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Expertos en todología


entrada_28052014

Muy poca gente es capaz de evitarlo: cuando alguien te cuenta que está leyendo el best-seller del momento, no importa cuál sea o que lo hayamos leído o no, todos nos vemos capaces de dar nuestra opinión. ¿Y en qué la basamos? Nuestras opiniones sobre “Cincuenta sombras de Grey” y en la forma que está escrito parece que nos llegan por inspiración divina, cuando lo cierto es que proceden de distintas fuentes de las redes sociales. No necesitamos leer los artículos completos o sesudos ensayos y críticas al respecto, nos basta con leer los titulares y las entradillas para convertirnos en críticos expertos sobre el tema.

¿Que ha habido “edredoning” en el último reality show de Telecinco? ¿O que la hija de una tonadillera de conocido bigote ha decidido cambiarse de sexo? Podríamos ver el vídeo correspondiente o leer un artículo al respecto pero eso nos llevaría demasiado tiempo. Sólo con revisar Twitter y Facebook y entrar en un par de artículos es suficiente para formarnos una opinión y pontificar sobre el tema. Y ya que hablamos de pontificar, no hemos oído una homilía completa del actual Papa, mucho menos leer alguno de sus artículos, pero hemos revisado los suficientes tuits suyos retuiteados por gente a la que seguimos en Twitter como para poder decir que su posición sobre desigualdad y justicia social es tremendamente progresista.

Nunca había sido tan fácil como ahora fingir que sabemos sobre tantas cosas como ahora sin saber nada en absoluto. Cogemos temas, piezas relevantes que se repiten Facebook, Twitter o newsletters y las regurgitamos. En lugar de ver “Mad men” o el final de liga o un debate político, nos dedicamos a leer el timeline de alguien que lo tuitee en directo o a leer el resumen al día siguiente. Nuestro canon cultural se está viendo limitado a aquello que obtiene más clicks.

Ahora mismo lo que sufrimos es la constante presión de saber de todo en todo momento, a menos que queramos quedar como analfabetos culturales. De esta forma podremos sobrevivir a una conversación de ascensor, una reunión de negocios o una fiesta, de manera que podemos publicar, tuitear, comentar o whatsapear como si hubiéramos visto, leído, mirado y escuchado. Lo que importa la mayoría de las veces no es que hayamos consumido el producto de primera mano, sino que sepamos que existe y desde la opinión que nos hemos formado al respecto, ser capaces de que nuestro interlocutor se involucre. Estamos llegando a conformar un pastiche de pseudoconocimiento que no deja de ser un nuevo modelo de todología.

No es que mintamos cuando demos la razón a un colega sobre lo que comenta respecto a una película o un libro que ni hemos visto, ni leído, ni siquiera revisado la crítica. Hay grandes posibilidades que nuestro interlocutor simplemente repita las mordaces observaciones de alguien en su timeline o en su muro. Gran parte de las interrelaciones conversacionales se construyen a partir de unos cuantos datos extraídos de la revisión diaria de las aplicaciones de nuestros teléfonos móviles. Al fin y al cabo, a nadie le gusta quedar como la persona que no está al corriente de la temporada de “Juego de tronos” al ritmo de emisión de Estados Unidos, menos aún de la serie coreana de la que toda la gente entendida habla sin parar.

Cuando quiera que cualquiera en cualquier lugar menciona cualquier cosa, nosotros debemos fingir conocer el tema. Incluso parecer expertos. Los datos se han convertido en nuestra moneda de cambio. Y hablando de moneda, el ejemplo perfecto sería la Bitcoin, algo de lo que no dejamos de hablar pero que parece que nadie llega a comprender del todo.

Es comprensible que una de las partes, o ambas, en una conversación pueden tener una idea somera sobre el tema que están tratando. Todos estamos muy ocupados, más que ninguna generación hasta ahora. Y como nos pasamos el día mirando nuestros teléfonos y nuestras pantallas, mandando mensajes y tuiteando sobre lo ocupados que estamos, ya no tenemos demasiado tiempo para consumir información de primera mano. En lugar de eso, confiamos en la gente a la que “seguimos” o en nuestros “amigos” o eso es lo que creemos.

¿Quién decide qué debemos saber, qué opiniones debemos tener en cuenta, qué ideas podemos reciclar como propias? Parece ser que los algoritmos puesto que tanto Google, como Facebook o Twitter y el resto del complejo de redes sociales post-industriales confían en estas herramientas matemáticas para saber qué estamos leyendo, viendo y comprando.

Hemos externalizado nuestras opiniones en este bucle de datos que nos permitirá mantener las apariencias en una cena en la mientras parece que se está hablando de “El Gran Hotel Budapest” lo que realmente se hace es comparar las fuentes de redes sociales, mientras nadie reconoce que está completamente perdido en la conversación. En lugar de eso asentiremos mientras decimos “He escuchado algo” o “Me suena un montón”, lo que normalmente quiere ser una declaración sobre nuestro absoluto desconocimiento del tema en cuestión.

Ahora la información está en todas partes, nos someten a un constante flujo que está en nuestras manos, en nuestros bolsillos, en nuestros portátiles, nuestros coches, hasta en la nube. El flujo de datos no puede controlarse. Fluye en nuestras vidas como una marea creciente de palabras, hechos, bromas, chascarrillos, GIFs, cotilleos y comentarios que amenazan con ahogarnos. Tal vez el temor a ahogarnos es lo que está detrás de nuestra insistencia de que hemos visto, hemos leído, hemos sabido. Es una manera poco convincente de considerarnos a flote.

Así nos encontramos braceando desesperados, haciendo observaciones sobre memes de cultura pop, porque admitir que nos hemos quedado atrás, que no sabemos de lo que se está hablando, de que no tenemos nada que decir sobre cada tema que aparece en nuestra pantalla, es estar muerto.

Traducción y adaptación del artículo original de Karl Taro Greenfeld «Faking cultural literacy» para New York Times

Palabras que aún no acepta la RAE: Gentrificación


Dentro de los términos y los conceptos también existe la moda. Hace años fue la “globalización”, durante meses vivimos pendientes de la “prima de riesgo” y recientemente sufrimos el “twerking” o el “selfie”.

Gentrificación” es otro de estos nuevos términos que aparecen en nuestras vidas y que no sabemos exactamente qué quieren decir pero los utilizamos de todas maneras. Debemos prestarle atención, máxime cuando es una cuestión que afecta directamente a los espacios en los que habitamos y que se deriva de la especulación, una de esas razones que nos ha metido en el jardín de la crisis.

Tómese un espacio urbano ya desarrollado, cuanto más céntrico mejor y del que las instituciones públicas se olviden, condenándolo a un progresivo deterioro y una inevitable degradación. En muchas ocasiones, estos espacios son habitados por gente de edad avanzada en edificios con indudables carencias (ascensores, eficiencia energética,…) El descalabro en el valor del espacio se ve acompañado por la falta de pequeños negocios que puedan competir con los grandes gigantes que están instalados en los centros urbanos, junto con la aparición de «dudosa calaña» ¿Conocéis la calle Desengaño en Madrid? Pues es perfecto ejemplo de lo que estamos hablando. Pero la gentrificación afecta a todo el barrio de Malasaña, como antes ocurrió en Chueca o en el Born en Barcelona. Así se obtiene la degradación de un espacio céntrico en el que especular para sacar el máximo beneficio.

https://www.flickr.com/photos/jafsegal/2304968114/
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Una vez el espacio está degradado, con el consecuente malestar vecinal, los gobiernos (especialmente en épocas electorales) tienden a buscar soluciones con las que tratan de embaucar a sus potenciales electores. Así, de la mano de distintas empresas privadas buscan soluciones para poner de nuevo en valor el barrio.

En líneas generales, el primer paso suele ser la reactivación del comercio, pero no el tradicional, de pequeñas tiendas de consumo diario, sino de locales que aporten cierto grado de exclusividad y valor añadido. Los locales dedicados a la hostelería más tradicional, van perdiendo peso, frente a espacios de cuidado diseño y propuestas vanguardistas. Los renovados locales atraen a gente de fuera del barrio que empiezan a desarrollar vida en el mismo. A lo mejor a Paca, la vecina del 4º con su pensión de jubilada, no le interesan las nuevas zapatillas All Stars ni le apetece tomar un gin-tonic premium con frutas del bosque y tónica de azahar. Pero el emprendedor que sigue las tendencias no dudará en desplazarse al centro para conseguir esa exclusividad. Así cazan al mercado objetivo. Y una vez se atrae a esa gente al barrio (la que tiene dinero, a la que las empresas pueden exprimir y que ya están enganchadas a lo exclusivo que les da la zona) llega el momento de echar a la gente que no resulta tan rentable. Lo que quieren vender es una nueva forma de vida en la que se habita y se consume en el mismo espacio y, si no puedes consumir en dicho espacio, tal vez Paca la del 4º tenga que plantearse que no debe de vivir ahí.

Tampoco es baladí el hecho que las viviendas de estos espacios son muy diferentes a las que se construyen en la actualidad, especialmente en el tamaño, a veces superior a los 100 m2, y en su distribución. ¿Para qué quiere Paca una casa tan grande para ella sola? ¿Y la gente joven que es objetivo de los especuladores? Esos no conocen ni lo que es semejante área. Así que gran parte de los edificios que se han ido quedando vacíos, previa venia del ayuntamiento de turno, son remodelados buscando un modelo más «acorde con las necesidades de los individuos que van a ocuparlos» y de espacio más reducido. Es decir, se aumenta el número de viviendas existentes y se reduce la superficie de las mismas, rentabilizando de forma óptima el espacio.

https://www.flickr.com/photos/jafsegal/4373690544/in/set-72157621905134894
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De esta manera se aúnan servicios de alto valor, con cierto halo de exclusividad, con espacios residenciales a los que se les transfieren dichas características (aunque los paneles de pladur ni sean de alto valor ni demasiado exclusivos).

En conclusión, se fuerza el desarrollo de un nuevo tejido urbano en el que no tienen cabida ni los comercios tradicionales ni la población envejecida en aras de una ocupación más intensiva del espacio. Eso es lo que se llama gentrificación. Próximamente en todas sus pantallas.

Coda: Paca la del 4º se ha ido a vivir con su hijo, su nuera y sus dos nietos al apartamento en la Manga del Mar Menor que ganó cuando participó hace veintiocho años en el “Un, dos, tres”. Todos con la pensión de ella. Pero eso es una historia que contaremos en otra ocasión.

El cielo es para la neurociencia: Cómo el cerebro crea visiones de dios (y III)


Lee el artículo original aquí.

El despertar espiritual de los epilépticos del lóbulo temporal.

entrada15052014

Se da por seguro que Dostoyevsky sufría de epilepsia del lóbulo temporal (que se sitúa tras las sienes envolviendo literalmente el cerebro, como una especie de orejeras). No todos los epilépticos del lóbulo temporal convulsionan, pero muchos experimentan una distintiva aura. Las auras son visiones, sonidos, olores u hormigueos que se dan justo cuando comienzan los ataques, un presagio de las cosas peores que están por venir. La mayoría de los epilépticos experimentan auras de algún tipo, y la mayoría de los que sufren de epilepsia pero no en el lóbulo temporal, las encuentran desagradables: algunos desafortunados notan un hedor a heces quemadas o notan hormigas caminando bajo su piel. Pero por alguna razón (quizás porque las cercanas estructuras límbicas son aceleradas) las auras que se originan en el lóbulo temporal se sienten más ricas emocionalmente y muchas veces con un cariz sobrenatural. Algunas víctimas sienten que sus “almas” se unen con alguna divinidad (por eso los antiguos doctores denominaban la enfermedad sagrada). Por su parte, las crisis de Dostoyevsky se veían precedidas por una rara “aura mística” en la que sienten una ducha tan intensa que dolía. Como dijo a un amigo “Tal gozo sería inconcebible en una vida normal… una completa armonía entre yo y el mundo entero”. Después se sentiría destrozado: magullado, deprimido, acosado por sentimientos de maldad y culpa (motivos comunes en su ficción). Pero Dostoyevsky insistía en que los sufrimientos merecían la pena: “Por un breve instante de gozo daría diez o más años de mi vida, incluso mi vida entera.”

La epilepsia del lóbulo temporal, ha transformado la vida de otras personas de una forma similar. Parece que todos los seres humanos disponen de conexiones mentales que reconocen ciertas cosas como sagradas y nos predisponen a sentirnos un tanto espirituales. Sólo es una característica de nuestro cerebro. Pero parece que las crisis de los lóbulos temporales parecen sobreestimular dichas conexiones y normalmente dejan a sus víctimas con una sensación intensamente religiosa, como si una deidad les bendijera con su presencia. Aunque las víctimas no se conviertan en religiosas, su personalidad normalmente se modifica de forma previsible. Empiezan a preocuparse por la moralidad, normalmente perdiendo su sentido de humor por completo (Las líneas jocosas son escasa en Dostoyevsky). Se vuelven obstinados en las conversaciones, continuándolas pese a las señales de aburrimiento de su interlocutor. Y por alguna desconocida razón, muchos de los pacientes empiezan a escribir de forma compulsiva. Pueden dedicarse a rellenar página tras página de ripios y aforismos, o copiar letras de canciones y etiquetas de latas de comida. Aquellos que visitan el paraíso, normalmente detallan sus visiones de forma minuciosa.

Basándose en estos síntomas, en concreto en la rectitud y el repentino despertar espiritual, doctores modernos han retrodiagnosticado ciertos iconos religiosos como epilépticos, incluyendo a San Pablo con la luz cegadora y estupor cerca de Damasco, Mahoma y los viajes al cielo y Juana de Arco con sus visiones y su sentido del destino. Swedenborg también cumple con el perfil. Se convirtió de forma abrupta, escribía como un adicto a la metanfetamina (el libro “Arcana Coelestia” tiene dos millones de palabras) y muchas veces se estremecía y caía inconsciente durante sus visiones. En ocasiones sentía como había “ángeles” que colocaban su lengua entre sus dientes para que se la arrancara de un mordiscos, un peligro bastante común durante las crisis epilépticas.

Pero al mismo tiempo, hay problemas para catalogar a Swedenborg y otro religiosos como epilépticos. La mayoría de los ataques tienden a durar segundos, como mucho minutos, no las horas que algunos profetas aseguran haber pasado en estado de trance. Y como un ataque temporal puede paralizar el hipocampo, que ayuda a la creación de recuerdos, muchos epilépticos del lóbulo temporal no pueden recordar sus visiones en detalle (Incluso Dostoyevsky caía en vagas descripciones cuando trataba de volver a relatar su visiones). Además, mientras que los trances de Swedenborg eran una mezcla de visiones, sonidos y olores en una embriagadora espuma celestial, la mayoría de los epilépticos tienen alucinaciones con un sólo sentido al mismo tiempo. Más aún, la mayoría de las auras epilépticas terminan resultando tediosas, produciendo la misma luz refulgente, el mismo coro de voces o los mismo aromas a ambrosía una y otra vez.

En conclusión, mientras la epilepsia bien pudo inducir las visiones, es importante recordar que Juana de Acro, Swedenborg, San Pablo y los demás, trascendieron su epilepsia. Con seguridad, nadie más que Juana de Arco hubiera podido capitanear a Francia, nadie más que Swedenburg hubiera imaginado ángeles comiendo mantequilla. Como cualquier tic neurológico, la epilepsia del lóbulo temporal no hace tábula rasa de la mente de alguien. Simplemente moldea y vuelve a dar forma lo que ya estaba ahí.

Extraído de “The Tale of the Dueling Neurosurgeons: The History of the Human Brain as Revealed by True Stories of Trauma, Madness, and Recovery” by Sam Kean. Copyright © 2014 by Sam Kean. Reprinted by arrangement with Little, Brown and Company. All rights reserved.

Parte I | Parte II

El cielo es para la neurociencia: Cómo el cerebro crea visiones de dios (II)


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¿Es la epilepsia la respuesta a las visiones celestiales? Tal vez el caso de Dostyevsky lo pueda explicar.

entrada14052014

En su nivel más básico, la epilepsia involucra neuronas que se activan cuando no debieran lo que genera una especie de tormentas de actividad eléctrica dentro del cerebro. Las neuronas se pueden activar por distintas razones. Algunas neuronas se desarrollan con malformaciones en los canales de su membrana y no pueden regular el intercambio de iones. En otras ocasiones, cuando los axones están dañados, las neuronas sufren descargas eléctricas simultáneas, como si fueran cables eléctricos pelados. A veces estas alteraciones son de carácter local y sólo afectan a una parte del cerebro, lo que sería una crisis parcial. Otras veces, la crisis cortocircuita por completo el cerebro llevando a crisis de distinta intensidad. Las crisis tónico-clónicas (o gran mal) comienzan con rigidez muscular y terminan con movimientos convulsivos y espumarajos: el comportamiento que todos tenemos en mente cuando nos referimos a la epilepsia. Los petit mals no conllevan convulsiones pero normalmente causan “ausencias” durante las que el enfermo queda congelado y su mente se queda en blanco durante unos momentos.

El desencadenante de una crisis epiléptica puedes ser increíblemente específico: determinado olor, luces brillantes, cubos de Rubik, fichas de mah-jongg, instrumentos de viento, parásitos. Aunque relativamente embarazosas, las crisis no siempre comprometen la calidad de vida y, en algunas ocasiones, suponen un beneficio. Algunos de aquellos que sufren una crisis por primera vez de pronto descubren que son capaces de dibujar mejor o de apreciar la poesía. Algunas mujeres incluso disfrutan de orgasmos durante las crisis. Dejando de lado los desencadenantes específicos, las crisis se dan de forma mayoritaria durante momentos de estrés o problemas psicológicos y emocionales. El mejor ejemplo de esto sería Fyodor Dostoyevsky.

Los biógrafos no se ponen de acuerdo si Dostoyevsky sufrió algún ataque durante su juventud, pero él mismo confirmó que la epilepsia apareció sólo tras un simulacro de ejecución en Siberia. Dostoyevsky y otro radicales fueron arrestados en abril de 1849 bajo la acusación de conspirar para destronar al Zar Nicolas. Aquél diciembre los soldados arrastraron al grupo a una plaza nevada con tres altos postes plantados en el centro. Hasta aquél momento los camaradas creyeron que les sentenciarían a trabajos forzados picando piedras. Entonces llegó un sacerdote junto con un pelotón de ejecución y los funcionarios les hicieron entrega de casacas blancas para que se las pusieran: mortajas. Dostoyevsky se puso frenético, más aún cuando un amigo señaló un carro que parecía contener ataúdes. Los soldados arrastraron a los cabecillas del complot hasta los postes y cubrieron sus ojos con vendas blancas. Los pistoleros alzaron los rifles. Transcurrió un minuto agónico. De pronto, bajaron los rifles y un mensajero llegó trotando a caballo con el perdón del zar. En realidad Nicolas organizó toda la farsa para enseñar a los conspiradores una lección, pero el estrés sacó a Dostoyevsky de sus casillas. Y tras pasar varios meses en un campo de trabajo (el zar no les permitió irse libres tan fácilmente), los abusos de los guardias y las duras condiciones meteorológicas finalmente le llevaron al límite, desencadenando su primera gran crisis: convulsiones, espumarajos… todos los síntomas.

Aquella primera crisis redujo el umbral de tolerancia del cerebro de Dostoyevsky y, tras esa primera vez, el más mínimo estrés, físico o mental, podía dar lugar a una crisis. El descorche de un champán, mantenerse en pie toda la noche escribiendo o perder dinero en la ruleta, podrían ser desencadenantes. Hasta una mera conversación podía ser la causa: durante una acalorada disquisición filosófica con un amigo en 1863, Dostoyevsky comenzó a andar arriba y abajo moviendo los brazos, exaltado respecto algún punto. De pronto se tambaleó. Su cara se contorsionó y las pupilas se dilataron, cuando abrió la boca se escapó un quejido: la contracción de los músculos del pecho forzaron que expulsara todo el aire de golpe. La crisis que siguió fue intensa. Un incidente similar ocurrió unos años después cuando se colapsó en el divan del salón en casa de la familia de su esposa y empezó a aúllar de forma clamorosa. Los sueños podían ser otra razón que desencadenara una crisis, tras las cuales mojaba la cama. Dostoyevski comparaba los ataques con posesiones demoniacas y muchas veces transponía la agonía de las mismas en su escritura, incluyendo personajes epilépticos en “Los hermanos Karamazov” o en “El idiota”.

Parte I | Parte III

El cielo es para la neurociencia: Cómo el cerebro crea visiones de dios (I)


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Reconocidas figuras como Juana de Arco o Dostoyevsky aseguraban tener visiones sobrenaturales. Y la respuesta estaba en su cerebro.

entrada13052014

Durante gran parte de la historia, los seres humanos han situado la mente (por extensión, también el alma) no en el cerebro sino en el corazón. Por ejemplo, los antiguos sacerdotes egipcios, al preparar las momias para el más allá, sacaban el corazón completo y lo guardaban en una vasija ceremonial, por el contrario, arrancaban el cerebro a través de las fosas nasales con ganchos de hierro, alimentaban con ello a los animales y llenaban la calavera con serrín o resina (esto no es un comentario jocoso respecto a sus líderes, consideraban cualquier cerebro inútil). La mayoría de los filósofos griegos también consideraban el corazón como la parte más importante del cuerpo. Aristóteles señalaba que el corazón contaba con grandes arterias para lanzar mensajes al resto del cuerpo mientras el cerebro sólo disponía de endebles venas. Además, el corazón se sitúa en el centro del cuerpo, el lugar perfecto para dirigir, mientras que el cerebro está exiliado en la parte alta del cuerpo. El corazón se desarrolla antes en el embrión y responde en sincronía con nuestras emociones, latiendo más rápido o más despacio, mientras el cerebro sólo parece estar ahí. Por lo tanto, el corazón debería albergar nuestras más altas capacidades.

Algunos médicos siempre han mantenido una perspectiva distinta de dónde viene la mente. Ver a tantos pacientes que, al sufrir un traumatismo en la cabeza, pierden alguna de sus facultades, hace pensar que no se trate de una coincidencia. De esta forma, los doctores empezaron a promover una visión “cerebrocéntrica” de la naturaleza humana. Y pese a algunos acalorados debates a lo largo de los siglos (sobre todo respecto a la especialización o no de algunas áreas del cerebro), para el siglo XVII la mayoría de las personas de cierto nivel cultural ubicaban el espíritu en el cerebro. Algunos valientes incluso trataron de localizar una especie de “El Dorado” de la anatomía: el punto exacto del cerebro en el que se encuentra el alma.

Uno de aquellos exploradores fue el filósofo sueco Emanuel Swedenborg, uno de los personajes más estrafalarios de la historia. La familia de Swedenborg hizo una fortuna a finales del siglo XVII gracias a la minería y, pese a provenir de una familia muy pía (su padre escribía himnos para bendecir la mesa cada día y terminó convirtiéndose en obispo) Swedenborg dedicó su vida a la física, la astronomía y la geología. Fue la primera persona en sugerir que el sistema solar se formó por el colapso de una gigantesca nube de polvo espacial y, de la misma forma que Leonardo, abocetó aeroplanos, submarinos y armas de fuego es sus diarios. Sus contemporáneos le llegaron a llamar “el Aristóteles sueco.”

En 1730, al poco de cumplir cuarenta años, Swedenborg se empezó a dedicar a la neuroanatomía. En lugar de diseccionar cerebros, lo que hizo fue ocupar un sillón confortable y dedicarse a devorar una montaña de libros. Basándose exclusivamente en sus indagaciones, desarrolló algunas ideas de una clarividencia pasmosa. Su teoría respecto a que el cerebro contenía millones de pequeñas piezas independientes conectas entre sí por fibras anticipaba la doctrina “neuronal”, dedujo correctamente que el “corpus callosum” permitía la comunicación entre ambos hemisferios cerebrales y determinó que la pituitaria actúa como un “laboratorio químico”. En cada caso Swedenborg afirmó que él sólo había extraido una serie de conclusiones obvias a partir de las investigaciones de otras persona. En realidad, lo que hizo fue reinterpretar de forma radica la neurociencia de la época y la mayoría de sus fuentes serían condenados como lunáticos y/o herejes.

La historia de la neurociencia hubiera adquirido un cariz distinto si Swedenbourg hubiera continuado con sus estudios. Pero en 1743 comenzó a caer en trances místicos. Visiones de caras y ángeles, truenos retumbando en sus oídos, incluso sufría alucinaciones olfativas y táctiles. En medio de estos trances muchas veces se derrumbaba entre convulsiones y una vez un mesonero en Londres se lo encontró envuelto en su camisola de dormir, soltando espumarajos por la boca y desvariando en latín sobre ser crucificado para salvar a los judíos. Swedenborg recuperó la conciencia, insistiendo haber tocado a dios, en otras ocasiones clamaba haber conversado con Jesús, Aristóteles, Abraham y los habitantes de otros cinco planetas (entonces no se conocía la existencia de Urano ni de Neptuno, de lo contrario seguro que se hubiera encontrado con oriundos de allí). A veces sus visiones revelaban respuesta a misterios científicos, por ejemplo, cómo los cuerpos comidos por los gusanos podrían ser recompuestos en el día del Juicio Final. Otros trances era menos trascendentales, como la ocasión en la que compartió un desayuno con ángeles para descubrir que estos seres odiaban la mantequilla. En otra ocasión, dios le gastó una broma pesada transformando su cabello en una maraña de serpientes como la cabellera de la Medusa. En comparación con esas intensas visiones, los placeres de la ciencia palidecían y desde 1744 dedicó su vida a relatas aquellas revelaciones.

Swedenborg falleció en 1772 y la historia devuelve un veredicto escindido respecto a su legado. Sus diarios con sueños eclécticos encandilaron a gente como Coleridge, Blake, Goethe o Yeats. Mientras, Kant le despreció tildándole como el “archi-fanático de todos los fanáticos.” Muchos otros observadores estaban igual de desconcertados ¿Qué pudo transformar a un talentoso y reservado caballero científico en alguien a quien John Wesley llamó “uno de los más ingeniosos, vibrantes y entretenidos locos que jamás haya puesto una pluma sobre el papel”? La respuesta puede ser la epilepsia.

Parte II | Parte III

«El mito de la persecución»: los primeros cristianos no fueron perseguidos


Una historiadora especializada en la iglesia primitiva asegura que los romanos no tuvieron como objetivo, cazaron o masacraron a los seguidores de Jesús.

Un artículo original de Laura Miller

entrada23042014

De forma inmediata tras la tragedia de la masacre de la Escuela de Secundaria de Columbine, nació un mito moderno. Se extendió la historia que uno de los dos asesinos preguntó a una de las víctimas, Cassie Bernall, si creía en dios. Aparentemente, Bernall respondió con un “sí” antes de que la dispararan. La madre de ella escribió una biografía titulada “Ella dijo sí: el improbable martirio de Cassie Bernall”, un tributo a la valiente fe cristiana de su hija. Entonces, mientras se publicaba el libro, otra estudiante que se escondía junto a Bernall contó al periodista Dave Cullen que aquella conversación nunca había tenido lugar.

Pese a que el nuevo libro de Candida Moss, “El mito de la persecución: Cómo los primeros cristianos inventaron la historia del martirio”, se centra en los tres siglos posteriores a la muerte de Jesús, plantea el tema citando este paralelismo de la actualidad. Moss afirma que, si nos se va a considerar a Bernall como una “mártir», sus últimas palabras son fundamentales. Pese a ello, pueden interferir tergiversaciones e incurrir en falsedades al respecto. Incluso en un momento tan mediatizado y conectado como el que vivimos en la actualidad, el público puede recibir una historia distinta a la real, incluso pese a la presencia entre nosotros de testigos presenciales. Siendo esto así, qué no será con los mártires originales de la cristiandad, con una historia de tercera mano, fuertemente revisada, ceñida a determinados intereses y anacrónica.

Moss, profesora en la Universidad de Notre Dame de Nuevo Testamento y primitiva cristiandad, reta algunas de las más veneradas leyendas de las religión al cuestionar lo que denomina “la narrativa catequista de una iglesia de mártires, de cristianos ocultos por temor en catacumbas, reuniéndose en secreto para evitar ser arrestados y echados a los leones sin ninguna clase de piedad por sus creencia religiosas”. Ella mantiene que nada de eso es cierto. En los 300 años que transcurren entre la (supuesta) muerte de Jesús y la conversión del Emperador Constantino, puede que hubiera en total unos 10 o 12 años dispersos durante los cuales los cristianos fueron singularizados en aras de su supresión por parte de las autoridades imperiales de Roma. Incluso en esas ocasiones, la fuerza de aquellas iniciativas fueron laxas, inexistentes en algunas regiones, aunque duras en otras. Según Moss, “los cristianos nunca fueron víctimas de una persecución sostenida en el tiempo.”

La mayor parte de la sección central de “El mito de la persecución” se basa en la lectura exhaustiva de las seis denominadas “actas” de los primeros mártires de la iglesia. En ellas se incluye a Policarpo, obispo de Esmirna durante el siglo II y quemado atado a una estaca, y Santa Perpetua, una joven madre de clase acomodada que fue ejecutada en la arena de Cartago con su esclava Felicidad, a comienzos del siglo III. Moss apunta cuidadosamente las inconsistencias entre esas historias y lo que conocemos de la sociedad Romana, indaga en herejías que ni siquiera existían en el momento en el que fueron martirizados y las referencias a la tradición del martirio que aún deben de ser establecidas. Es prácticamente segura una base de verdad en estas historias, explica la autora, de la misma manera que tiene que haberla en la primera historia de la iglesia escrita por un palestino llamado Eusebio en el año 311. Lo que ocurre es que esta imposible cribar lo cierto de las invenciones coloristas, los fines egoístas y los intentos de reforzar las ortodoxias posteriores.

Moss también analiza los registros romanos que nos han llegado. Apunta que durante la única campaña anticristiana concertada por los romanos, bajo el gobierno de Diocleciano entre el 303 y el 306, los cristianos fueron expulsados de los puestos públicos. Sus iglesias, como la que existía en Nicomedia, al otro lado de la calle del palacio imperial, fueron destruidas. Aún así, como señala Moss, si los cristianos ocupaban puestos de alto rango de carácter público y habían construido una iglesia «en el jardín delantero del emperador” difícilmente habrían estado escondiéndose en catacumbas antes de que Diocleciano proclamase su edicto contra ellos.

Dicho esto, no se puede negar que algunos cristianos fuero ejecutados de forma horrible bajo condiciones que consideraríamos de una injusticia grotesca. Pero es importante, explica Moss, distinguir entre “persecución” y “procesamiento”. Los romanos no estaban dispuestos a mantener población reclusa, por lo que la pena capital era común para lo que consideraríamos faltas menores: podían condenarte a muerte por escribir una canción calumniosa. Moss distingue entre aquellos casos en los que los cristianos fueron enjuiciados simplemente por serlo y aquellos a los que se condenaron por participar en lo que los romanos consideraban actividades subversivas o traiciones. Dados los “ideales diarios y las estructuras sociales” que los romanos mantenían que eran esenciales para el imperio, las transgresiones podrían incluir la negación pública del carácter divino del emperador, rechazar el servicio militar o rechazar la autoridad de un juez. En uno de los capítulos más fascinantes, Moss trata de explicar cuán desconcertantes y molestos resultaban los cristianos a los romanos (para los que “no existía el pacifismo como concepto”). Eso cuando los tenían en cuenta.

Los cristianos podían terminar en las cortes de justicia romanas por distintas razones y una vez allí eran propensos a anunciar, como en una ocasión hizo un creyente llamado Liberio, “que no podía ser respetuoso con el emperador, que sólo podía ser respetuoso con Cristo.” Moss lo compara con “defensores modernos que dicen que ellos no reconocen la autoridad del juez o del gobierno, sólo reconocen la autoridad de dios. Tanto para los occidentales como para los antiguos romanos, esto suena o siniestro o vagamente delirante.” Tampoco ayudó la pasión desarrollada por los primitivos cristianos hacia el martirio. Sufriendo demostraban, al mismo tiempo, tanto la piedad del mártir como la autenticidad de la religión que profesaban, haciéndoles ganar al mismo tiempo, un asiento de primera clase en el cielo (el resto de cristianos tendrán que esperar al día del Juicio Final.) Se cuentan historias de fanáticos buscando de forma deliberada la oportunidad de morir por su fe, incluyendo una turba que se presentó en la puerta de un oficial romano en Asia menor, exigiendo ser martirizados, siendo rechazados ya que él no tenía la potestad de satisfacer su demanda.

No es que Moss posea una escritura fluida y natural, pero es minuciosa, se esfuerza por lograr claridad y está sinceramente involucrada en su preocupación por la influencia del mito del martirio en las sociedades occidentales. “La idea de una iglesia perseguida es casi por completo una invención a partir del siglo IV,” escribe. De forma significativa, ese es el periodo durante el cuál la iglesia se convierte, gracias a Constantino, en “políticamente segura”. Aún así, en lugar de proporcionar un relato veraz de los primeros años del cristianismo, los eruditos y clérigos del siglo IV pusieron en relieve historias de violencia sistemática y horrible. Esas historias se usaban de forma sutil (y no tan sutil) como propaganda contra ideas heréticas o sectas. También se convirtieron en un entretenimiento morboso para creyentes que se encontraban en situación de seguridad; Moss lo compara con suburbanitas contemporáneos deleitándose con una película de terror.

Los polemistas de hoy en día continúan empleando la arraigada creencia en una perseguida, y por tanto moralmente recta, iglesia como un arma política con la que demonizar a sus oponentes. Moss ve una relación directa entre el valor de los mártires y la absurda retórica de la derecha sobre la “guerra contra la cristiandad”. Esa táctica hace el compromiso imposible. “No puedes colaborar con alguien que te persigue”, señala de forma astuta Moss. “Tienes que defenderte.”

Donde ella es menos perspicaz es en su creencia de que exponiendo la “falsa historia de la persecución” podremos, de alguna manera, expiar esta aproximación paranoide a las diferencias políticas. Uno de los aspectos más reveladores de “El mito de la persecución” es la capacidad de Moss de encontrar analogías contemporáneas que hacen el mundo antiguo más comprensible para el lector, como la historia de Cassie Bernall. Pero dicha historia nos ofrece una lección adiciona sobre la impermeabilidad a los hechos desagradables de los creyentes. La familia Bernall y la iglesia mantienen su postura pese a los compañeros de escuela que estuvieron presentes en la matanza y que han desmontado la leyenda “Ella dijo sí”. “Puedes decir que no ocurrió de aquella manera,” declaró el pastor de la iglesia a la que asistía Bernall a un reportero, “pero la iglesia no lo aceptará. Para la iglesia, Cassie siempre dijo sí, eternamente.»

mp3: Extremoduro «Jesucristo García»

El barómetro del CIS (o la madre que se lo imaginó)


marianada

Analizando los datos del Barómetro del CIS y comparándolos con las noticias de los periódicos mayoritarios me planteo si soy yo el que no sabe leer las encuestas o son los periodistas (o becarios varios) los que hacen lo que quieren con los datos. Me llama la atención el artículo del ABC donde confunden la estimación de voto (que en la encuesta es la pregunta 17) con los datos de a quién votaron los encuestados en las elecciones pasadas (en la encuesta es la pregunta 22a)

De los encuestados, el 92,4% y el 94% creen que la gestión del PP y del PSOE, respectivamente, es «regular», «mala» o «muy mala”. Respecto a la confianza en los líderes, al 88,1% de los preguntados, Rajoy les da “poca” o “ninguna” confianza, mientras que respecto a Rubalcaba, el porcentaje sube a un 90,9%. Tal vez los partidos mayoritarios debieran plantearse qué hacer con sus cabezas electorales… Pero lo cierto es que les da igual, al fin y al cabo, el 11,8% votaría al PSOE y el 10,8% al PP y como la Ley D’Hont favorece a los partidos mayoritarios, se beneficiarían del 45,3% de los que no van a votar o que no han decidido su voto.

Todo así, que un 22,6% de los votos vayan a partidos mayoritarios quiere decir que vivimos en un país de traca.

mp3: Mastretta “El reino de Veriveri»

Del insulto como argumento político


insulto.

(Del b. lat. insultus).
1. m. Acción y efecto de insultar.
2. m. desus. Acometimiento o asalto repentino y violento.
3. m. desus. accidente (‖ indisposición repentina que priva de sentido o de movimiento).

insultar.
(Del lat. insultāre, saltar contra, ofender).
1. tr. Ofender a alguien provocándolo e irritándolo con palabras o acciones.
2. tr. desus. Dicho de una enfermedad: Atacar, acometer.
3. prnl. Cuba. encolerizarse.
4. prnl. p. us. Sufrir una indisposición repentina que prive de sentido o de movimiento.

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Es bien sabido que para ser político no es requisito haber estudiado, que no se exige un mínimo de preparación previa alguna. Por no tocar el tema de los idiomas, especialmente el inglés. También se sabe que para ser político no es necesario haber trabajado nunca, pudiendo llegar a ser ministro, como es el caso de Fátima Báñez. Pero no sólo me refiero a la empresa privada. Es que si, por casualidad, aprueban la oposición que les de una plaza en algún organismo público, piden la excedencia y no trabajan ni un sólo día en aquel puesto para el cual (es una suposición) han tenido que estudiar hasta que han terminado con los codos pelados (la broma de las rodillas se me ha pasado por la mente, pero he preferido dejarla de lado).

Pues bien, llegan a su puesto de responsabilidad política porque su partido ha logrado la mayoría suficiente como para gobernar (es un decir, es bien sabido que el sistema electoral español, gracias a la ley D’Hont y el cociente Droop, es de todo menos justo y proporcional. Por no mencionar la alergia de los partidos «mayoritarios» a las listas abiertas) y es la hora de llevar a la práctica las promesas que les han llevado a su privilegiada nueva posición. Y ahí, los políticos, independientemente de su género sexual, son como los hombres: PROMETER HASTA METER Y UNA VEZ METIDO… os hacéis cargo ¿no? Empiezan escudándose en las excusas más peregrinas, en el «yo no quería, pero UE/FMI/Merkel/Conferencia episcopal me ha obligado», «la herencia recibida» y el argumento estrella de todos los gobiernos «y el anterior más».

INTERNET: EL ENEMIGO DEL POLÍTICO FALTÓN

Hasta hace relativamente poco las excusas eran relativamente útiles: la gente no tenía más acceso a la información que a través de la radio, la televisión y la prensa, era unidireccional. El españolito recibía la información y ahí se quedaba. Se podía cabrear más o menos, lo podía compartir con sus amigos, familia y compañeros de trabajo, pero no pasaba de la pataleta que se contaba a una serie de personas sin ninguna relevancia para el que estaba en el poder. Pero he aquí que eso cambió y llegó… INTERNET.

Seamos sinceros, la llegada de internet (mediados de los 90) y su generalización no supuso más cambio que un incremento descomunal de la información a la que el personal nos veíamos expuestos. No es hasta que se desarrolla el aspecto más social de la red (lo que llaman redes sociales o web 2.0) que la gente deja de ser el receptor pasivo de la información que recibe a convertirse en generador de la información. Hasta la llegada de Facebook o Twitter. Y entonces es cuando los políticos vieron que la población se desmadraba. Y les da miedo: antes podían soltar alegremente cualquier comentario jacarandoso que dejara al descubierto su incapacidad de gobernar o su desprecio por sus electores y, sobre todo, por el resto de la población del país: la repercusión de esos comentarios no iba más allá de unas cuantas pataletas sin importancia; desde que internet entró en nuestras vidas, sus argumentos y ocurrencias se difunden a tal velocidad que un error puede ser la chanza de la semana, poniendo a sus protagonistas en la picota.

Los ejemplos son múltiples y sangrantes. El más delirante es la explicación de lo que es una «indemnización en diferido»

Hasta hace poco tiempo, un dislate de esta envergadura se hubiera convertido en una mera anécdota. Pero hoy se comparte en las redes sociales, se hace chanza de todo ello a una velocidad inusitada. Vamos a conceder a ésta persona el beneficio de la duda y la vamos a considerar una persona inteligente: Está claro que ni ella misma se cree unas excusas que, pese a llevar por escrito, es incapaz de mantenerlas sin tartamudear y trabarse. Sabe que está faltando a la verdad y, al empecinarse en mantener su falacia, sus declaraciones se convierten en un insulto para la inteligencia del común de los mortales.

Aunque no es el único momento de insultos de ésta política, cuyos votantes son «los que pagan la hipoteca«. Afirmación que se volvió en su contra a través de Twitter con un hashtag justificado pero de cierto mal gusto (por más que lo comparta, creo que somos lo suficientemente educados como para poder evitar caer en la zafiedad)

Sus amplios conocimientos de historia la llevan a comparar esto:


(via @JaimeAlekos)

con esto otro:

porque «Se violenta el voto». Claro. El problema es que la población, se ha cansado de argumentaciones, mentiras, despilfarro y corrupción y quieren recuperar el «demos» de la «democracia», no meter una papel en una caja de plástico barato una vez cada cuatro años. Y eso atemoriza a los violadores de la democracia.

Esta señora es una de los que se han erigido en gurús del insulto como argumento político. Porque también podemos revisar los insultos de Arias Cañete: sugiriendo «duchas de agua fría para ahorrar energía» mientras comemos «yogures caducados«. O Martínez Pujalte indicando que los afectados por las hipotecas quieren la dación en pago «para poder comprarse otra vivienda«. Y claro, también está Alicia Sánchez-Camacho, que ante el descubrimiento de que se le triplicó el suelo se justifica diciendo «Hago lo mismo que han hecho otros presidentes del PP«. Sí, es una pena que la tradición entre los presidentes peperos no fuera emigrar…

Tampoco es despreciable el insulto y la falta de educación de Bárcenas que, estando en el ojo del huracán por haber hecho con dinero propio, ajeno, declarado, negro, legal e ilegal, todo aquello que le ha venido en gana, regaló a los periodistas (por ende, a toda la ciudadanía) una castiza peineta.

No sé si llamarlo insulto, pero lo que está claro es el desprecio que siente el presidente del Gobierno hacia la gente de su país. En un principio pensé que se trataba de la agudización de los múltiples complejos de los que ha hecho gala durante todos los años que ha estado en la oposición, pero no, lo que le ocurre al señor Rajoy es que se cree por encima del resto de los mortales y por eso hace declaraciones vía televisión de plasma a unos periodistas que están en la habitación de al lado. Sí, televisión de plasma, el enemigo de la política y culpable de la crisis económica (esas declaraciones también podemos considerarlas como un insulto).

ABORTO= ANALFABETISMO+TERRORISMO+FRACASO

Con la reciente modificación de la ley del aborto (esa que nos devuelve a los años 80) nos hemos encontrado con joyas del insulto que valen su peso en oro. Sin entrar en el hecho de que es un insulto a los derechos de las mujeres (jaleadas además por hombres y por sacerdotes) ciertas «políticas» también se han apuntado a la moda de defender las ideas mediante el insulto, como es el caso de Beatriz Escudero, una mujer que compara el embrión humano con el de los calamares. Si eso no fuera suficiente, la buena señora desarrolla una ecuación que pone en relación el nivel educacional de la mujer con la probabilidad de que aborte. Todo lo cual se basa en estadísticas que no cita. No vaya a ser que la realidad le rebata un (insultante) argumento. Es lo que viene a denominarse comunmente «hacer un Toni Cantó». Al hilo de éste tema, los políticos, en concreto el pío Jorge Fernández Díaz no tardó en comparar el aborto con el terrorismo. Imagino que no es que quisiera insultar la inteligencia de la opinión pública sino que quería llevar a su terreno un tema que no compete al ministerio de Interior. A todo esto, me viene a la mente ¿por qué el aborto es competencia del Ministro de Justicia si, en realidad, es un tema de salud? Bueno, eso supondría que caería en manos de Ana Mato, que no sé qué es peor. Volviendo al tema del aborto, insultan a las mujeres llamándolas analfabetas y terroristas. Y Soraya Saenz de Santamaría, en lugar de mantener el perfil bajo, lo remacha diciendo que el aborto es un fracaso. Ahí lo llevas.

Y LOS CACHORROS QUE VIENEN DETRÁS

Nuevas (de)generaciones de políticos se están apuntando a ésta moda. Gente que estaba calentando el banquillo de las piscifactorias políticas (Nuevas Generaciones o Juventudes Socialistas) y que nadie conocía más allá de los implicados en políticas juveniles en el ayuntamiento/comunidad en la que viven. Suelen ser esos que aparecen con cara de apailados detrás del lider de turno cuando este hace un mitin en la ciudad de turno. Ahí nos encontramos a Beatriz Jurado afirmando que PSOE e IU «solo quieren jóvenes borregos» mientras el PP quiere jóvenes que trabajan. Ahí nos encontramos con el problema de la «movilidad exterior» que tan bien explicó la verborréica y devota de la Virgen del Rocio, Fátima Báñez: los jóvenes en España se están viendo obligados a emigrar. Los que se quedan es por que tienen un enchufe en el PP como es el caso de Carromero que cobra 50.000€ al mes por hacer no se sabe exactamente qué ni con qué mérito (más allá de conducir el coche en el que murió Osvaldo Payá), el de Juan Carlos Caballero cobrando 45.000€ por ser guapo o el de Miss Baleares 2009. Y como Beatriz Jurado no se queda a gusto con lo de (el silencio de) los borregos y envalentonada porque sus estulticias tuvieran un altavoz, no se sonroja en afirmar que Bañez es el hada madrina de los jóvenes. Somos más de 6 millones de personas deseando que lo demuestre.

MENCIÓN ESPECIAL: Juan José Pérez Macián

Este energúmeno se explayó en un artículo contra el 15-M en términos vergonzantes:

Híbridos de hiena y rata. Sí, os digo a vosotros: ¿Se os ha tragado la tierra?. ¿Os han comido los gusanos?. ¿Dónde estáis?. ¿Debajo de qué piedras os escondéis ahora?. ¿Por qué no se os ven ahora las rastras?. ¿No sabéis dónde está la calle de Ferraz?. ¿Ni la dirección de la Junta de Andalucía?. ¿Por qué no se os ve ahora con perros y flautas ante las sedes socialistas?. ¿No tenéis nada que decir a los de CCOO y UGT?. ¿No?. ¿No habéis sido capaces de autoorganizaros en tantos días que han transcurrido ya desde que la Juez Alaya desenredó el repugnante escándalo de los ERES de Andalucía?. ¿Habéis perdido todos el smartphone?. ¿Os habéis quedado sin whatshapp?. ¿Os lo ha desactivado el PSOE?. ¿O es que os parecen pocos millones de euros los 50 robados de las arcas públicas andaluzas a parados y necesitados?. ¿Que un sindicalista andaluz se haya embolsado cuatro millones y medio de euros a costa de los parados, ya no merece vuestra protesta airada y alimentada de insultos y agresiones con ese estilazo que os caracteriza cuando incendiais la calle Génova?. ¿O es que éstos chorizos de la izquierda sí os representan?.

No sólo no se ha retractado de sus palabras, es que su partido ni siquiera le ha amonestado. De dimitir no hablemos, por favor.

Cambio climático: de cómo el calentamiento mundial es una amenaza para nuestro aprovisionamiento alimenticio


El calientamiento gloabal está exacerbando la inestabilidad política mientras aumentan las tensiones derivadas de la inseguridad alimenticia. Con las investigaciones sugiriendo que el asunto sólo puede ir a peor, se examinan los riesgos alrededor del mundo.

Un artículo original de John Vidal

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Cuando el 17 de diciembre del 2010 el vendedor ambulante tunecino Mohamed Bouazizi se prendió fuego a sí mismo lo hizo para protestar por la represión y aprovechamiento/violaciones que se tenían lugar en donde vivía. Pero unos cuantos estudios sugieren que uno de los factores más relevantes en los subsiguientes alzamientos que conocemos como la «Primavera árabe» era la inseguridad alimenticia.

La sequía, los disparados precios del pan y la escasez de alimento han arruinado distintas áreas de Oriente Medio. Analistas del Centro para el Progreso Americano (Centre for American Progress) en Washington indican que la combinación de escasez de alimentos y otros factores mediambientales han agravado las ya tensas políticas de la región. Como indica el Observer el 13 de abril, un estudio inédito del gobierno de EEUU indica que el mundo tiene que prepararse para más de lo mismo, ya que la espiral de precios y las prácticas agrícolas tradicionales se han visto interrumpidas por el cambio climático.

«Debemos esperar mucha más desestabilización política mientras se produce [el cambio],» asegura Richard Choularton, un responsable de políticas de la ONU en la oficina sobre el cambio climático dentro del Programa Mundial de Alimentos. «Lo que difiere de hace 20 años es que hay bastante más gente que vive en lugares con un riesgo climático más alto; ahora mismo viven 650 millones de personas en zonas áridas o semiáridas donde se espera que las inundaciones, las sequías y las variaciones de precios tengan el mayor impacto.»

«Las recientes crisis en el Cuerno de África y en Sahel pueden convertirse en la nueva norma. Se espera que las sequías se vuelvan más frecuentes. Hay estudios que aseveran que para el 2050 habrá hasta 200 millones de personas más sin seguridad alimenticia o unos 24 millones de niños malnutridos. En algunas partes de África ya tenemos una catástrofe humanitaria prolongada y creciente. El cambio climático es un progresivo desastre,» afirma.

La fundación Mary Robison para la justicia climática convocó una gran conferencia en Dublín durante el mes de abril. Las investigaciones presentadas dicen que el aumento de los ingresos y el crecimiento de la población global (se considera que habrá unas 2 millones de bocas más que alimentar para el 2050) incrementará el precio de los alimentos entre un 40 y un 50%. El cambio climático puede encarecer en un 50% el precio del maiz y algo menos al trigo, arroz y aceite de semillas.

«Sabemos que la población va a crecer y que los ingresos van a aumentar, pero también lo van a hacer las temperaturas y los patrones de precipitación van a cambiar. Debemos estar preparados para un aumento de las temperaturas en todas las áreas,» afirma Gerald Nelson, un experimentado economista del Instituto Internacional para la Investigación de Políticas Alimentarias en Washington.

Todos los estudios sugieren que los peores impactos los recibirán los más pobres. Robinson, el antiguo presidente irlandés, dijo: «El cambio climático ya está ejerciendo un efecto dominó en la seguridad nutricional y alimenticia para la gente más pobre y vulnerable del planeta. Se prevé que la malnutrición infantil aumentará un 20% para el año 2050. El impacto del cambio climático recaerá de una forma desproporcional sobre la gente que vive en las áreas tropicales, particularmente en los grupos de población más vulnerables y marginados. Esa es la injusticia del cambio climático: el peor de los impactos lo sufren aquellos que menos han contribuido a causarlo.»

Pero de Europa a EEUU a Asia, nadie quedará al margen de los enormes cambios que los enormes cambios en la producción de alimentos que nos traerán lo que queda de siglo.

ASIA Y OCEANÍA

China es relativamente resistente al cambio climático. Se espera que su población mengue en torno a los 400 millones de personas en este siglo, aligerando la demanda sobre los recursos, además de tener capacidad para adquirir vastas cantidades de comida.

Pero a causa de que la población china está modificando su dieta hacia una más basada en la carne, el reto del país será el territorio y la alimentación del ganado. El cambio climático afectará a las regiones de distinta manera pero muchos cultivos tendrán que migrar hacia el norte.

La pérdida de cultivos se debe cada vez más a eventos climáticos extremos, plagas de insectos y enfermedades. La sequía del 2011 elevó el precio de los alimentos a nivel mundial. El trigo se está convirtiendo en un cultivo difícil de hacer germinar en algunas áreas más septentrionales de China debido a que son más secas y cálidas.

En China meridional, las sequías de los últimos años han reemplazado la estación de las lluvias. La Academia Nacional de Ciencias Agrícolas espera que los suministros de comida se volverán insuficientes hacia el año 2030.

Un nuevo estudio para la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional predice un aumento de 4 a 6ºC de temperatura para el año 2050 en la mayor parte de Vietnam, Camboya, Laos y Tailandia. La zona del bajo Mekong, habitada por unos 100 millones de personas, propensa a climas extremos, podría ver un aumento de las precipitaciones de un 20% o más, disminuyendo el crecimiento de arroz y otros cultivos tradicionales. Muchas provincias verán un significativo decrecimiento en la producción de alimentos. El números de niños malnutridos en la región puede pasar de 9 a 11 millones en el 2050.

Los eventos catastróficos afectarán cada vez más a la agricultura australiana. Regiones clave para la producción de alimentos en el sur posiblemente sufran grandes sequías en el futuro, mientras que en la parte oriental han experimentado una disminución de las precipitaciones de un 15%.

El número de días que rompen el récord de temperatura en Australia se ha duplicado desde los años 60, lo que también afecta a la producción de alimentos.

EUROPA

El cambio climático afecta a la producción agrícola a través de sus efectos en la estacionalidad, la intensidad y la variabilidad de las precipitaciones y los cambios en las temperaturas y las concentraciones de dióxido de carbono.

Los cultivos que normalmente se ven crecer en el sur de Europa podrán arraigar más al norte. Esto permitirá que se plante maíz tierno, uvas, girasoles y maíz en Gran Bretaña. En Escocia, serán adecuadas las granjas ganaderas. En latitudes más altas, el aumento de la temperatura se traducirá en una estación de crecimiento más intensa y prolongada. Pero más CO2 y un mayor aumento de la temperatura podría suponer una reducción de los rendimientos en un 10%.

Las últimas estimaciones de la UE sugieren que las consecuencias más severas del cambio climático no se sentirán hasta el 2050. Pero antes se esperan severos impactos derivados de más frecuentes y prolongadas olas de calor, sequías e inundaciones. Muchos cultivos que actualmente se dan en el sur de Europa, como el olivo, puede que no sobrevivan al aumento de la temperatura. La Europa meridional tendrá que cambiar su métodos de irrigación.

En latitudes medias y altas, se espera que el calentamiento global se traduzca en un aumento de la temporada de crecimiento. Los cultivos en Rusia podrán expandirse hacia áreas más septentrionales pero su rendimiento será más bajo porque los suelos son menos fértiles. En el sur, el rendimiento se verá reducido por un clima que se volverá más seco. Además, el cambio climático supondrá que los recursos hídricos sean más escasos y un aumento de las malas hierbas y las plagas.

En el 2011, Rusia restringió las exportaciones de trigo y grano tras una ola de calor. El calentamiento incrementa los incendios forestales en un 30-40%. Esto incide directamente en la erosión del suelo y aumenta las probabilidades de inundaciones.

En Oriente Medio y norte de África, se espera un decrecimiento del rendimiento del arroz de un 30%, un 47% para el maíz y para el trigo un 20%.

 AMERICAS

 Se espera un crecimiento de 120 millones de personas en EEUU para el 2050. Los científicos gubernamentales esperan más incidentes de calor extremo, sequía severa y fuertes lluvias afectarán la producción de alimentos. El calentamiento se espera que aumente sin consecuencias durante 30 años pero más allá del 2050 los efectos pueden ser dramáticos sobre los cultivos tradicionales.

De acuerdo con él último informe del gobierno: «La creciente incidencia de fenómenos meteorológicos extremos tendrá un impacto cada vez más negativo en la productividad agrícola y ganadera, ya que se superan ya los umbrales críticos.» Muchas regiones agrícolas de EEUU experimentarán decrecimientos.

En el valle central de California, se verán afectados los girasoles, el trigo, el tomate, el arroz, el algodón y el maiz, que se espera que pierdan un 10-30% de su rendimiento, especialmente a partir del 2050. Los cultivos frutales y de nueces que dependen de los días fríos de invierno pueden tener que ser reubicados. Los animales expuestos a demasiadas noches cálidad se estresan cada vez más. Muchos cultivos vegetales se verán afectados cuando aumente la temperatura, aunque sólo sean unos pocos grados.

Cerca del 20% de todos los alimentos de EEUU son importados, así que los climas extremos en otras zonas también tendrán su efecto. En el 2011, el 14,9% de los hogares estadounidenses no tenían asegurado su aprovisionamiento alimenticio y un 5,7% tenía una muy baja seguridad alimenticia.

Ya que muy pocos cultivos pueden soportar un aumento medio de temperatura por encima de los 2º, América Latina se verá seriamente afectada por el calentamiento y el clima extremo. Incluso aumentos moderados de 1 o 2º supondrán un significativo daño a Brasil, uno de los mayores productores mundiales de cultivos alimenticios. La producción brasileña de arroz, alubias, mandioca, maiz y soja se verá reducida, siendo el café especialmente vulnerable.

Otros estudios sugieren que los enormes cultivos brasileños de soja, que proveen de forraje a gran parte del mundo, podría caer en más de un 25% en los próximos 20 años.

Dos grandes cultivos sí que podrían desarrollarse bien: quinoa y patata.

AFRICA

Muchos países africanos ya están experimentando sequías más acusadas y prolongadas, inundaciones y ciclones. Se espera que el continente sufra una desproporcionada inseguridad alimenticia debido al rápido aumento de población vulnerable.

Se prevé que Egipto pierda el 15% de sus cultivos de trigo si la temperatura sube unos 2ºC. Si la subida es de unos 4ºC, la pérdida será de un 36%. En cuanto a Marruecos, se espera que sus cultivos se mantengan estables hasta el 2030 para caer rápidamente a posteriori. Tradicionalmente la mayoría de los países del norte de África importan el trigo que consumen, lo que les hace altamente vulnerables a los cambios de precios y las sequías que se produzcan en otros lugares.

Un nuevo estudio de 11 países del oeste de África revela que van a ser capaces de obtener más alimentos con el aumento de las temperaturas y las precipitaciones. Pero la demanda derivada del aumento de la presión demográfica puede suponer que el precio de los alimentos se doble. El cambio climático puede suponer un aumento de las exportaciones de sorgo en Nigeria, Ghana y Togo.

Las temperaturas probablemente suban varios grados en las zonas cercanas al Sahel. En Burkina Faso se espera que el rendimiento del sorgo baje un 25% aunque sí que aumentará el del maíz.

Otros estudios del IFPRI indican que el rendimiento de los cultivos en el África subsahariana puede haber descendido para el 2050 entre un 5 y un 22%, aumentando la miseria de un gran número de gente.

Según la ONU, las condiciones climáticas del sur de África empeorará. Los modelos climáticos muestras un incremento de la temperatura media de la región de 1º a 2ºC en el 2050. Ésto favorecerá a algunos cultivos pero otros tendrán que ser llevados a áreas más septentrionales y de mayor altitud.

Los dos cultivos tradicionales en África, el sorgo y el maíz, posiblemente se vean muy afectados por un clima aún más severo.

Oxfam avisa que los pequeños granjeros del cuerno de África serán los que más sufran los impactos negativos del cambio climático. Lo impredecible del tiempo ya ha dejado a millones de personas en situación de semi indigencia y dependientes de la ayuda alimentaria.

Especulación alimentaria: “La gente muere de hambre mientras los bancos se forran a costa de la comida”


No son solo las malas cosechas y el cambio climático – también los especuladores están detrás de los records en los precios. Y son los más pobres del planeta los que tienen que pagar.

Un artículo original de John Vidal

Hace poco menos de tres años, la gente del pueblo de Gumbi en el oeste de Malawi fue inesperadamente azotada por el hambre. No como nos pasa a los europeos si nos saltamos una comida o dos, sino el profundo, el que te roe por dentro, el que impide el sueño y embota los sentidos cuando se ha ingerido ningún alimento sólido durante semanas.

Curiosamente, no había habido sequía, la causa más común de desnutrición y hambre en los países del sur de África y había un montón de alimentos en los mercados. Por alguna extraña razón, el precio de alimentos básicos, como el maiz y el arroz, se había duplicado en cuestión de pocos meses. Y más raro aún, no había evidencia de que los comerciantes locales se hubieran dedicado a acaparar alimentos. Lo mismo ocurrió en otros cien países en vías de desarrollo. Hubo disturbios por ésta causa en más de veinte países y varios gobiernos se vieron obligados a prohibir las exportaciones de alimentos y productos básicos, así como a subvencionarlos.

La explicación esgrimida por la ONU y los expertos en comida fue que una combinación de factores naturales y humanos se habían combinado para dar lugar a una “tormenta perfecta” que había inflado los precios precios. Según las agencias de la ONU, los agricultores estadounidenses habían dedicado millones de hectáreas de tierras para la producción de biocombustibles para los vehículos, el precio del petróleo y los fertilizantes había aumentado considerablemente, los chinos estaban empezando a incluir carne en su dieta, y las sequías relacionadas con el cambio climático estaban afectando a las principales áreas de cultivo. La ONU que el número de personas desnutridas había aumentado en setenta y cinco millones debido al aumento de los precios.

Pero una nueva teoría está emergiendo ahora entre economistas y comerciantes. Se cree que los mismos bancos, fondos de cobertura y financieras cuya especulación en los mercados bursátiles provocó la crisis de las hipotecas sub-prime, son la causa de los precios yo-yo de los alimentos y su subida. Se les acusa que, aprovechando el vacío legal de los mercados mundiales de materias primas, ellos están haciendo millones a base de especular sobre la alimentación mientras causan miseria en todo el mundo.

Mientras los precios de los alimentos se disparan de nuevo a niveles por encima de los alcanzados en el 2008, queda claro que ahora todo el mundo se verá afectado. El precio de los alimentos ha aumento en un 10% en un año en Gran Bretaña y en Europa. Es más, según la ONU, se espera que aumenten en un 40% en la próxima década.

La modesta especulación siempre ha existido, incluso era bienvenida, en los productos tradiciones, funcionando de la siguiente manera: el agricultor X se cubría frente a los riesgos climáticos y las malas cosechas acordando un precio de venta con el intermediario Y. De esta forma se garantizaba un ingreso fijo que le permitía planificar el futuro e invertir más, dejando un margen de beneficio al intermediario Y. En un mal año, el agricultor X obtiene un beneficio y en un buen año sale ganando el intermediario Y.

Cuando estos procesos de “cobertura” estaban regulados, funcionaban bien. El precio de los alimentos reales en el mercado del mundo real, se establecía por las oferta real y la demanda real.

A mediados de los 90 esto cambia. A raiz de la fuerte concentración de los bancos, los fondo de cobertura y las políticas librecambistas de EE.UU y Gran Bretaña, las normativas sobre el mercado de las materias primas se vieron abolidas de forma sistemática. Los contratos de compra y venta de alimentos se convirtieron en “derivados” que podían ser comprados y vendidos entre comerciantes que no tenían nada que ver con la agricultura. Así nació un nuevo e irreal mercado de “especulación alimentaria”. Cacao, zumos de frutas, azucar, alimentos básicos, carne y café se convierten en parte de un mercado mundial junto con el petróleo, el oro y los metales. En 2006, con el desastre hipotecario de los Estados Unidos, los bancos huyeron en estampida moviendo millones de dólares a fondos de pensiones y a mercancias exentas de riesgo, especialmente, los alimentos.

“La primera vez que nos dimos cuenta de esto (la especulación alimentaria) fue en 2006. Pero no se percibió como un elemento continuista. Sin embargo, en el 2007/8 fue cuando realmente se disparó” dice Mike Master, administrador de fondos de Masters Capital Management,  que declaró ante el senado estadounidense que la especulación estaba haciendo subir el precio de los alimentos a nivel mundial. “Cuando se observan los flujos se hace evidente. Conozco multitud de comerciantes y ellos me confirmaron lo que estaba sucediendo: que ahora el negocio estaba en la especulación – en torno al 70-80%”

Masters afirma que los merado actualmente están muy distorsionados por los bancos de inversiones: “Digamos que llegan noticias de malas cosechas y lluvias en determinado lugar. En circunstancias normales, eso incrementaría el precio del producto en un dólar. Pero en un mercado compuesto al 70-80% por especulación, el incremento puede llegar a los dos o tres dólares para añadir los costes adicionales. A eso añádele lo volátil del mercado. Terminará tan mal como todas las modas de Wall Street. Terminará estallando.”

El mercado especulativo de la alimentación es verdaderamente amplio, afirma Hilda Ochoa-Brillembourg, presidenta del Grupo de Inversiones Estratégicas de Nueva York. Estima que la demanda especulativa de materias primas futuras se ha incrementado entre un 40 y un 80% en el ámbito de la agricultura.

Pero la especulación no sólo afecta a los alimentos básicos. El año pasado, Armajaro (un fondo de inversión radicado en Londres) compró 240.000 toneladas,  más del 7% de las reservas mundiales de granos de cacao, ayudando a incrementar el precio del chocolate a los niveles más altos en treinta y tres años. Mientras, el precio del café se disparó en un 20% en sólo tres días como resultado de los inversores que apostaban por la caída de su precio.

Olivier de Schutter, portavoz de la ONU por el derecho a la alimentación, no alberga ninguna duda de que los especuladores están detrás del aumento de los precios. “El significativo incremento del precio del trigo, el maíz y el arroz no está relacionado con el reducido almacenamientos o las malas cosecha, sino con los comerciantes reaccionando a la información y especulando en los mercados.

“La gente muere de hambre mientras los bancos fomentan el asesinato a base de apostar sobre los alimentos,” dice Deborah Doane, directora del Movimiento para el Desarrollo Mundial en Londres.

La ONU y la Organización para la Agricultura, se mantienen diplomáticamente neutrales, diciendo en junio que “Aparte de los cambios en suministro y demanda de algunos productos básicos, el ascenso puede que también se haya visto amplificado por la especulación en los mercados de futuros organizados.”

La ONU es apoyada por Ann Berg, una de las más experimentadas comerciantes de futuros. Ella argumenta que la diferenciación entre mercados futuros de materias primas e inversiones relacionadas con las materias primas agrícolas es imposible.

“No hay forma de saber exactamente qué es lo que está ocurriendo. Sufrimos la burbuja inmobiliaria y el impago de los créditos. El mercado de las materias primas es otro campo de juego lucrativo del que los mercaderes obtienen beneficio. Es un tema delicado. Algunos paises compran directamente de los mercados. Como dice un amigo mío: ‘Lo que para un pobre es un trozo de madera, para el rico es un tipo de activo asegurado’”