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Social Media: El marketing sin control no sirve de nada


Hace unos años hubo una campaña de neumáticos que decía «La potencia sin control no sirve de nada», lo cual no deja de ser cierto: puedes tener toda la potencia que quieras pero si no la controlas terminarás saliéndote de la carretera.

De la misma manera, hoy en día los ubicuos anuncios de Internet aparecen en todas partes pero posiblemente en el lugar que poco o nada interesa a los anunciantes. Es decir, tienes la potencia de Internet pero si no controlas en qué medios apareces o no haces una buena segmentación, las posibilidades de impactar en tu público objetivo son prácticamente nulas.

Esta reflexión viene al hilo de que a lo largo del día de hoy me he encontrado con una de esas páginas que se abre en segundo plano de forma subrepticia detrás de la pantalla principal del navegador y reproducen de forma automática un ruidoso y molesto vídeo. Generalmente se tratan de páginas de nulo interés en las que se promocionan páginas de apuestas o estafas negocios piramidales. En este caso, el tema de la web era una investigación sobre el cáncer. El tema casi me sorprendió por que no es habitual dentro de estas páginas. Pero lo que me descolocó del todo es que el vídeo reproducido era de uno de los dos bancos más saneados de España. Mi sorpresa fue mayúscula, no tanto por el contenido del media, sino porque no lograba comprender la relación entre contenido y continente. Es evidente que el anuncio forma parte de algún plataforma que mete anuncios en cualquier plataforma, lo cual, en lugar de dar lustre a la web que aloja un anuncio de una empresa importante, tiene el efecto contrario, se puede considerar que la empresa tiene poco interés en dónde aparece con tal de constar. En este caso aparece en una web que no tiene nada que ver con el tema de la empresa, pero este tipo de descuidos puede llevar a situaciones que consideraríamos estrambóticas: ¿os imagináis un anuncio religioso en una página de contenidos porno?

Facebook es posiblemente una de las mayores bases de datos del mundo, contiene datos sobre gustos, aficiones y amistades de más de 1200 millones de personas. De la misma manera, estamos en manos de Google al que facilitamos hasta nuestros movimientos: no solo tiene nuestros datos, nuestro correo y nuestro archivos, si no que también sabe dónde estamos.

Y ambas empresas pone dichos datos a disposición de todo aquél que, gustosamente, pague por ellos (es por eso que los usuarios no tenemos que pagar nada por darnos de alta). Claro que una cantidad ingente de datos porque sí de poco sirven a cualquier empresa, por ello tienen que decidir a quién se quieren dirigir, dónde está su nicho de mercado. Ahora bien, hay empresas a las que ese tipo de análisis les resulta de lo más complejo y lanzan sus consignas y anuncios sin tener en cuenta en quién están impactando. De esta forma, te encuentras (en aquél momento AdBlockPlus no era más que una utopía) con anuncios sobre la menstruación o sobre la nueva fragancia de Shakira. O SMS por parte de tu operadora de móvil (que sabe exactamente tu dirección de facturación) para que participes en el sorteo de unas entradas de un concierto de «Il Divo» en Sevilla (sic).

En definitiva, puedes tener una base de datos con todos los usuarios de Facebook o Google, pero si no haces una criba tratando de encontrar a tus clientes potenciales, por un lado vas a consumir una gran cantidad de recursos a lo tonto y, por otro, no vas a conseguir los objetivos de la campaña. Vamos, que es como disparar a ciegas y confiar en que vayas a dar en el blanco. De la misma manera, aparecer en absolutamente todos los soportes no te va a reportar más clientes y sí un despilfarro de recursos.

Social Media: Crisis de reputación en RRSS. El caso de Francisco Jesús Espinosa.


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Crisis de reputación en las Redes Sociales

El caso de Francisco Jesús Espinosa (@fjsespinosa74)

  1. Presentación del caso:

  2. Francisco Jesús Espinosa es un político que ejerce de coordinador local en Jerez del partido UPyD.
  3. Tras el partido de fútbol entre el Real Madrid y F.C.Barcelona, en el que ganó el equipo blanco, este señor lanzó el siguiente tuit en su cuenta:
  4. Premio fair play para @fjespinosa74, coordinador de @UPyD en Jeréz de la Frontera, por no mezclar política y deporte. http://t.co/KP2S1IROt6

    Premio fair play para @fjespinosa74, coordinador de @UPyD en Jeréz de la Frontera, por no mezclar política y deporte. pic.twitter.com/KP2S1IROt6
  5. Está claro que un comentario tan soez puede traer airadas respuestas por parte de los seguidores del equipo blaugrana. No sólo queda patente la poca educación del político, sino también queda implícita una importante carga de aversión a políticas que se oponen a su ideología e, incluso, una cierta homofobia.
  6. En el caso de ser una persona particular el hecho no tiene porque conllevar trascendencia alguna más allá de un rifi rafe entre las hinchadas de los distintos equipos.
  7. Ea! Pues ya soy miembro del Consejo Politico Nacional de @UPyD….
  8. Pero aquí quien está hablando es un representante político que ostenta el cargo de consejero político en UPyD, es decir, con una cierta relevancia que no se puede permitir determinados desmanes por más que en su bio se describa como «Lenguaraz librepensador».
  9. Por supuesto, al tuit del político le siguieron numerosas respuestas de gente que se había sentido ofendida. ¿Cuál fue la respuesta del político? En un primer momento, la zafiedad y el insulto, manteniendo la homofobia de su primer tuit.
  10. Para luego adoptar una postura sarcástica.
  11. @juanm1905 @UPyD Jajajjajajajaja mami, mami, en el cole se meten conmigo, buaaa, buaaa
  12. Jajajaja Ya me han salido trolls… Gente sin vida propia, mayormemte!!
  13. Volviendo de nuevo a la agresividad y justificando que sólo se trata de fútbol y que no tiene nada que ver con un tema tan candente y controvertido como es la independencia de Cataluña.
  14. @eloyalconchel @UPyD @UPyD_Jerez @UPyD_Andalucia @mdlherran jajajajja mejor seguir ejemplo del tuyo, en Puerto III. Sólo es fútbol, hombre!!
  15. Trata de contemporizar haciendo ver que está devolviendo los comentarios que recibe cuando el resultado del partido es el contrario.
  16. @JORDINADOR @ricard7jimenez no he insultado a un pueblo, sólo hice un comentario jocoso como los muchos q me dicen a mí cuando gana el barça
  17. Finalmente, consciente del error cometido y la crisis de reputación desencadenada, se disculpa.
  18. Sobre mis tuits de esta noche, y ante las críticas, he de decir que lo siento, me he equivocado y no volverá a ocurrir.
  19. Para, a la mañana siguiente, anunciar su dimisión diciendo que su tuit ha sido tergiversado, lo que es una postura muy habitual dentro de este tipo de crisis: en lugar de asumir el hecho de haber cometido un error, se escuda en que ha sido malentendido.
  20. Bueno, pues hoy demostraré que sé que Dimitir no es un nombre ruso.. Mañana responderé como merece la tergiversación q se hizo de mi tuit.
  21. Pero también para concluir con una respuesta claramente pasivo-agresiva en la que trata de aparecer como una víctima.
  22. Bendito país (o región) que no pasa un error en twitter pero no passsssa nada si roban SUS políticos a manos llenas. Bravo!!!
  23. Queridos voceros de Twitter, ya he dimitido. Ya podéis iros a dar morcilla a otro TL.
  24. ¿Cómo gestionar esta crisis?

  25. Lo primero que debemos entender es que en este caso el usuario ha volcado en las Redes Sociales su fervor futbolero sin pararse a considerar las consecuencias que podría acarrear. Está claro que una reflexión previa no hubiera producido la confrontación.
  26. Una vez lanzado el tuit y generada la controversia, lo que nunca se debe hacer es responder de una forma agresiva y zafia, por más que el interlocutor lo esté siendo.
  27. El primer paso es reconocer el error y asumir la responsabilidad. Una vez hecho esto, lo lógico es disculpase y tratar de ser comprensivo con tus interlocutores. En el caso del señor Espinosa, sus disculpas se ven claramente forzadas, lo cual da la sensación de no tomarse en serio el asunto. Tratar de mantener un diálogo calmado es una de las mejores herramientas que podemos utilizar ante una crisis de este tipo. La diplomacia es la clave y es el elemento que más brilla por su ausencia en este caso.
  28. ¿Asunto zanjado?

  29. Podría considerarse que tras las disculpas y el anuncio de la dimisión la crisis reputacional se daría por concluida. Cuando este tipo de problemas se producen en una empresa, en una marca, tras la resolución del conflicto se debiera mantener una periodo de «cuarentena» en el que comprobar que, efectivamente, se ha cerrado en firme el brete.

Social Media: Crisis de reputación en RRSS. El caso de Soraya Arnelas.


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Crisis de reputación en Redes Sociales

El caso de Soraya Arnelas

  1. Para quién no la conozca, Soraya Arnelas es una «cantante» pop salida de la cantera de Operación Triunfo, aquél reality show que prefabricaba estrellas pop con mayor o menor éxito.
  2. Desde su twitter lanzó el siguiente tuit porque le parecía mal que España ayudara a Gaza.
  3. España ayuda a Gaza con 36millones de euros para su rehabilitacion..
    Pero no estabamos en crisis?
    Y a nosotros quien nos ayuda??
    No entiendo
  4. No es que una cantante pop no pueda tener sus propias ideas, pero claro, exponerlas de una forma pública puede generar críticas entre sus seguidores.
  5. @SorayaArnelas te lo has pensado bien lo que has escrito?es de puro facha si de verdad piensas asi dimelo por favor y dejo de seguirte
  6. Evidentemente, ella se siente atacada por la ideología demostrada en su comentario, por lo que entra a defender su honor.
  7. @joseppastu @natylab2 cuidado con tus juicios.. lo que acabas de decir es muy fuerte
  8. Acusa al usuario de hacer juicios de valor cuando su primer tuit es más que claro. En lugar de rectificar o de tratar de explicarse le dice que tenga cuidado.
  9. Entonces entramos en lo que se llama «Efecto Streisand», todo se magnifica y a cuestiones de gente (que no olvidemos son los que se suponen que compran sus «discos» y asisten a sus «conciertos») suelta respuestas, cuando menos, desafortunadas (por no decir rastreras). Una de las grandes ventajas de las Redes Sociales y una de las mejores formas de evitar una crisis de reputación es este estilo es el diálogo, la conversación.
  10. @SorayaArnelas Si no hay dinero para reconstruir Gaza, tampoco para que te contraten ayuntamientos… Mejor lo emplean en salir de la crisis
  11. Con ser una mala gestión de su imagen en Redes Sociales, el problema se podría haber quedado aquí, pero un usuario (@norcoreano) con más de 234.000 seguidores se hizo eco y le respondió de la siguiente forma:
  12. .@SorayaArnelas 36 millones no es tanto. Una edición de OT nos cuesta unos 20, sólo para convertíos a unos cuantos analfabetos en famosos.
  13. Con un tema tan serio como el de Gaza, lo que siguió a la frivolidad con la que la intérprete se lo toma, finalmente la termina convirtiendo en el centro de iras y críticas que critican que ella reciba dinero de las arcas públicos cuando actúa en fiestas patronales y demás.
  14. @SorayaArnelas has soltado una chorrada fruto de tu ignorancia, no pasa nada nos ha pasado a todos alguna vez, ahora te toca aprender.
  15. Tu tuit da vergüenza ajena, @SorayaArnelas . Hubiera sido mejor que condenases las matanzas de Israel en Palestina y no la ayuda a Gaza.
  16. @SorayaArnelas Prefiero que el dinero público vaya a reconstruir pueblos destruidos por bombardeos que a pagar «conciertos» como los tuyos.
  17. @SorayaArnelas Cuando el dinero público te lo llevas tú de los bolos de los ayuntamientos, RTVE o Eurovisión mucho mejor, ¿verdad?
  18. La solución a una crisis de reputación online como es este caso pasa por una disculpa o un intento de suavizar el propio comentario, como es lo que ha hecho la «cantante» esta tarde, casi 24 horas del primer twit (no vamos a entrar en todas las faltas de ortografía).
  19. Pido perdon por el malentendido d mis palabras sobre la inversion a Gaza
    No dije estar EN CONTRA d ayudarles,
    pero pense antes en España
  20. Eso de «pensé antes en España» es un argumento con unas ideas de una tendencia muy marcada. Pero sin entrar en polémicas ¿Creemos que una respuesta tan tibia solventa el daño hecho a su imagen pública? ¿Se ha gestionado correctamente la crisis?

España, una, disoluta, corrupta y en venta


Es la primera vez que reblogueo una entrada pero esta debe ser compartida y leída.

Avatar de rosa maría artalEl Periscopio

La tragedia se consumó. Artur Mas, el presidente catalán, firmó su desafío soberanista. Y no solo eso, deja el destino de Cataluña en manos de la movilización callejera, una Lluita de Carrer, emparentada, quién sabe, con la Kale Borroka. Se rompe España, la hora de activar el Estado de Derecho para tumbar al agresor de la unidad patria. El nacionalismo español salta en todo su apogeo. Con las luces del alba del día posterior a la firma del decreto catalán, Rajoy nombra centinela de la bandera nacional, para su custodia y respeto, a Soraya Sáenz de Santamaría.  La vicepresidenta del gobierno lo había dicho bien claro: Todos estamos sujetos a la ley, sin ley no hay democracia. Por eso activamos tan a menudo la máquina de fabricarlas. El PSOE apoya al PP porque, como ya declaró Pedro Sánchez, la deriva soberanista catalana es el principal problema de España. Consejo de…

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Redes sociales: los algoritmos nos llevarán a vivir en un mundo paralelo


En el mundo actual tenemos un maremagnum de fuentes de información con las que mantenernos al día como las páginas web de los distintos medios de comunicación, los blogs, las redes sociales, las wikis, los foros, los buscadores… los usamos de una forma u otra para saber qué es lo que pasa en el mundo.

Como es normal, cada uno da el sesgo a esa información que recibe de forma selectiva en función de los periódicos que lee, la gente a la que sigue en Twitter o los amigos que tiene en Facebook, sus intereses en Google+. Esto es evidente dado que cada cuál es más afín a ciertas ideas o ciertos gustos. Pero de lo que muchas veces no somos conscientes es que lo que vemos a través de las Redes Sociales nos llega con un sesgo impuesto por la propia red en un principio tratando de ordenar la avalancha de información que no llega desde las distintas Redes Sociales.

Qué duda cabe que Google es una de las herramientas que más utilizamos a la hora de navegar por la red. Es más que común que accedamos a Internet y tecleemos en el buscadoruna cuantas palabras con una idea vaga en la cabeza y que el buscador nos devuelva el resultado concreto de lo que necesitamos. Detrás de esos resultados se esconde la fórmula mágica de Google, que consiste en un programa que se encarga de revisar las páginas web de enlace en enlace y clasificarlas en función de una serie de palabras clave a las cuales da un peso específico (bueno, lo he simplificado mucho, pero esa es la idea). De esta forma, cuando nosotros introducimos distintos términos de búsqueda y nos llegan los resultados, aquellos que aparecen en las primeras posiciones y que, además suelen ser los que pinchamos, son los que determina Google que son los mejores para nuestros intereses en función de las palabras que hemos utilizado. De la misma forma, los anuncios que nos aparecen en distintas partes de la página también dependen de esos términos de búsqueda. En conclusión, vemos lo que el algoritmo de Google ha decidido que veamos. Podéis conocer la historia de este algoritmo en éste artículo de Diario Turing en eldiario.es

Otra de las fuentes de información a la que accedemos ya de forma casi inconsciente es Facebook. La que se ha erigido en red social por excelencia (en marzo del 2013 tenía 1110 millones de usuarios registrados) es el patio de vecinas donde unos colgamos artículos, otros dejan sus opiniones, compartimos fotos de nuestras vacaciones… Al final recibimos una serie de informaciones casi en tiempo real, conocemos las cosas según están ocurriendo. El problema es que no estamos viendo todo lo que nuestros amigos están compartiendo y mucho menos lo estamos viendo de forma cronológica. Para empezar, Facebook ofrece dos opciones para ver nuestro muro: Historias más recientes en las que ordena de forma más o menos cronológica las publicaciones que realizan nuestros amigos y las páginas que seguimos; y Titulares en las que la propia red social elige la importancia de lo que tenemos que ver. Volvemos a lo que nos pasaba con Google: resulta que Facebook también dispone de un algoritmo, llamado Edgerank, que decide el contenido más importante que tiene que aparecer en el muro de los usuarios. En él entran variables tan intangibles como el compromiso, la interacción, la relevancia… Al final, Facebook criba y nos muestra lo que quiere que veamos.

Parece que Twitter es una red más neutra en ese sentido: nosotros elegimos a quién seguir y, por tanto, el contenido que aparece en nuestro Timeline. Por supuesto, Twitter también emplea su propio algoritmo, de hecho son los que deciden los Trending Topic que aparecen en su pagina web. Normalmente cruza el número de menciones y Hashtags sobre determinado tema con la novedad del mismo, de manera que no se perpetúe en la lista de Trending Topics. Está claro que si no entramos en ellos no nos filtra la información según dichas palabras clave, pero también debemos de ser conscientes que, una vez pasada la novedad, el tema de conversación va a desaparecer de nuestra pantalla. Seguro que en más de una ocasión nos ha ocurrido que, durante un momento, nos hemos entregado a seguir la información sobre determinado evento que, al cabo de unas horas, ha terminado por perder el interés que tenía al principio.

En pocas palabras, debemos de ser conscientes de que no tenemos el control de lo que nos encontramos en nuestra navegación por las procelosas aguas de Internet y las Redes Sociales y que lo que vemos, en gran parte de las ocasiones, es lo que las corporaciones nos dejan ver, por lo que hay que ser escéptico ante las informaciones que nos llegan desde los distintos medios. De lo contrario, podemos encontrarnos en que hemos sido lanzados a un mundo paralelo.

Si queréis profundizar más en el tema y ver varios ejemplos sobre este respecto os recomiendo el artículo de El Confidencial: «Los algoritmos de las redes sociales amenazan su neutralidad«.

The walking followers


Nadie sabe de dónde llegaron. De la noche a la mañana a Mariano Rajoy le han salido los followers de Twitter hasta de debajo de las piedras. Muchos de Oriente Medio. Otros tantos de India. El equipo que se encarga de la presencia en RRSS del presidente del gobierno no ha sido capaz de detectarlo hasta que en la mañana del 5 de septiembre ha saltado la liebre y gran parte de los medios de comunicación digitales se han hecho eco de tamaña irregularidad. Lo cual dice bastante poco de unos Community Managers que, por lo general, cuando meten la pata, lo hace por todo lo alto (aún recuerdo con sonrojo aquél hashtag #QueLaEnseñeRubalcaba o el la vuelta a la tortilla del #QueNoTeLienConLaSanidad)

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Fuente: https://twitter.com/ierrejon/status/507845401232162817

En primer lugar, algunas fuentes han apuntado hacia la compra de seguidores por parte del equipo del presidente para darle una mayor notoriedad en las Redes Sociales, donde otros políticos tienen una relevancia que hace que cada una de sus declaraciones tenga una impacto transmediático (perdón por el «palabro») de alto calado, el más notorio de todos, esto es evidente, Pablo Iglesias. Él se ha erigido en el primer político 2.0 de esta suerte de democracia que tenemos en España, de forma que sus apariciones públicas en diversos medios de comunicación tienen impacto directo en las Redes Sociales y viceversa, sus tweets llegan a convertirse en noticia (lo cual nos llevaría a un periodismo que, a falta de capacidad de generar contenidos propios, se hacen eco de aquello que genera ruido en Twitter, Facebook o Youtube). Frente a su capacidad de usar las Redes Sociales para generar un impacto, están la gran mayoría de políticos que sólo utilizan dichas redes cuando están en campaña electoral para lanzar sus eslóganes y soflamas y cuyas cuentas a partir de ese momento duermen el sueño de los justos: el último tweet de Miguel Ángel Arias Cañete, candidato del PP al Parlamento Europeo, no tiene ninguna actividad desde el día 1 de Julio, lo que no quita para que su nombre haya sonado como candidato para ejercer la comisaría de Innovación (al final le corresponde la comisaría de Energía y Cambio Climático, que también tiene delito), o el caso de Iñigo de la Serna, alcalde de Santander y presidente de la Red Española de Ciudades Inteligentes (sic), que tampoco usa su cuenta desde el día 2 de junio.

Volviendo al tema que nos ocupa, por mucho que nos tiente la idea de creer que el equipo de comunicación de Rajoy sea capaz de llevar a cabo una chapuza de tal magnitud, hasta el más principiante de los Community Manager sabe (o debe ser capaz de intuir) que la clase de seguidores que se va a obtener con semejante estratagema no va a ser aquellos que interactúan y se hacen eco de las propuestas y noticias que aparecen en la cuenta del presidente, es decir, que no van a generar el impacto necesario. Ni ningún impacto. En resumen, comprar seguidores a lo único a lo que lleva es a una merma de la credibilidad.

Otra segunda posibilidad que también se ha lanzado sobre este misterioso caso (en este país, para variar, nadie sabe nunca nada: ni de la Gürtel, ni de los sobresueldos, ni de los jaguars en el garaje) es que se trate de un ataque por parte de algún personaje con escasos escrúpulos que busque con este escándalo mermar la credibilidad del presidente. No sería el primer usuario que se ve afectado por un ataque de este estilo, por ejemplo Ruben Sanchez, el cuál se hace eco de ello en éste artículo y, además cuenta bastante más cosas muy interesantes sobre las cuentas zombies y la trata de followers.

Una tercera alternativa, la que a mi me parece más certera, es que se trata de una chapuza con daño controlado:

  • Es evidente que Mariano Rajoy está muy lejos de ser una tuitstar y si tiene los seguidores que tiene es por su puesto, no por su poder de convocatoria ni por el interés de lo que tuitea.
  • Hay políticos españoles que le están comiendo la tostada en el plano del Social Media porque sí que saben utilizarlo (ver gráfico).
  • La única solución es conseguir más seguidores ¿cómo?
    • Comprando followers de una forma tan burda que se caiga directamente en la astracanada, al final el coste económico es de tan sólo unos 120€.
    • Dejando que la gente se de cuenta y empiece a hablar sobre el tema. El impacto en las diversas RRSS será enorme, los medios de comunicación tendrán una historia con la que generar contenido y llenar sus webs y sus informativos.
    • Eso atraerá a gente a la cuenta del usuario en cuestión y, muchos de ellos, le seguirán.
    • Twitter se encargará de dar de baja a las cuentas zombies, con lo que el presidente obtendrá publicidad gratuita de su cuenta,  y un crecimiento neto de seguidores, sin que su equipo tenga que cribar los seguidores falsos.

Tal vez este desarrollo sea un poco enrevesado, rocambolesco incluso, pero es otra de las maneras que usan para distraer a la gente de cómo nos están recortando nuestros derechos mientras ellos se están llenando el bolsillo.

 

 

Instrucciones para cargar el teléfono móvil


El otro día, ojeando «Historias de cronopios y de famas» de Cortázar volví a releer el mínimo y maravilloso artefacto literario que es «Instrucciones para dar cuerda al reloj» e, inmediatamente, pensé que en la vida actual no nos preocupa tanto dar cuerda al reloj como quedarnos sin batería en el teléfono móvil. Por eso me atrevo a actualizar a Cortázar. Por favor, disculpad mi osadía.

Preámbulo a las instrucciones para cargar el teléfono móvil

Piensa en esto: cuando te regalan un teléfono móvil te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el teléfono móvil, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, americano el último en el mercado; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te guardarás en el bolsillo y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su funda de protección como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de cargar su batería todos los días, la obligación de cargar su batería para que siga siendo un teléfono móvil; te regalan la obsesión de atender a la vibración de cada notificación, de cada mensaje. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu teléfono móvil con los demás teléfonos móviles. No te regalan un teléfono móvil, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del teléfono móvil.

Instrucciones para cargar el teléfono móvil

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el teléfono móvil con una mano, tome con dos dedos el extremo del cargador e introdúzcalo, conéctelo a la red suavemente. Cuando la batería esté plena de energía se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Guárdelo pronto en su bolsillo, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra la batería, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del teléfono móvil, gangrenando la fría sangre de su procesador. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

Por cierto, que si deseáis leer el original, podéis encontrarlo en este enlace.

Redes sociales: Espejito, espejito mágico…


Abres el Facebook y te encuentras con el reportaje fotográfico de las vacaciones en las Seychelles de tu amiga. Un poco más abajo, aparece la imagen de la hija de no sabes quién dando sus primeros pasos. Más allá, otros aparecen preparándose para ir a una boda en un entorno inigualable de belleza sin igual. La maravillosa cala en donde unos han estado tocando la guitarra en torno a una hoguera. Múltiples fotos de gatos. Una imagen del sushi del restaurante de la ciudad donde no es posible lograr mesa o, si se puede, no es factible pagar la cuenta y seguir comiendo el resto del mes. Todo el mundo parece que tiene una vida más (atr)activa que cualquiera de las estrellas de Hollywood. En ese momento te miras al espejo: estas en casa, recién levantado, con el café en la mano y con un careto que haría que Freddy Krueger se hiciera pis encima.

Hace años, antes de que existieran las redes sociales, lo más que ocurría es que un amigo te llamara desde mitad de un concierto para que escuchara la canción que más te molaba (al tiempo que mirabas con asco los apuntes subrayados del examen que tenías al día siguiente). O te mandaba un SMS diciendo lo que molaba estar en la playa (mientras tu pasabas la canícula en la ciudad). En épocas aún más pretéritas, lo que te enviaban era una postal o te lo contaban a la vuelta mientras tomabas algo. Ahora no. Ahora todo el mundo tenemos que hacer partícipe a todos de nuestras vidas y le damos una pátina de barniz para que luzcan más.

Nos hemos visto lanzados a la vorágine del «yo más» que se ha visto reforzada por nuestro espíritu voyeur, nuestro afán exhibicionista, un punto de envidia, todo ello envuelto en la inmediatez del internet y coronado con las Redes Sociales. Es evidente que no vamos a exponer nuestras miserias a los ojos de todo el mundo, ni de los amigos de los amigos, ni de los conocidos por eso elegimos los elementos de nuestra vida que son más fotogénicos, esos en los que mejor nos lo pasamos ¿por qué decir que estoy en la cola del paro si voy a pasar la tarde en la piscina y puedo sacar una imagen de mis piernas recortándose contra el cielo y subirla al momento a Instagram y Facebook?

Para aderezarlo aún más, para hundirnos aún más en nuestra autocomplaciente miseria, nos dedicamos a mirar las cuentas de Instragram de famosos diversos, niños ricos, socialités varias y (más recientemente) blogueras de moda¹, que nos trasladan a parajes de ensueño, hoteles fuera del alcance del resto de los mortales o prendas de ropa que cuestan el sueldo medio anual de quince trabajadores en España, todo ello fotografiado con las mejores máquinas, el encuadre preciso, la composición idónea, la mejor postproducción y después subido a la red de turno. Nos fustigamos sabiendo que nunca tendremos esas cosas y que, por mucho que vayamos a París, no podremos hacernos foto alguna en el front row de la Semana de la Moda.

Esas imágenes que ahora nos asaltan las celebrities, son una versión de las que antes aparecían en las revistas del corazón (las cuales ahora también se nutren de este material) tratando de vendernos una cercanía, una complicidad con esas personas que no es más que pura impostura, una forma de venderse como accesibles a todos. Se convierten en productos, en expositores que venden una mercancía, una sofisticada perversión de los anuncios que vemos en los banners de las páginas web. Nunca seremos lo que nos están vendiendo porque no son más que una campaña de publicidad de sangre caliente.

Por aquello de higiene mental, una medida que podemos emplear es poner cada cosa en su contexto. Sabemos que nosotros compartimos aquellos elementos de nuestra vida que mejor nos dejan (no necesariamente los que mejor nos retratan), es lógico considerar que el resto de nuestro entorno hace lo mismo. Por encima de esta primera cuestión lo que debemos tener en cuenta es que tenemos que aprovechar las Redes Sociales como elementos de comunicación y medios de expresión con los que contactar con la gente, no entrar en una competición en busca de la aceptación de los demás.

¹A este respecto, echad un vistazo de «The weakest blogger» en estoybailando.com Descuajeringue de risa garantizado.

Del hashtag como nueva forma de subrayar


Según la Wikipedia, el hashtag se define como:

Una etiqueta hashtag (del inglés hash, almohadilla o numeral y tag, etiqueta) es una cadena de caracteres formada por una o varias palabras concatenadas y precedidas por una almohadilla o gato (#). Es, por lo tanto, una etiqueta de metadatos precedida de un carácter especial con el fin de que tanto el sistema como el usuario la identifiquen de forma rápida.

Dentro de Twitter se considera un elemento imprescindible para marcar los trending topic, las tendencias de las que más se habla en la red de microblogging.

De cara a su estrategia de marketing, las empresas tratan de hacer correr sus correspondientes hashtags con el fin de hacer que sus clientes (actuales o potenciales) se involucren con la marca o con determinada acción que esta propone.

Ahora bien, cuando es un usuario privado el que propone un hashtag, cuando pone una expresión después de la almohadilla, se convierte en una forma de dar importancia determinada conclusión. En la expresión oral disponemos del tono de voz y del lenguaje corporal para reforzar nuestro discurso. En la expresión escrita, además de no vernos coartados por los 140 caracteres que impone Twitter y poder explayarnos libremente, podemos contar con elementos tipográficos como la cursiva, la negrita o el subrayado, elementos de refuerzo de los que no disponen los usuarios de la red social. Aquí es donde entra en juego el hashtag: el usuario es consciente de que la almohadilla refuerza la idea que viene a continuación por lo que terminaría resultando el equivalente a un subrayado o poner un texto en negrita.

Otra red social, nacida al abrigo de la generalización de los teléfonos inteligentes, que también emplea los hashtags es Instagram. En este caso, el uso de dicho elemento se troca en abuso: no es nada raro observar a gente que hace cuelga una foto con una escueta descripción y una nube de etiquetas prácticamente incomprensible, cuyo único fin, si es que tiene alguno, es aparecer en todos los resultados de búsqueda posibles. Por tanto, no trata de reforzar idea alguna, solo de incorporarse a las tendencias temáticas del momento.

Por último, la otra gran red social, Facebook, también se ha encargado de implementar los hashtags como elemento de su comunicación, de forma que parecería que el fenómeno también se debiera extender a esta plataforma. Lo cierto es que el uso de las almohadillas por parte de los usuarios privados de la red creada por Mark Zuckerberg es meramente anecdótico, ya que no existe una limitación de caracteres, se puede agregar a la actualización del estado gran cantidad de emoticonos e imágenes y, por último, pero no menos importante, las actualizaciones de Facebook están pensadas (en principio) para el entorno de amigos, no están abiertas al público como los tweets.

Google contra nuestra humanidad: cómo Internet nos está transformando en robots


Cada vez más, nuestras vidas se están automatizando ¿qué consecuencias acarreará?

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Según el último informe del Centro de Investigaciones Pew (Pew Research Center) para el 2025, cuando el Internet de las Cosas esté establecido nuestras vidas mejorarán de forma dramática. Según señala Janna Anderson, coautora del documento, los expertos esperan “un cambio positivo en la salud, transporte, compras, producción industrial y medio ambiente.” Mientras que estas son posibilidades completamente válidas, es preocupante que no se preste demasiada atención a algo que va más allá de los potenciales problemas de privacidad: el coste moral de dejar nuestras decisiones en manos de aparatos inteligentes conectados a la red.
Consideremos nuestras tareas diarias una vez el Internet de las Cosas esté generalizado. Los responsables del informe prevén que estaremos rodeados de elementos más llenos de vida que las escobas mágicas que aparecen en “Fantasia de Walt Disney”: bricks de leche que informan al supermercado de que se han terminados; cepillos de dientes en conexión directa con nuestro odontólogo; recomendaciones de viaje personalizadas en función de nuestras preferencias gastronómicas; ropa inteligente que nos anima a hacer ejercicio; aparatos que señalan cómo queremos que nos traten los demás; e inteligencias artificiales que hagan nuestras compras personales.
Es más que probable que sea Google quien lidere algunas de estas innovaciones. Como indica Hal Varian, jefe económico de la compañía, en declaraciones para el análisis del Centro Pew: “Hace siglos, los ricos tenían sirvientes y, en el futuro, todos tendremos cibersirvientes.” Por lo que parece, donde quiera que vayamos, habrá un ayuda de cámara que nos hará seguimiento, evaluará nuestro comportamiento, nos dirigirá hacia nuestras metas y anticipará nuestras necesidades.
De primeras, suena maravilloso tener a nuestra disposición un mayordomo personal que trabaja incansablemente para satisfacer nuestras necesidades sin el problema de que tenga sentimientos. Pero antes de empezar a celebrarlo debemos considerar cierta precaución.

El autor de “The Psychodynamics of Social Networking (La psicodinámica de las redes sociales)”, Aaron Balick puso el dedo en la llaga de la externalización del trabajo cuando dijo a los investigadores de Pew: “Los aspectos positivos pueden verse reducidos por la creciente confianza en la externalización en tecnologías que se basan en algoritmos, no en las necesidades humanas… Podemos perder de vista nuestros propios deseos, nuestras voluntades, como esos conductores de los que hemos oído hablar que confiaban tanto en su GPS que terminaban en los lugares más inverosímiles pese a la evidencia contraria del mundo real.”

Balick tiene razón al preocuparse por la reducción de nuestra autonomía cuando una guía crónica computacional coreografíe nuestras idas y venidas. Pero también debemos considerar un problema existencial, una alienación que tendrá profunda consecuencias para los que consideramos significativos nuestros proyectos y nuestras relaciones. Bienvenidos a la delegación engañosa.

Cuando delegamos las tareas más arduas de la vida diaria a omnipresentes tecnologías que dirigen nuestro comportamiento imbricándose en un segundo plano, ocurren dos cosas íntimamente relacionadas entre sí. Nos desconectamos de la toma de decisiones. Y somos susceptibles de creer que nos merecemos el mérito por los aparatos que están actuando en nuestro lugar haciendo un buen trabajo.

La delegación engañosa es un llamativo rasgo de las representaciones sociológicas de nuestras relaciones actuales con nuestros subordinados. De hecho, cuando Arlie Russell Hochschild transmite la duplicidad emocional que hay en juego en la labor de un planificador de boda, bien podría estar señalando por qué el Internet de las cosas nos está llevando en dirección hacia la colisión contra una falsedad generalizada.

En “The Outsourced Self: What Happens When We Pay Others To Live Our Lives For Us (El yo externalizado: qué ocurre cuando pagamos a otros para que vivan nuestras vidas)” Hochschild examina el creciente número de tareas que el mercado contemporáneo nos permite delegar en ayudantes contratados, consultores y sustitutos. Dedica un capítulo a los planificadores de boda porque su trabajo ejemplifica las complicaciones de la externalización. Por una parte, se responsabilizan de proveer a los clientes de experiencias personalizadas que hagan del gran día algo especial. Para lograrlo, el planificador necesita conocer la esencia de los gustos y preferencias de los clientes para poder crear eventos que reflejen una personalidad única. Por otra parte, los planificadores de bodas se ven desposeídos de forma efectiva de su esfuerzo hercúleo. Transfiriendo un sentido de consecución permite a los novios tomar las riendas del ritual y mantener un apego emocional a su organización y ejecución.

“Así que parte de contratar el trabajo de un especialista significa que alguien se hace cargo del vínculo emocional de un acto (sentirse ansioso por que algo no vaya a estar en el sitio correcto para luego tranquilizarse al verlo ahí)” explica Hochschild. “Y parte del trabajo es devolver el vínculo emocional a la pareja, de forma que se sientan tan involucrados como si se hubieran encargado ellos de los detalles.”

Cierto es que este ejemplo sólo compete a las parejas que pueden permitirse pagar este tipo de eventos. Pero aún así, la experiencia descrita por Hochschil puede generalizarse. Ocurre cada vez que alguien o algo se encarga de nuestra tarea y se nos felicita o se nos critica por el resultado. Un ejemplo sería el jefe de equipo que es criticado por sus superiores porque el equipo de ventas que ha escogido él personalmente no está llegando a objetivos. En lugar de reconocer la amarga realidad que supone el hecho que la compañía está vendiendo productos que los consumidores no quieren, prefiere culpar a los subordinados en cómo se aproximan a la venta, y enfoncándose en cómo cambiarían las cosas si fue él quien hiciera las llamadas).

Cuando entra en juego el sentimiento de culpa, podemos encontrar tremendamente atractivo usar a un tercero como cabeza de turco y crear una distancia con la causa más cercana al desastre, quizás incluso proclamando que si nos hubiéramos involucrado más las cosas se hubieran hecho mejor. Pero lo cierto es que la seducción de la mala fe sigue siendo poderosa cuando los resultados son buenos y nos proclamamos la llave del éxito.

Cuando recibimos un cumplido, es difícil no querer llevarse el mérito por lo que se está reconociendo. Si en el futuro consigues un espaldarazo por lograr tus objetivos de dieta y ejercicio ¿crees que tu yo del futuro compartirá el mérito con el sistema de navegación inteligente que evitó que pasaras por locales de comida rápida y la prenda inteligente que incrementó tu fuerza de voluntad digital? Si no lo haces, tampoco nadie te va a decir nada porque las herramientas que componen el Internet de las Cosas no están programadas para tener egos heridos o quejarse de que sus esfuerzos son minimizados.

Tal vez, el Internet de las Cosas esconde una dimensión clasista. Si empezamos a engañarnos a nosotros mismos creyendo que la tecnología puede ser nuestro apoderado sin influencia en nuestra biografía, seremos tan viles como las élites privilegiadas que se atribuyen todo el mérito cuando lo único que hacen es disponer del trabajo que se ha hecho para ellos.

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