es tan plana como la pintamos, ni mucho menos, más al contrario, esta conformada por múltiples facetas, en algunas de las cuales sí que podemos encajar la autosuficiencia.

Volviendo a la reveladora definición de la RAE, la segunda acepción propone una concepción negativa al equiparar suficiencia con presunción.

presunción.

(Del lat. praesumptĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de presumir.

2. f. Der. Hecho que la ley tiene por cierto sin necesidad de que sea probado.

Fuente: www.rae.es

Todo queda mucho más claro, dónde va a parar: si eres suficiente, eres presuntuoso y, por ende, presumido. Y todos sabemos cómo acabo cierta rata que se compró un lazo y terminó durmiendo con su enemigo (para quien no esté familiarizado con la referencia al folklore infantil, puede enterarse aquí)

A nivel personal (nadie es un buen juez de sí mismo, lo sé) me considero bastante autosuficiente, vamos, que soy de los que se sacan las castañas del fuego. A veces me cuesta. Y a veces me cuesta hasta pedir ayuda, uno es así de cabezón y orgulloso. Pero no me jacto de ello. Espera. Estoy escribiendo una entrada al respecto. Sí que estoy siendo presuntuoso. En fin, yo no tengo la culpa de ser tan sexy.

mp3: Boy hits car “This song for you”

Catholic Star System: pareja cómica


 

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Ambas llevan el mismo traje de chaqueta, corte perfecto, color inmaculado, firmado por un gran diseñador convencido para la causa, pero no parecen el mismo. El tinte, del mismo número, no resalta los mechones de una de la misma forma que a la otra a pesar de todos los intentos de las estilistas contratadas para peinarlas igual. Mientras una anda airosa sobre tacones que darían vértigo a un drag-queen, la otra mantener un precario equilibrio que evite que se dé de bruces contra el suelo y haga el más espantoso de los ridículos. Han tratado convertirlas en las perfectas apóstoles de la buena nueva y han logrado transformarlas en las dos caras de una misma moneda. No es que una sea peor que la otra, pero ésta derrocha glamour y saber estar donde la otra se siente como un pez fuera del agua. Aunque las dos saben exactamente lo que tienen que decir cuando tienen un micrófono, una grabadora, una cámara delante.

– Eres afortunada de ser la abuela del hijo del señor- sonríe mostrando una perfecta y refulgente hilera de dientes.
– Muchas gracias… y gracias por apoyarnos en ésta causa. Dice mucho de tí- su sonrisa no le llega a los ojos.

Llevan varios días sin separarse la una de la otra. Su confesor le dijo que sería buena idea que la acompañara como portavoz de la próxima llegada y desde entonces parecen gemelas, siempre vestidas, peinadas y maquilladas igual. A veces los periodistas dudan de quien es la verdadera abuela y quien es la rutilante estrella que les da apoyo.

– Gracias a vosotros por haberme acogido de tan buen grado, me siento como si formara parte de una gran familia- aunque si no fuera por mí toda ésta historia no tendría ni la mitad de eco mediático que tiene, porque sí, tenéis una virgen preñada pero si yo no estuviera aquí ninguno de esos periodistas de segunda fila os harían el menor caso. Y esos periodistas son los que llegan a la gente y la gente lo que quieren son gente glamourosa como yo, no payasetes arribistas que no saben ni cómo comportarse en público.
– Pero si no fuera por ti…- lo tranquilos que estaríamos, que hay que fastidiarse con la famosilla ésta, que no ha hecho nada y no hace más que chupar cámara y hacer declaraciones como si la realmente embarazada fuera ella. Que ya me he dado cuenta yo de que nos mira por encima del hombro, que no estamos a su nivel. Puede que yo no tenga tanto dinero y tanta educación como ella, pero yo nunca me he rebajado ante nadie y una es una mujer decente, que no sé yo si ella lo será porque me acuerdo de haber visto en la televisión cada cosa sobre ésta. –… habría gente que no escucharía la buena nueva.

El cumplido la halaga, sabe que es cierto. Desde que ella se ha unido son la comidilla de todos los programas de televisión y muchos otros conocidos aristócratas y artistas se han unido a su causa. Ella sabe que es la verdadera estrella y que la gente les sigue porque ella participa, sino de qué Harmani se iba preocupar por vestirlas a ambas. Ni en ese programa del sábado por la noche les dedicarían cuatro horas de entrevista. Estaban cambiando el mundo, la fe de la gente, pero ella sabía que era realmente ella la que lo estaba provocando. La otra es capaz de leer en su cara lo que está pensando y la reconcome por dentro que se esté convirtiendo en protagonista por encima de su propia hija, pero sabe que el tiempo pone las cosas en su lugar y que cuando nazca SU nieto el equilibrio se volverá a restablecer. Armada de paciencia cristiana se dispone a esperar a interpretar su abuela del nuevo hijo del altísimo.

-Nena, espera un momento que se te ha salido un mechón del moño- le arregla con pericia el peinado. Esta no sabe ni peinarse, de verdad que si no es por esto de qué me iba a juntar con una ordinaria como la aquí presente que no sabe estar ni se ha visto en una como esta en su vida. Es que no tiene ni idea de cómo llevar el traje y mira que es difícil llevarlo mal con lo maravilloso que es.
– Ay, gracias, que no me había dado ni cuenta, con este viento…- si me vuelve a tocar no sé si seré capaz de comportarme. Que el padre de mi nieto me perdone, pero ésta mujer es mala, sólo está aquí para hacerse publicidad, que me conozco a las de su calaña, que siempre están intentando salir en televisión y es lo que quiere ésta, que se le ve a la legua.

Ambas se miran, se miden y se sonríen. Para volver la cara en cuanto pasa el tiempo prudencial establecido por las convenciones sociales.

mp3: Nudozurdo “El hijo de dios”

Catholic Star System: guest starring


 

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Las luces del estudio no la deslumbran: ella ha visto la luz de la virgen y ningún resplandor se puede igualar a ese. Antes de que se encienda la roja lamparilla de la cámara ella ya ha arreglado la chaqueta de su Chanel, se ha atusado ligeramente el cardado del cabello y humedecido levemente los labios, más que sentarse, se ha colocado en la silla en el ángulo más favorecedor posible. Es consciente de que su imagen ya no es la de aquella musa de los grandes diseñadores de los años 60, pero todavía es capaz de transmitir la misma seguridad, la misma determinación. Y es lo que le ha convertido en uno de los apóstoles de la nueva revelación, de la buena nueva. Se siente honrada del papel que juega en ésta historia y así se lo hace saber a la presentadora que la mira con la cara de pasmo propia de las adictas al botox, la cual no hace más que preguntarla sobre su opinión sobre la llegada del segundo hijo de dios. No viene a salvar al mundo, indica, viene a salvar a la humanidad. Una frase típica, tópica, que los curas no dejan de utilizar. Atrás quedan las fiestas de alta alcurnia en las que ella era la estrella invitada, ahora reconoce, con forzada humildad que está al servicio del que está por venir y que eso la satisface plenamente en todos los ámbitos de su vida. No echa de menos, para nada, esos vulgares y superficiales encuentros con arribistas, pobretones de rancio abolengo, modelos con callos en las rodillas, proxenetas con un Jaguar en la puerta y demás fauna con la que se tenía que relacionar en las situaciones más variopintas, desde la presentación de una colección de joyas a la inauguración de los locales VIP que patrocinaban sus hijos. No podía negar que la condescendencia con la que sus vástagos se tomaban el nuevo giro que había tomado su vida, la molestaba de una forma indefinida, pero no podía dejar que aquello se interpusiera en su papel de portavoz de la gran noticia que supone la llegada del nuevo hijo de dios.

mp3: Melody Gardot «Quiet fire»

Catholic Star System: un apóstol


 

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Nadie dijo que fuera a ser fácil, pero ninguno pudo imaginar que llegara a ser tan duro. Le cogió todo por sorpresa, una llamada al móvil mientras esperaba para entrar en una entrevista de trabajo, ridículamente vestido con un traje de chaqueta que le iba demasiado grande y un currículum maquillado tan en exceso que parecía pertenecer a otra persona, pero aquello era tan habitual que las mas de las veces no era capaz de distinguir lo que era cierto de lo que no. No es que le gustara mentir, es que no sabia como evitarlo. Tal vez por eso fue el que, de todos los de la familia, se tomó la Inmaculada Concepción de su hermana como un hecho anecdótico sin la menor importancia. No pudo calcular hasta que punto estaba equivocado y, al cabo de los meses, aun recordaba aquella llamada de teléfono como el principio del desbarajuste en el que se encontraba en aquellos momentos.

Al principio resultaba hasta graciosa la atención de los medios, las entrevistas, las fotos, las apariciones publicas, todas entreveradas por el morbo de la gente por saber sobre las vidas ajenas y por ese halo de santidad que envolvía a su hermana y, por extensión, a toda la familia que, de la noche a la mañana parecía haber expiado todos sus pecados, cualesquiera que hubieran sido y el momento en el que los hubieran cometido. A el incluso se le presento un beneficio extra que ni siquiera había entrado a considerar y es que no era capaz de calcular cuantas mujeres estaban deseosas por tener conocimiento carnal con el tío del hijo de dios. Pero esa ventaja solo le sirvió al principio. Cuando acabó la novedad se dio cuenta de que no era mas que otro pelele en manos de algo mucho mas grande de lo que era capaz de entender, de lo que ni el ni ninguno de  los suyos era capaz de manejar.

Detrás de todo estaba la mano de aquel puritano confesor de su madre, ese que durante toda la infancia le había estado martirizando e intentando convencer de que debía formar parte del ejercito de dios. Pero el siempre estuvo mas interesado en otra clase de faldas y el voto de castidad jamás estuvo entre sus planes. Hasta su madre se lo echaba en cara, reprochándole con cierta decepción que no fuera todo lo pío que su familia requería. De su hermana no decía nada a pesar de ser tan descreída como el, pero claro, ella era la pequeña, la mimada, la que siempre decía que quería llegar virgen al matrimonio y llevaba el anillo de castidad. Y ese papel era el que se dedico a exprimir cuando quedo encinta. Y a el le seguían echando en cara que no era tan católico como su recién adquirida posición requería. Nadie dijo que fuera fácil, pero nunca creyó que pudiera llegar a ser tan difícil.

Si él hablara… nadie le escucharía.

mp3: Lady Gaga «The fame»