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Social Media: Las 3R del Marketing de Contenidos
Social Media: El marketing sin control no sirve de nada
Hace unos años hubo una campaña de neumáticos que decía «La potencia sin control no sirve de nada», lo cual no deja de ser cierto: puedes tener toda la potencia que quieras pero si no la controlas terminarás saliéndote de la carretera.
De la misma manera, hoy en día los ubicuos anuncios de Internet aparecen en todas partes pero posiblemente en el lugar que poco o nada interesa a los anunciantes. Es decir, tienes la potencia de Internet pero si no controlas en qué medios apareces o no haces una buena segmentación, las posibilidades de impactar en tu público objetivo son prácticamente nulas.
Esta reflexión viene al hilo de que a lo largo del día de hoy me he encontrado con una de esas páginas que se abre en segundo plano de forma subrepticia detrás de la pantalla principal del navegador y reproducen de forma automática un ruidoso y molesto vídeo. Generalmente se tratan de páginas de nulo interés en las que se promocionan páginas de apuestas o estafas negocios piramidales. En este caso, el tema de la web era una investigación sobre el cáncer. El tema casi me sorprendió por que no es habitual dentro de estas páginas. Pero lo que me descolocó del todo es que el vídeo reproducido era de uno de los dos bancos más saneados de España. Mi sorpresa fue mayúscula, no tanto por el contenido del media, sino porque no lograba comprender la relación entre contenido y continente. Es evidente que el anuncio forma parte de algún plataforma que mete anuncios en cualquier plataforma, lo cual, en lugar de dar lustre a la web que aloja un anuncio de una empresa importante, tiene el efecto contrario, se puede considerar que la empresa tiene poco interés en dónde aparece con tal de constar. En este caso aparece en una web que no tiene nada que ver con el tema de la empresa, pero este tipo de descuidos puede llevar a situaciones que consideraríamos estrambóticas: ¿os imagináis un anuncio religioso en una página de contenidos porno?
Facebook es posiblemente una de las mayores bases de datos del mundo, contiene datos sobre gustos, aficiones y amistades de más de 1200 millones de personas. De la misma manera, estamos en manos de Google al que facilitamos hasta nuestros movimientos: no solo tiene nuestros datos, nuestro correo y nuestro archivos, si no que también sabe dónde estamos.
Y ambas empresas pone dichos datos a disposición de todo aquél que, gustosamente, pague por ellos (es por eso que los usuarios no tenemos que pagar nada por darnos de alta). Claro que una cantidad ingente de datos porque sí de poco sirven a cualquier empresa, por ello tienen que decidir a quién se quieren dirigir, dónde está su nicho de mercado. Ahora bien, hay empresas a las que ese tipo de análisis les resulta de lo más complejo y lanzan sus consignas y anuncios sin tener en cuenta en quién están impactando. De esta forma, te encuentras (en aquél momento AdBlockPlus no era más que una utopía) con anuncios sobre la menstruación o sobre la nueva fragancia de Shakira. O SMS por parte de tu operadora de móvil (que sabe exactamente tu dirección de facturación) para que participes en el sorteo de unas entradas de un concierto de «Il Divo» en Sevilla (sic).
En definitiva, puedes tener una base de datos con todos los usuarios de Facebook o Google, pero si no haces una criba tratando de encontrar a tus clientes potenciales, por un lado vas a consumir una gran cantidad de recursos a lo tonto y, por otro, no vas a conseguir los objetivos de la campaña. Vamos, que es como disparar a ciegas y confiar en que vayas a dar en el blanco. De la misma manera, aparecer en absolutamente todos los soportes no te va a reportar más clientes y sí un despilfarro de recursos.
Social Media: Crisis de reputación en RRSS. El caso de Francisco Jesús Espinosa.
Hecho con Storify by antoniofse
Crisis de reputación en las Redes Sociales
El caso de Francisco Jesús Espinosa (@fjsespinosa74)
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Presentación del caso:
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Francisco Jesús Espinosa es un político que ejerce de coordinador local en Jerez del partido UPyD.
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Tras el partido de fútbol entre el Real Madrid y F.C.Barcelona, en el que ganó el equipo blanco, este señor lanzó el siguiente tuit en su cuenta:
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Premio fair play para @fjespinosa74, coordinador de @UPyD en Jeréz de la Frontera, por no mezclar política y deporte. pic.twitter.com/KP2S1IROt6 -
Está claro que un comentario tan soez puede traer airadas respuestas por parte de los seguidores del equipo blaugrana. No sólo queda patente la poca educación del político, sino también queda implícita una importante carga de aversión a políticas que se oponen a su ideología e, incluso, una cierta homofobia.
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En el caso de ser una persona particular el hecho no tiene porque conllevar trascendencia alguna más allá de un rifi rafe entre las hinchadas de los distintos equipos.
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Pero aquí quien está hablando es un representante político que ostenta el cargo de consejero político en UPyD, es decir, con una cierta relevancia que no se puede permitir determinados desmanes por más que en su bio se describa como «Lenguaraz librepensador».
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Cargos
Estatutos de Unión Progreso y Democracia: Art. 32.- El Consejo Político: 1. El Consejo Político es el órgano encargado de la deliberación política y aprobación de las propuestas políticas y organizativas que le someta el Consejo de Dirección en los casos previstos en los estatutos, asimismo ejerce el control último sobre el Consejo de Dirección y el resto de órganos del partido de ámbito nacional así como sobre sus cargos públicos y representantes institucionales. -
Por supuesto, al tuit del político le siguieron numerosas respuestas de gente que se había sentido ofendida. ¿Cuál fue la respuesta del político? En un primer momento, la zafiedad y el insulto, manteniendo la homofobia de su primer tuit.
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@juanm1905 Animo al que me sale de los cojones, lerdo.
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Al•lucinant el nivell que tenim al bàndol feixista. Feliciteu a aquest @fjespinosa74
@UPyD @SenyoraUPyD pic.twitter.com/R22UUyjxlZ -
Para luego adoptar una postura sarcástica.
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@juanm1905 @UPyD Jajajjajajajaja mami, mami, en el cole se meten conmigo, buaaa, buaaa
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@hoolSVQ @juanm1905 jajajaja búscate una vida mashote!!!
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Volviendo de nuevo a la agresividad y justificando que sólo se trata de fútbol y que no tiene nada que ver con un tema tan candente y controvertido como es la independencia de Cataluña.
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@juanm1905 Animo al que me sale de los cojones, lerdo.
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@JORDINADOR @UPyD @Tuit_And_Shout @JoanQueralt @leotaxil ¿al poble de cataluña? ¿Se te ha ido la olla? Es fútbol, imbéciles!!!
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@albert_s_c @JORDINADOR @Tuit_And_Shout @leotaxil Llamo polacos a los del barça, no a los catalanes.
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@eloyalconchel @UPyD @UPyD_Jerez @UPyD_Andalucia @mdlherran jajajajja mejor seguir ejemplo del tuyo, en Puerto III. Sólo es fútbol, hombre!!
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Trata de contemporizar haciendo ver que está devolviendo los comentarios que recibe cuando el resultado del partido es el contrario.
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@JORDINADOR @ricard7jimenez no he insultado a un pueblo, sólo hice un comentario jocoso como los muchos q me dicen a mí cuando gana el barça
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Finalmente, consciente del error cometido y la crisis de reputación desencadenada, se disculpa.
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Para, a la mañana siguiente, anunciar su dimisión diciendo que su tuit ha sido tergiversado, lo que es una postura muy habitual dentro de este tipo de crisis: en lugar de asumir el hecho de haber cometido un error, se escuda en que ha sido malentendido.
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Pero también para concluir con una respuesta claramente pasivo-agresiva en la que trata de aparecer como una víctima.
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¿Cómo gestionar esta crisis?
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Lo primero que debemos entender es que en este caso el usuario ha volcado en las Redes Sociales su fervor futbolero sin pararse a considerar las consecuencias que podría acarrear. Está claro que una reflexión previa no hubiera producido la confrontación.
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Una vez lanzado el tuit y generada la controversia, lo que nunca se debe hacer es responder de una forma agresiva y zafia, por más que el interlocutor lo esté siendo.
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El primer paso es reconocer el error y asumir la responsabilidad. Una vez hecho esto, lo lógico es disculpase y tratar de ser comprensivo con tus interlocutores. En el caso del señor Espinosa, sus disculpas se ven claramente forzadas, lo cual da la sensación de no tomarse en serio el asunto. Tratar de mantener un diálogo calmado es una de las mejores herramientas que podemos utilizar ante una crisis de este tipo. La diplomacia es la clave y es el elemento que más brilla por su ausencia en este caso.
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¿Asunto zanjado?
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Podría considerarse que tras las disculpas y el anuncio de la dimisión la crisis reputacional se daría por concluida. Cuando este tipo de problemas se producen en una empresa, en una marca, tras la resolución del conflicto se debiera mantener una periodo de «cuarentena» en el que comprobar que, efectivamente, se ha cerrado en firme el brete.
The walking followers
Nadie sabe de dónde llegaron. De la noche a la mañana a Mariano Rajoy le han salido los followers de Twitter hasta de debajo de las piedras. Muchos de Oriente Medio. Otros tantos de India. El equipo que se encarga de la presencia en RRSS del presidente del gobierno no ha sido capaz de detectarlo hasta que en la mañana del 5 de septiembre ha saltado la liebre y gran parte de los medios de comunicación digitales se han hecho eco de tamaña irregularidad. Lo cual dice bastante poco de unos Community Managers que, por lo general, cuando meten la pata, lo hace por todo lo alto (aún recuerdo con sonrojo aquél hashtag #QueLaEnseñeRubalcaba o el la vuelta a la tortilla del #QueNoTeLienConLaSanidad)

En primer lugar, algunas fuentes han apuntado hacia la compra de seguidores por parte del equipo del presidente para darle una mayor notoriedad en las Redes Sociales, donde otros políticos tienen una relevancia que hace que cada una de sus declaraciones tenga una impacto transmediático (perdón por el «palabro») de alto calado, el más notorio de todos, esto es evidente, Pablo Iglesias. Él se ha erigido en el primer político 2.0 de esta suerte de democracia que tenemos en España, de forma que sus apariciones públicas en diversos medios de comunicación tienen impacto directo en las Redes Sociales y viceversa, sus tweets llegan a convertirse en noticia (lo cual nos llevaría a un periodismo que, a falta de capacidad de generar contenidos propios, se hacen eco de aquello que genera ruido en Twitter, Facebook o Youtube). Frente a su capacidad de usar las Redes Sociales para generar un impacto, están la gran mayoría de políticos que sólo utilizan dichas redes cuando están en campaña electoral para lanzar sus eslóganes y soflamas y cuyas cuentas a partir de ese momento duermen el sueño de los justos: el último tweet de Miguel Ángel Arias Cañete, candidato del PP al Parlamento Europeo, no tiene ninguna actividad desde el día 1 de Julio, lo que no quita para que su nombre haya sonado como candidato para ejercer la comisaría de Innovación (al final le corresponde la comisaría de Energía y Cambio Climático, que también tiene delito), o el caso de Iñigo de la Serna, alcalde de Santander y presidente de la Red Española de Ciudades Inteligentes (sic), que tampoco usa su cuenta desde el día 2 de junio.
Volviendo al tema que nos ocupa, por mucho que nos tiente la idea de creer que el equipo de comunicación de Rajoy sea capaz de llevar a cabo una chapuza de tal magnitud, hasta el más principiante de los Community Manager sabe (o debe ser capaz de intuir) que la clase de seguidores que se va a obtener con semejante estratagema no va a ser aquellos que interactúan y se hacen eco de las propuestas y noticias que aparecen en la cuenta del presidente, es decir, que no van a generar el impacto necesario. Ni ningún impacto. En resumen, comprar seguidores a lo único a lo que lleva es a una merma de la credibilidad.
Otra segunda posibilidad que también se ha lanzado sobre este misterioso caso (en este país, para variar, nadie sabe nunca nada: ni de la Gürtel, ni de los sobresueldos, ni de los jaguars en el garaje) es que se trate de un ataque por parte de algún personaje con escasos escrúpulos que busque con este escándalo mermar la credibilidad del presidente. No sería el primer usuario que se ve afectado por un ataque de este estilo, por ejemplo Ruben Sanchez, el cuál se hace eco de ello en éste artículo y, además cuenta bastante más cosas muy interesantes sobre las cuentas zombies y la trata de followers.
Una tercera alternativa, la que a mi me parece más certera, es que se trata de una chapuza con daño controlado:
- Es evidente que Mariano Rajoy está muy lejos de ser una tuitstar y si tiene los seguidores que tiene es por su puesto, no por su poder de convocatoria ni por el interés de lo que tuitea.
- Hay políticos españoles que le están comiendo la tostada en el plano del Social Media porque sí que saben utilizarlo (ver gráfico).
- La única solución es conseguir más seguidores ¿cómo?
- Comprando followers de una forma tan burda que se caiga directamente en la astracanada, al final el coste económico es de tan sólo unos 120€.
- Dejando que la gente se de cuenta y empiece a hablar sobre el tema. El impacto en las diversas RRSS será enorme, los medios de comunicación tendrán una historia con la que generar contenido y llenar sus webs y sus informativos.
- Eso atraerá a gente a la cuenta del usuario en cuestión y, muchos de ellos, le seguirán.
- Twitter se encargará de dar de baja a las cuentas zombies, con lo que el presidente obtendrá publicidad gratuita de su cuenta, y un crecimiento neto de seguidores, sin que su equipo tenga que cribar los seguidores falsos.
Tal vez este desarrollo sea un poco enrevesado, rocambolesco incluso, pero es otra de las maneras que usan para distraer a la gente de cómo nos están recortando nuestros derechos mientras ellos se están llenando el bolsillo.
Redes sociales: Espejito, espejito mágico…
Abres el Facebook y te encuentras con el reportaje fotográfico de las vacaciones en las Seychelles de tu amiga. Un poco más abajo, aparece la imagen de la hija de no sabes quién dando sus primeros pasos. Más allá, otros aparecen preparándose para ir a una boda en un entorno inigualable de belleza sin igual. La maravillosa cala en donde unos han estado tocando la guitarra en torno a una hoguera. Múltiples fotos de gatos. Una imagen del sushi del restaurante de la ciudad donde no es posible lograr mesa o, si se puede, no es factible pagar la cuenta y seguir comiendo el resto del mes. Todo el mundo parece que tiene una vida más (atr)activa que cualquiera de las estrellas de Hollywood. En ese momento te miras al espejo: estas en casa, recién levantado, con el café en la mano y con un careto que haría que Freddy Krueger se hiciera pis encima.
Hace años, antes de que existieran las redes sociales, lo más que ocurría es que un amigo te llamara desde mitad de un concierto para que escuchara la canción que más te molaba (al tiempo que mirabas con asco los apuntes subrayados del examen que tenías al día siguiente). O te mandaba un SMS diciendo lo que molaba estar en la playa (mientras tu pasabas la canícula en la ciudad). En épocas aún más pretéritas, lo que te enviaban era una postal o te lo contaban a la vuelta mientras tomabas algo. Ahora no. Ahora todo el mundo tenemos que hacer partícipe a todos de nuestras vidas y le damos una pátina de barniz para que luzcan más.
Nos hemos visto lanzados a la vorágine del «yo más» que se ha visto reforzada por nuestro espíritu voyeur, nuestro afán exhibicionista, un punto de envidia, todo ello envuelto en la inmediatez del internet y coronado con las Redes Sociales. Es evidente que no vamos a exponer nuestras miserias a los ojos de todo el mundo, ni de los amigos de los amigos, ni de los conocidos por eso elegimos los elementos de nuestra vida que son más fotogénicos, esos en los que mejor nos lo pasamos ¿por qué decir que estoy en la cola del paro si voy a pasar la tarde en la piscina y puedo sacar una imagen de mis piernas recortándose contra el cielo y subirla al momento a Instagram y Facebook?
Para aderezarlo aún más, para hundirnos aún más en nuestra autocomplaciente miseria, nos dedicamos a mirar las cuentas de Instragram de famosos diversos, niños ricos, socialités varias y (más recientemente) blogueras de moda¹, que nos trasladan a parajes de ensueño, hoteles fuera del alcance del resto de los mortales o prendas de ropa que cuestan el sueldo medio anual de quince trabajadores en España, todo ello fotografiado con las mejores máquinas, el encuadre preciso, la composición idónea, la mejor postproducción y después subido a la red de turno. Nos fustigamos sabiendo que nunca tendremos esas cosas y que, por mucho que vayamos a París, no podremos hacernos foto alguna en el front row de la Semana de la Moda.
Esas imágenes que ahora nos asaltan las celebrities, son una versión de las que antes aparecían en las revistas del corazón (las cuales ahora también se nutren de este material) tratando de vendernos una cercanía, una complicidad con esas personas que no es más que pura impostura, una forma de venderse como accesibles a todos. Se convierten en productos, en expositores que venden una mercancía, una sofisticada perversión de los anuncios que vemos en los banners de las páginas web. Nunca seremos lo que nos están vendiendo porque no son más que una campaña de publicidad de sangre caliente.
Por aquello de higiene mental, una medida que podemos emplear es poner cada cosa en su contexto. Sabemos que nosotros compartimos aquellos elementos de nuestra vida que mejor nos dejan (no necesariamente los que mejor nos retratan), es lógico considerar que el resto de nuestro entorno hace lo mismo. Por encima de esta primera cuestión lo que debemos tener en cuenta es que tenemos que aprovechar las Redes Sociales como elementos de comunicación y medios de expresión con los que contactar con la gente, no entrar en una competición en busca de la aceptación de los demás.
¹A este respecto, echad un vistazo de «The weakest blogger» en estoybailando.com Descuajeringue de risa garantizado.
Del hashtag como nueva forma de subrayar
Según la Wikipedia, el hashtag se define como:
Una etiqueta o hashtag (del inglés hash, almohadilla o numeral y tag, etiqueta) es una cadena de caracteres formada por una o varias palabras concatenadas y precedidas por una almohadilla o gato (
#). Es, por lo tanto, una etiqueta de metadatos precedida de un carácter especial con el fin de que tanto el sistema como el usuario la identifiquen de forma rápida.
Dentro de Twitter se considera un elemento imprescindible para marcar los trending topic, las tendencias de las que más se habla en la red de microblogging.
De cara a su estrategia de marketing, las empresas tratan de hacer correr sus correspondientes hashtags con el fin de hacer que sus clientes (actuales o potenciales) se involucren con la marca o con determinada acción que esta propone.
Ahora bien, cuando es un usuario privado el que propone un hashtag, cuando pone una expresión después de la almohadilla, se convierte en una forma de dar importancia determinada conclusión. En la expresión oral disponemos del tono de voz y del lenguaje corporal para reforzar nuestro discurso. En la expresión escrita, además de no vernos coartados por los 140 caracteres que impone Twitter y poder explayarnos libremente, podemos contar con elementos tipográficos como la cursiva, la negrita o el subrayado, elementos de refuerzo de los que no disponen los usuarios de la red social. Aquí es donde entra en juego el hashtag: el usuario es consciente de que la almohadilla refuerza la idea que viene a continuación por lo que terminaría resultando el equivalente a un subrayado o poner un texto en negrita.
Otra red social, nacida al abrigo de la generalización de los teléfonos inteligentes, que también emplea los hashtags es Instagram. En este caso, el uso de dicho elemento se troca en abuso: no es nada raro observar a gente que hace cuelga una foto con una escueta descripción y una nube de etiquetas prácticamente incomprensible, cuyo único fin, si es que tiene alguno, es aparecer en todos los resultados de búsqueda posibles. Por tanto, no trata de reforzar idea alguna, solo de incorporarse a las tendencias temáticas del momento.
Por último, la otra gran red social, Facebook, también se ha encargado de implementar los hashtags como elemento de su comunicación, de forma que parecería que el fenómeno también se debiera extender a esta plataforma. Lo cierto es que el uso de las almohadillas por parte de los usuarios privados de la red creada por Mark Zuckerberg es meramente anecdótico, ya que no existe una limitación de caracteres, se puede agregar a la actualización del estado gran cantidad de emoticonos e imágenes y, por último, pero no menos importante, las actualizaciones de Facebook están pensadas (en principio) para el entorno de amigos, no están abiertas al público como los tweets.


