Archivo de la categoría: literatura

Martes de letras: «Mataré a vuestros muertos» de Daniel Ausente


Si hace un par de semanas hablaba en el «Martes de Letras» sobre una novela «pulp» ambientada en Madrid con «La escuela nocturna» de Noel Ceballos hoy nos trasladamos a una Barcelona canalla, sucia, llena de drogas y perdedores de la peor calaña bajo la que medra lo peor y en la que la rumba catalana es la banda sonora.

Desde el prólogo descubrimos la existencia de un «algo» oscuro y desagradable que se arrastra en las profundidades de antiguos pasadizos de una ciudad vieja que ha caído en el olvido oculta por la urbe que se ha desarrollado encima. A la luz del día, el panorama que nos pinta el autor no es mucho mejor, una ciudad vencida plagada de personajes lumpén donde la droga, la prostitución y el crimen es el motor económico.

En la novela llama mucho la atención lo trabajado de una estructura a tres niveles: por un lado está la Barcelona más o menos actual, con una pátina de escenario de película de cine quinqui, la ciudad que viven las alimañas (palomas, ratas y cucarachas) y una serie de epístolas de seres más o menos históricos que nos va desvelando la amenaza que se está desarrollando bajo la ciudad y explica el porqué de ciertos personajes que pululan por la historia.

La agilidad con la que se van engarzando acontecimientos, alternándose los tres niveles de estructura, no da tregua y va construyendo una tensión que estalla en un final que aúna todas las tramas expuesta mezclando a los personajes que hemos ido conociendo anteriormente.

La baza con la que juega el autor es uno de los recursos clásicos de las películas de terror, lo de insinuar, más que mostrar, al enemigo, el monstruo que está siempre presente pero que intuimos, no vemos y que se nos presenta como una suerte de primigenio lovecraftiano.

Nos encontramos ante una historia que sabe aprovechar los recursos de la narración para ir anudando una trama potente y divertida que juega con el lector y le lleva a las entrañas corruptas de una ciudad que hace que uno se plantee si su decadencia es producto de la existencia del monstruo o si el primigenio escoge la ciudad como lugar en el que desarrollarse por la podredumbre intrínseca de esa Barcelona.

Para saber más sobre el autor, Daniel Ausente, te recomiendo su Twitter (@absence).

El libro está editado por Prosa Inmortal, una microeditorial que se define «afin a los géneros populares y la literatura farruca» y lo puedes comprar aquí.

 

Martes de letras: «Another» de Yukito Ayatsuji y Hiro Kiyohara


Vuelve a tocar un manga en el «Martes de letras», en esta ocasión una historia de terror basada en la novela de Yukito Ayatsuji e ilustrada por Hiro Kiyohara. En España la ha editado en cuatro volúmenes la editorial Ivrea.

Aunque he de admitir que también me convenció el hecho de que fuera una serie cerrada de cuatro tomos, lo que más me llamó la atención fue un argumento, cuanto menos, perturbador sobre la alumna de un instituto que había fallecido, cuyos compañeros no fueron capaces de aceptar su muerte y la aparición de su imagen en la foto de graduación de aquél año. Me esperaba una historia de fantasmas y sucesos paranormales de esos que te dejan al borde del escalofrío.

La historia despega con muy buen ritmo, reescribiendo la manida historia del chico nuevo en el colegio. Aquí el colegio maldito no aparece hasta que ya se han presentado los personajes principales de la historia y se han establecido las relaciones entre ambos. Ya desde el principio queda claro que la mayoría de los personajes ocultan algo y los nexos entre ellos son, cuando menos, perturbadores y malsanos, lo que se achaca a una suerte de maldición que planea sobre ellos.

Según va desarrollándose la historia, los silencios y todo lo que ocultan van ganando tal peso que la maldición que ha caído sobre la clase se convierte en el motor de la narración, cuyo único objetivo es acabar de una vez por todas con un problema que se arrastra de generación en generación. Es entonces cuando la historia se estanca, se embrolla sin visos lógicos y llega a un punto muerto que, para lograr avanzar, el guionista se empieza a inventar excusas y a desvelar información que ha ocultado al lector hasta entonces para terminar llegando a una conclusión floja y que deja cierta sensación de engaño.

Es de agradecer el desarrollo de los personajes y la existencia de secundarios que suponen un contrapunto que, si bien no se le puede llamar cómico, sí que aligera la tensión que se va construyendo a lo largo de los cuatro volúmenes de la obra. «Another» también se beneficia del protagonismo de Mei Misaki, una chica misteriosa y reservada pero de indudable carisma y magnetismo, así como de Koichi, que va demostrando su potencial según se va enfrentando a la adversidad y a cosas que no es capaz de comprender.

Mención aparte merece el dibujo, cuyo trazo es de una limpieza luminosa y que se ve reforzado por un tramado y un sombreado que dota de profundidad y textura a las escenas. Además de algunos dibujos aislados que se benefician de una composición claramente tenebrista.

En definitiva, «Another» es una narración que adentra al lector por los caminos explorados por otras historias de terror que yo he conocido por películas como «The Ring» o «The Grudge», pero que termina con una cierta decepción a causa de la información que omite el autor a lo largo de los cuatro volúmenes.

¿Has leído esta saga? ¿Qué te pareció a ti?

Puedes dejar aquí tu comentario y, si te ha gustado el artículo, no dudes en compartirlo.

Martes de letras: «La escuela nocturna» de Noel Ceballos


Tanto el refrán como el doctor Frank-n-furter dicen que no hay que juzgar un libro por su portada. Pero en este caso no pude evitar rendirme a una portada que se inspiraba en el arte de Alphonse Mucha con un punto mangaka y a un formato que me remitía directamente a aquellas novelitas que se cambiaban en los quioscos (mucho antes de que supiéramos lo que significaba el término pulp ya existía Marcial Lafuente Estefanía y Corín Tellado). Por no mencionar la frase «Aventuras esotéricas en el Madrid de 1912» y tres palabras: Apocalipsis, Anarquismo, Chotis. Sólo faltaba una parpusa de chulapo para conquistarme aún más.

La historia comienza por todo lo alto, presentando a uno de los protagonistas en la escena de un cruento crimen que parece perpetrado por una secta que trata de sembrar el terror por toda Europa. A partir de ese momento la narración se lanza por una montaña rusa de puro divertimento en la que aparece la mafia, sectas de diversos pelajes, matrimonios con tendencias sadomasoquistas, artistas con ínfulas de trascendencia y «[…] vagos, parásitos, aristócratas decadentes, cocatrices, toreros, libertinos […]«. Por aparecer, los personajes se llegan a cruzar con un etílico Ramón Gómez de la Serna. Eso es lo que hace tan extremadamente divertida esta novela, ese juego cómplice con un lector que trata de averiguar qué hay de verdad y que hay de ficción en escenarios y personajes.

Así, uno se encuentra barruntando sobre los distintos cafés en los que se juntaba la bohemia y la intelectualidad, los lavaderos del Manzanares (algo que nos cuesta imaginar a los que habitamos este Madrid en el siglo XXI) o los intereses urbanísticos (que hasta no hace mucho aún persistían) sobre el parque de la Cornisa. Situaciones rocambolescas que se alternan con hechos y lugares históricos, socarronería y triángulos amorosos, son ingredientes con los que el lector no puede por menos que disfrutar.

Los personajes no dejan de ser esbozos (el periodista, la actriz, el investigador de lo paranormal) pero eso propicia que la historia avance continuamente y es eso lo que favorece un desarrollo ágil y divertido, a veces tan vertiginoso que tienes que volver alguna página para atrás para comprender qué es lo que está ocurriendo realmente o quién es el personaje al que se están refiriendo. En definitiva, se trata de una novela de entretenimiento puro de las que invita a jugar al lector.

Si te gustan las historias con buena ambientación, un punto de surrealismo y fantasía, esta obra es para ti. ¿La has leído? ¡Te agradecería que compartieras tu opinión en un comentario!

Para saber más sobre el autor, Noel Ceballos, te recomiendo su Twitter (@noelburgundy) y su blog.

Y si quieres comprarlo, puedes hacerlo en la página de @mmorilibros por tan sólo 10€ siguiendo este enlace.

Martes de letras: «Las meninas» de Santiago García Fernández y Javier Olivares Conde


No es ninguna novedad decir que la novela gráfica vive un gran momento, por no caer en el tópico «está en su apogeo». Y lo que es indudable es que España aporta valores realmente notables a ese momento y para muestra, la obra de la que nos ocupamos.

Tanto el título como la portada dejan pocas dudas sobre el tema del que va a tratar la obra: una semblanza vital de Diego Velázquez y las ondas que ha producido en el estanque de los siglos, la piedra que lanzó al pintar «Las Meninas». Digo semblanza vital porque la novela no es una biografía lineal al uso en la que se narra el nacimiento, vida y muerte del gran pintor, sino que con la excusa de otorgarle el rango de nobleza que supone la orden de Santiago, distintos personajes recuerdan distintos episodios de la vida del autor de «La rendición de Breda».

Al mismo tiempo, todo el relato se ve atravesado de forma transversal por la obsesión del pintor con los espejos, que se ve culminada en el cuadro que da título a la novela, y como esa obsesión se ve replicada, como en el mismo azogue que cautiva a Velázquez, en grandes hitos de la pintura, la literatura y el pensamiento, como son Foucault, Buero Vallejo, Picasso, Goya o Dalí.

La estructura de la obra es una compleja digresión entre diversos momentos temporales de la biografía del artista y de su influencia en autores posteriores, pero que en ningún momento permite que el lector se pierda, más al contrario, le guía de tal forma que puede entender la historia por completo.

El estilo del dibujo es claramente pictórico, trazos que parecen brochazos, edificios delineados con escuadra y cartabón y un color negro que resalta sobre los monócromos fondos cuyo color designan una época de la vida del pintor sevillano. Si algo se puede achacar al dibujo es que hay momentos en que cuesta reconocer a los personajes, cosa que se resuelve, como ocurre tantas veces, con el diálogo.

En conclusión, «Las meninas» es una de esas obras que obliga al lector a trabajar, que reta su inteligencia y que le descubre el entorno de un pintor que ha dejado honda huella en la Cultura.

Martes de letras: «Fortunately, the milk» de Neil Gaiman


Lo primero, me niego a aceptar la absurda traducción del título que se ha hecho al castellano. Llamar a este libro «El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre» no sólo se aleja de manera radical de la propuesta del juego que plantea Gaiman en la versión original sino que, además, es un spoiler en toda regla que ni siquiera va en la contraportada.

En segundo lugar, me declaro fan absoluto del autor, por lo que mi juicio sobre la obra es de todo menos imparcial. Neil Gaiman me lleva cautivando desde principios de los 90 y tanto en cómic como en prosa, siempre ha logrado en mí una sensación a la que yo llamo «jugar en casa». Con ello me refiero a que, grosso modo, conozco las reglas con las que juega Gaiman y sé qué puedo esperar de la trama.

Centrándome en «Fortunately, the milk«, es uno de esos pequeños libros de Neil Gaiman enfocados al público infantil y que tanto nos gustan a los adultos. Esta vez se ha alejado de los mundos tenebrosos de «Coraline» o de «El libro del cementerio«, para narrar la delirante historia de un padre que va a comprar leche para desayunar.

Viajes en el tiempo, ovnis, dinosaurios inventores, dinosaurios policías, ponis, «fampirros» no tan bien encarados como los de «Crepúsculo», volcanes a punto de estallar… todo tiene cabida en la excusa de un padre que ha tardado más de la cuenta en llevar el desayuno a casa. No cuesta imaginarse que ese padre es un trasunto del propio Gaiman.

El estilo, más que agil, es vertiginoso: al final se trata de la transcripción de relato oral, incluyendo las interrupciones de los vástagos, que parecen más que acostumbrados a las disgresiones de su progenitor.

Profusamente ilustrado por el trazo de Skottie Young, sus dibujos aportan fuerza a un delirio absolutamente disfrutable y que lleva en más de un momento a la sonora carcajada.

Last time I woke up in Hiroshima


Conoces las costuras de mi alma
vista desde afuera
y el sabor a herrumbre
de mis mañanas de resaca,
la parábola de mi brazo
para dar un calada al cigarro.

Estas lo suficientemente lejos
para tener perspectiva,
pero no es lo suficientemente cerca
para que yo no te eche de menos.

He aprendido a llamar a tu fantasma
por su nombre de pila,
a invocarte y maldecirte,
y a esperar tu voz
desde la infinita distancia
de la línea telefónica.

Me temo que ya es tarde
para volver al punto de partida,
pero me da igual,
aparece en todos los mapas.

Despiértame
cuando pueda llorar contigo,
pero no por ti,
nunca por ti.

El exilio de los viernes


Me he desterrado de los viernes
y de tus ojos,
sin embargo nunca una ausencia
se me había parecido tanto,
tanto, al recuerdo.

Con el paso de los años
las heridas
son ahora rendijas
en vez de profundos pozos
en los que vivir tu exilio.

A fuerza de odiarte tanto,
tanto, he atravesado la línea
del cariño.

He querido abrazarte
y encuentro mis brazos vacíos.

Pero el tiempo
no significa olvido,
sino heridas menos profundas,
apenas arañazos.

He querido besarte
y no he hallado tus labios.

Me he desterrado de los viernes
que van de enero a diciembre,
pero no por eso
me siento más vacío.

Preferiría haberte odiado
con el exceso de la lujuria
que amarte
en presente simple,
pero a veces
no es posible aguantar tanto,
tanto, silencio.

La soledad del corredor de fondo


Me he acostumbrado
a la autosuficiencia normativa
que habita en tus ojos
para terminar tomando las riendas
de mis noches,
que tensas y relajas
para conducirme entre tus piernas,
acostumbradas a recorrer
burdeles y lupanares,
y calles solitarias
en las que el deseo
es moneda de cambio.

Me he acostumbrado
a las palabras gélidas
de tu ausencia,
a la distancia grosera y vasta
que, más que hacerme daño,
me ha inmunizado
contra el delirio.

Relajada la presión
entre mis sienes,
una vez que he corrido
hacia el precipicio de todos los apeaderos,
a todas luces
insuficientes para una maratón,
he llegado al recuerdo
con los párpados pesados
del cansancio,
pero también con la certeza
de que he elegido el camino
adecuado.

Conclusión (Haiku)


Los chicos guapos
mienten
cuando dicen la verdad.

De la lujuria como excusa


…tus largas piernas
atrapándome contra el asiento de atrás
de tu coche,
acatando las estrictas normas
de la lujuria.

La próxima vez
-si es que la hay
recuérdame
como ésta noche.

Con la espalda bañada de luna.

Con el alma náufraga.

Y tus labios en mi piel.

O mejor aún,
olvídame,
que el que juega al escondite
con el deseo
siempre se encuentra
con el desengaño.