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Criticando el mundo desde 1976

Trapecista


He caído otra vez,
cuando creí que todo estaba atado
y el trapecio
parecía un columpio,
he vuelto a caer
pensando que todo era seguro,
cuando no sabía si salir de la cama
o lamerme las heridas
o mirarme al espejo
para decir «sólo soy yo».

He vuelto a caer
entre paradojas
y crueldades.

He caído otra vez.
Y sólo me queda rezar.

Redes sociales: los algoritmos nos llevarán a vivir en un mundo paralelo


En el mundo actual tenemos un maremagnum de fuentes de información con las que mantenernos al día como las páginas web de los distintos medios de comunicación, los blogs, las redes sociales, las wikis, los foros, los buscadores… los usamos de una forma u otra para saber qué es lo que pasa en el mundo.

Como es normal, cada uno da el sesgo a esa información que recibe de forma selectiva en función de los periódicos que lee, la gente a la que sigue en Twitter o los amigos que tiene en Facebook, sus intereses en Google+. Esto es evidente dado que cada cuál es más afín a ciertas ideas o ciertos gustos. Pero de lo que muchas veces no somos conscientes es que lo que vemos a través de las Redes Sociales nos llega con un sesgo impuesto por la propia red en un principio tratando de ordenar la avalancha de información que no llega desde las distintas Redes Sociales.

Qué duda cabe que Google es una de las herramientas que más utilizamos a la hora de navegar por la red. Es más que común que accedamos a Internet y tecleemos en el buscadoruna cuantas palabras con una idea vaga en la cabeza y que el buscador nos devuelva el resultado concreto de lo que necesitamos. Detrás de esos resultados se esconde la fórmula mágica de Google, que consiste en un programa que se encarga de revisar las páginas web de enlace en enlace y clasificarlas en función de una serie de palabras clave a las cuales da un peso específico (bueno, lo he simplificado mucho, pero esa es la idea). De esta forma, cuando nosotros introducimos distintos términos de búsqueda y nos llegan los resultados, aquellos que aparecen en las primeras posiciones y que, además suelen ser los que pinchamos, son los que determina Google que son los mejores para nuestros intereses en función de las palabras que hemos utilizado. De la misma forma, los anuncios que nos aparecen en distintas partes de la página también dependen de esos términos de búsqueda. En conclusión, vemos lo que el algoritmo de Google ha decidido que veamos. Podéis conocer la historia de este algoritmo en éste artículo de Diario Turing en eldiario.es

Otra de las fuentes de información a la que accedemos ya de forma casi inconsciente es Facebook. La que se ha erigido en red social por excelencia (en marzo del 2013 tenía 1110 millones de usuarios registrados) es el patio de vecinas donde unos colgamos artículos, otros dejan sus opiniones, compartimos fotos de nuestras vacaciones… Al final recibimos una serie de informaciones casi en tiempo real, conocemos las cosas según están ocurriendo. El problema es que no estamos viendo todo lo que nuestros amigos están compartiendo y mucho menos lo estamos viendo de forma cronológica. Para empezar, Facebook ofrece dos opciones para ver nuestro muro: Historias más recientes en las que ordena de forma más o menos cronológica las publicaciones que realizan nuestros amigos y las páginas que seguimos; y Titulares en las que la propia red social elige la importancia de lo que tenemos que ver. Volvemos a lo que nos pasaba con Google: resulta que Facebook también dispone de un algoritmo, llamado Edgerank, que decide el contenido más importante que tiene que aparecer en el muro de los usuarios. En él entran variables tan intangibles como el compromiso, la interacción, la relevancia… Al final, Facebook criba y nos muestra lo que quiere que veamos.

Parece que Twitter es una red más neutra en ese sentido: nosotros elegimos a quién seguir y, por tanto, el contenido que aparece en nuestro Timeline. Por supuesto, Twitter también emplea su propio algoritmo, de hecho son los que deciden los Trending Topic que aparecen en su pagina web. Normalmente cruza el número de menciones y Hashtags sobre determinado tema con la novedad del mismo, de manera que no se perpetúe en la lista de Trending Topics. Está claro que si no entramos en ellos no nos filtra la información según dichas palabras clave, pero también debemos de ser conscientes que, una vez pasada la novedad, el tema de conversación va a desaparecer de nuestra pantalla. Seguro que en más de una ocasión nos ha ocurrido que, durante un momento, nos hemos entregado a seguir la información sobre determinado evento que, al cabo de unas horas, ha terminado por perder el interés que tenía al principio.

En pocas palabras, debemos de ser conscientes de que no tenemos el control de lo que nos encontramos en nuestra navegación por las procelosas aguas de Internet y las Redes Sociales y que lo que vemos, en gran parte de las ocasiones, es lo que las corporaciones nos dejan ver, por lo que hay que ser escéptico ante las informaciones que nos llegan desde los distintos medios. De lo contrario, podemos encontrarnos en que hemos sido lanzados a un mundo paralelo.

Si queréis profundizar más en el tema y ver varios ejemplos sobre este respecto os recomiendo el artículo de El Confidencial: «Los algoritmos de las redes sociales amenazan su neutralidad«.

Instante polaroid


Seguirá siendo fría la aurora
cuando el destino
vuelva a reunirnos
y reconozcas mi cara
entre la multitud.

No podrás negarlo
porque tu condena será
no olvidarme.

Entonces pararás el tiempo.

The walking followers


Nadie sabe de dónde llegaron. De la noche a la mañana a Mariano Rajoy le han salido los followers de Twitter hasta de debajo de las piedras. Muchos de Oriente Medio. Otros tantos de India. El equipo que se encarga de la presencia en RRSS del presidente del gobierno no ha sido capaz de detectarlo hasta que en la mañana del 5 de septiembre ha saltado la liebre y gran parte de los medios de comunicación digitales se han hecho eco de tamaña irregularidad. Lo cual dice bastante poco de unos Community Managers que, por lo general, cuando meten la pata, lo hace por todo lo alto (aún recuerdo con sonrojo aquél hashtag #QueLaEnseñeRubalcaba o el la vuelta a la tortilla del #QueNoTeLienConLaSanidad)

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Fuente: https://twitter.com/ierrejon/status/507845401232162817

En primer lugar, algunas fuentes han apuntado hacia la compra de seguidores por parte del equipo del presidente para darle una mayor notoriedad en las Redes Sociales, donde otros políticos tienen una relevancia que hace que cada una de sus declaraciones tenga una impacto transmediático (perdón por el «palabro») de alto calado, el más notorio de todos, esto es evidente, Pablo Iglesias. Él se ha erigido en el primer político 2.0 de esta suerte de democracia que tenemos en España, de forma que sus apariciones públicas en diversos medios de comunicación tienen impacto directo en las Redes Sociales y viceversa, sus tweets llegan a convertirse en noticia (lo cual nos llevaría a un periodismo que, a falta de capacidad de generar contenidos propios, se hacen eco de aquello que genera ruido en Twitter, Facebook o Youtube). Frente a su capacidad de usar las Redes Sociales para generar un impacto, están la gran mayoría de políticos que sólo utilizan dichas redes cuando están en campaña electoral para lanzar sus eslóganes y soflamas y cuyas cuentas a partir de ese momento duermen el sueño de los justos: el último tweet de Miguel Ángel Arias Cañete, candidato del PP al Parlamento Europeo, no tiene ninguna actividad desde el día 1 de Julio, lo que no quita para que su nombre haya sonado como candidato para ejercer la comisaría de Innovación (al final le corresponde la comisaría de Energía y Cambio Climático, que también tiene delito), o el caso de Iñigo de la Serna, alcalde de Santander y presidente de la Red Española de Ciudades Inteligentes (sic), que tampoco usa su cuenta desde el día 2 de junio.

Volviendo al tema que nos ocupa, por mucho que nos tiente la idea de creer que el equipo de comunicación de Rajoy sea capaz de llevar a cabo una chapuza de tal magnitud, hasta el más principiante de los Community Manager sabe (o debe ser capaz de intuir) que la clase de seguidores que se va a obtener con semejante estratagema no va a ser aquellos que interactúan y se hacen eco de las propuestas y noticias que aparecen en la cuenta del presidente, es decir, que no van a generar el impacto necesario. Ni ningún impacto. En resumen, comprar seguidores a lo único a lo que lleva es a una merma de la credibilidad.

Otra segunda posibilidad que también se ha lanzado sobre este misterioso caso (en este país, para variar, nadie sabe nunca nada: ni de la Gürtel, ni de los sobresueldos, ni de los jaguars en el garaje) es que se trate de un ataque por parte de algún personaje con escasos escrúpulos que busque con este escándalo mermar la credibilidad del presidente. No sería el primer usuario que se ve afectado por un ataque de este estilo, por ejemplo Ruben Sanchez, el cuál se hace eco de ello en éste artículo y, además cuenta bastante más cosas muy interesantes sobre las cuentas zombies y la trata de followers.

Una tercera alternativa, la que a mi me parece más certera, es que se trata de una chapuza con daño controlado:

  • Es evidente que Mariano Rajoy está muy lejos de ser una tuitstar y si tiene los seguidores que tiene es por su puesto, no por su poder de convocatoria ni por el interés de lo que tuitea.
  • Hay políticos españoles que le están comiendo la tostada en el plano del Social Media porque sí que saben utilizarlo (ver gráfico).
  • La única solución es conseguir más seguidores ¿cómo?
    • Comprando followers de una forma tan burda que se caiga directamente en la astracanada, al final el coste económico es de tan sólo unos 120€.
    • Dejando que la gente se de cuenta y empiece a hablar sobre el tema. El impacto en las diversas RRSS será enorme, los medios de comunicación tendrán una historia con la que generar contenido y llenar sus webs y sus informativos.
    • Eso atraerá a gente a la cuenta del usuario en cuestión y, muchos de ellos, le seguirán.
    • Twitter se encargará de dar de baja a las cuentas zombies, con lo que el presidente obtendrá publicidad gratuita de su cuenta,  y un crecimiento neto de seguidores, sin que su equipo tenga que cribar los seguidores falsos.

Tal vez este desarrollo sea un poco enrevesado, rocambolesco incluso, pero es otra de las maneras que usan para distraer a la gente de cómo nos están recortando nuestros derechos mientras ellos se están llenando el bolsillo.

 

 

Días en los que intenté vivir


No sería más de las tres,
o tal vez sí,
pero no importa,
y trataba de resolver
problemas pendientes,
eso sí que no importa,
la cuestión
es que la respuesta
nunca pareció tan acertada.

Los días en los que intenté vivir
se convirtieron
en recortes de periódicos
en una hemeroteca abandonada.

Apuraba el último rastro de alcohol,
mirando más allá de la melancolía.

Lo único que encontré
fue lo que nunca quise hallar.

Aún faltaba demasiado para que amaneciera.

Los días en los que intenté vivir
se convirtieron en polvo,
nunca fueron más que un desengaño,
pero no me importó.

No me importó.

Novedades del blog


Me complace informaros de dos grandes novedades en el blog: la primera es que ya tenemos dominio propio (antoniofse.com) y, la más obvia, que estrenamos imagen.

Bienvenidos a una nueva reencarnación.

Retrato


Lo sabía.
Sabía que eras uno de esos
que vende orgasmos a plazos
cuando las mañanas
rayan el cristal
de las ventanas.

Instrucciones para cargar el teléfono móvil


El otro día, ojeando «Historias de cronopios y de famas» de Cortázar volví a releer el mínimo y maravilloso artefacto literario que es «Instrucciones para dar cuerda al reloj» e, inmediatamente, pensé que en la vida actual no nos preocupa tanto dar cuerda al reloj como quedarnos sin batería en el teléfono móvil. Por eso me atrevo a actualizar a Cortázar. Por favor, disculpad mi osadía.

Preámbulo a las instrucciones para cargar el teléfono móvil

Piensa en esto: cuando te regalan un teléfono móvil te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el teléfono móvil, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, americano el último en el mercado; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te guardarás en el bolsillo y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su funda de protección como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de cargar su batería todos los días, la obligación de cargar su batería para que siga siendo un teléfono móvil; te regalan la obsesión de atender a la vibración de cada notificación, de cada mensaje. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu teléfono móvil con los demás teléfonos móviles. No te regalan un teléfono móvil, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del teléfono móvil.

Instrucciones para cargar el teléfono móvil

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el teléfono móvil con una mano, tome con dos dedos el extremo del cargador e introdúzcalo, conéctelo a la red suavemente. Cuando la batería esté plena de energía se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Guárdelo pronto en su bolsillo, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra la batería, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del teléfono móvil, gangrenando la fría sangre de su procesador. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Por cierto, que si deseáis leer el original, podéis encontrarlo en este enlace.

Redes sociales: Espejito, espejito mágico…


Abres el Facebook y te encuentras con el reportaje fotográfico de las vacaciones en las Seychelles de tu amiga. Un poco más abajo, aparece la imagen de la hija de no sabes quién dando sus primeros pasos. Más allá, otros aparecen preparándose para ir a una boda en un entorno inigualable de belleza sin igual. La maravillosa cala en donde unos han estado tocando la guitarra en torno a una hoguera. Múltiples fotos de gatos. Una imagen del sushi del restaurante de la ciudad donde no es posible lograr mesa o, si se puede, no es factible pagar la cuenta y seguir comiendo el resto del mes. Todo el mundo parece que tiene una vida más (atr)activa que cualquiera de las estrellas de Hollywood. En ese momento te miras al espejo: estas en casa, recién levantado, con el café en la mano y con un careto que haría que Freddy Krueger se hiciera pis encima.

Hace años, antes de que existieran las redes sociales, lo más que ocurría es que un amigo te llamara desde mitad de un concierto para que escuchara la canción que más te molaba (al tiempo que mirabas con asco los apuntes subrayados del examen que tenías al día siguiente). O te mandaba un SMS diciendo lo que molaba estar en la playa (mientras tu pasabas la canícula en la ciudad). En épocas aún más pretéritas, lo que te enviaban era una postal o te lo contaban a la vuelta mientras tomabas algo. Ahora no. Ahora todo el mundo tenemos que hacer partícipe a todos de nuestras vidas y le damos una pátina de barniz para que luzcan más.

Nos hemos visto lanzados a la vorágine del «yo más» que se ha visto reforzada por nuestro espíritu voyeur, nuestro afán exhibicionista, un punto de envidia, todo ello envuelto en la inmediatez del internet y coronado con las Redes Sociales. Es evidente que no vamos a exponer nuestras miserias a los ojos de todo el mundo, ni de los amigos de los amigos, ni de los conocidos por eso elegimos los elementos de nuestra vida que son más fotogénicos, esos en los que mejor nos lo pasamos ¿por qué decir que estoy en la cola del paro si voy a pasar la tarde en la piscina y puedo sacar una imagen de mis piernas recortándose contra el cielo y subirla al momento a Instagram y Facebook?

Para aderezarlo aún más, para hundirnos aún más en nuestra autocomplaciente miseria, nos dedicamos a mirar las cuentas de Instragram de famosos diversos, niños ricos, socialités varias y (más recientemente) blogueras de moda¹, que nos trasladan a parajes de ensueño, hoteles fuera del alcance del resto de los mortales o prendas de ropa que cuestan el sueldo medio anual de quince trabajadores en España, todo ello fotografiado con las mejores máquinas, el encuadre preciso, la composición idónea, la mejor postproducción y después subido a la red de turno. Nos fustigamos sabiendo que nunca tendremos esas cosas y que, por mucho que vayamos a París, no podremos hacernos foto alguna en el front row de la Semana de la Moda.

Esas imágenes que ahora nos asaltan las celebrities, son una versión de las que antes aparecían en las revistas del corazón (las cuales ahora también se nutren de este material) tratando de vendernos una cercanía, una complicidad con esas personas que no es más que pura impostura, una forma de venderse como accesibles a todos. Se convierten en productos, en expositores que venden una mercancía, una sofisticada perversión de los anuncios que vemos en los banners de las páginas web. Nunca seremos lo que nos están vendiendo porque no son más que una campaña de publicidad de sangre caliente.

Por aquello de higiene mental, una medida que podemos emplear es poner cada cosa en su contexto. Sabemos que nosotros compartimos aquellos elementos de nuestra vida que mejor nos dejan (no necesariamente los que mejor nos retratan), es lógico considerar que el resto de nuestro entorno hace lo mismo. Por encima de esta primera cuestión lo que debemos tener en cuenta es que tenemos que aprovechar las Redes Sociales como elementos de comunicación y medios de expresión con los que contactar con la gente, no entrar en una competición en busca de la aceptación de los demás.

¹A este respecto, echad un vistazo de «The weakest blogger» en estoybailando.com Descuajeringue de risa garantizado.

Del hashtag como nueva forma de subrayar


Según la Wikipedia, el hashtag se define como:

Una etiqueta hashtag (del inglés hash, almohadilla o numeral y tag, etiqueta) es una cadena de caracteres formada por una o varias palabras concatenadas y precedidas por una almohadilla o gato (#). Es, por lo tanto, una etiqueta de metadatos precedida de un carácter especial con el fin de que tanto el sistema como el usuario la identifiquen de forma rápida.

Dentro de Twitter se considera un elemento imprescindible para marcar los trending topic, las tendencias de las que más se habla en la red de microblogging.

De cara a su estrategia de marketing, las empresas tratan de hacer correr sus correspondientes hashtags con el fin de hacer que sus clientes (actuales o potenciales) se involucren con la marca o con determinada acción que esta propone.

Ahora bien, cuando es un usuario privado el que propone un hashtag, cuando pone una expresión después de la almohadilla, se convierte en una forma de dar importancia determinada conclusión. En la expresión oral disponemos del tono de voz y del lenguaje corporal para reforzar nuestro discurso. En la expresión escrita, además de no vernos coartados por los 140 caracteres que impone Twitter y poder explayarnos libremente, podemos contar con elementos tipográficos como la cursiva, la negrita o el subrayado, elementos de refuerzo de los que no disponen los usuarios de la red social. Aquí es donde entra en juego el hashtag: el usuario es consciente de que la almohadilla refuerza la idea que viene a continuación por lo que terminaría resultando el equivalente a un subrayado o poner un texto en negrita.

Otra red social, nacida al abrigo de la generalización de los teléfonos inteligentes, que también emplea los hashtags es Instagram. En este caso, el uso de dicho elemento se troca en abuso: no es nada raro observar a gente que hace cuelga una foto con una escueta descripción y una nube de etiquetas prácticamente incomprensible, cuyo único fin, si es que tiene alguno, es aparecer en todos los resultados de búsqueda posibles. Por tanto, no trata de reforzar idea alguna, solo de incorporarse a las tendencias temáticas del momento.

Por último, la otra gran red social, Facebook, también se ha encargado de implementar los hashtags como elemento de su comunicación, de forma que parecería que el fenómeno también se debiera extender a esta plataforma. Lo cierto es que el uso de las almohadillas por parte de los usuarios privados de la red creada por Mark Zuckerberg es meramente anecdótico, ya que no existe una limitación de caracteres, se puede agregar a la actualización del estado gran cantidad de emoticonos e imágenes y, por último, pero no menos importante, las actualizaciones de Facebook están pensadas (en principio) para el entorno de amigos, no están abiertas al público como los tweets.